Salud


La desinformación favorece al cáncer de cuello uterino

Esta enfermedad mortal que afecta a mujeres en edad reproductiva, se puede prevenir. La vacuna y la educación sexual, son fundamentales para evitarla.

HEIDI LLANES

26 de marzo de 2021 12:00 AM

El drama que representa el cáncer de cuello uterino debe ser mostrado. Aunque dura es la realidad, el personal médico a cargo del padecimiento prefiere expresarlo sin reservas, toda vez que se trata de una enfermedad por la que mueren casi 2 mil mujeres al año en Colombia, con unas cinco muertes y 12 diagnósticos diarios.

Lo más relevante de esta enfermedad, es que ataca a las mujeres en edad reproductiva, madres cabezas de familia, que son esenciales para la economía. La edad promedio está en los 35 y 40 años, es decir, es una enfermedad de mujeres jóvenes.

El mayor impacto se genera al entender que el cáncer de cuello uterino es totalmente prevenible, advierte la doctora Sonia Londoño Giraldo, ginecóloga oncóloga del Instituto Nacional de Cancerología y quien hace parte del staff científico del Centro Radioncológico del Caribe.

Para que se desarrolle el cáncer de cuello uterino debe existir una enfermedad de transmisión sexual que también es posible prevenir, por esto es impactante que siga produciendo una alta tasa de letalidad, cuando se puede evitar y contrario a lo que se espera, se ha convertido en un problema de salud pública.

El avance irremediable

En los países en vías de desarrollo, la consulta por este tipo de padecimiento llega en estados localmente avanzados, donde prácticamente no se le puede curar. Ante esto surgen las estrategias diseñadas para evitar la enfermedad, advierte la doctora Londoño.

Una de ellas que representa la prevención primaria, está en la vacunación, una esperanza que se dirige a un grupo estratégico claro, constituido por mujeres jóvenes que no han estado expuestas a la infección y que pasan por un momento inmunológico perfecto para alcanzar el beneficio que ofrece la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH).

El otro beneficio de la vacuna es que está contemplada en el plan ampliado de inmunización, por lo que es gratuita. La contradicción a todo lo anterior es la desinformación fundamentada en campañas antivacunas, que le han restado valor al esfuerzo científico, al igual que la baja calidad de la educación sexual.

La vacuna se empezó comercializar en 2006 y ha sido aprobada por 120 países. “En lo que respecta a Colombia, el nivel de dosis administradas ha bajado precisamente por la desinformación, entonces el trabajo de las organizaciones científicas es tratar de recuperar la credibilidad y divulgar los beneficios de esta prevención primaria”, aclara la doctora Sonia Londoño.

La composición de la vacuna no contiene el virus, agrega la profesional. “Es una vacuna tretavalente que contiene cuatro partículas similares al virus y es tomada de los cuatro principales virus, dos de los que producen el 70% del cáncer de cuello uterino que son el 16 y 18, y del 6 y 11 que se relaciona con las verrugas, produciendo inmunidad.

Factores de riesgo y prevención

Existen otros factores sumados a la infección por el VPH que incrementan la posibilidad de desarrollar la enfermedad, uno de ellos es el tabaquismo, que altera la inmunidad celular. También se suman a esta lista los estados de inmunosupresión, el inicio de relaciones sexuales a edades muy tempranas (antes de los 18 años), las múltiples parejas sexuales, múltiples embarazos y un factor pronóstico es no tener esquemas adecuados de tamización media, no hay consultas, por lo tanto no hay diagnósticos.

La finalidad de la vacunación es prevenir la infección del VPH de alto riesgo persistente, que es el que desencadena las lesiones precursoras y posteriormente el cáncer de cuello uterino. A esta se agrega la prevención secundaria, basada en la toma de la citología cervicouterina, y más recientemente implementada, la prueba de especificación que es para hacer diagnóstico temprano y tener la posibilidad de un tratamiento curativo.

Tratamiento

Una vez se hace el diagnóstico en forma precancerosa, hay dos opciones de tratamiento: una de ellas es conservadora, extirpando solo el cuello uterino, y el definitivo que se representa con la histerectomía, afectando la fertilidad.

Cuando se detecta el cáncer de cuello uterino infiltrante, este debe ser confirmado por medio de una toma de biopsia a través de un microscopio denominado colposcopia, que debe ser practicado por una persona entrenada en patología cervical o ginecólogo oncólogo, quien debe ratificar el diagnóstico.

Una vez se conoce el caso, se remite a un ginecólogo oncólogo para hacer la estadificación, descartar la enfermedad en otros sitios y programar el tratamiento, que en estadios iniciales, tiene altas probabilidades de efectividad para curar la enfermedad. Cuando se trata de procesos avanzados, se requiere de radioterapia y quimioterapia, en casos desafortunados, se busca mitigar los síntomas con métodos paliativos, explica la experta.

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