La flora intestinal, bacterias que contribuyen a nuestro bienestar

Hay microorganismos en todo nuestro cuerpo, pero los que habitan en el sistema digestivo tienen un rol esencial para nuestro desarrollo y supervivencia.

Desde que salimos al mundo, los seres humanos estamos expuestos a bacterias que eventualmente “anidan” en nuestros intestinos. Se les llama microbiota o flora intestinal y cumplen un rol muy importante en nuestras vidas. ¿Qué tan importante? “Facilitan la digestión, producen enzimas, modulan el sistema inmune, eliminan patógenos, estimulan el crecimiento adecuado de las células intestinales y, en general, regulan nuestro metabolismo”, explica el gastroenterólogo Rafael Carmona Valle.

Se estima que en el sistema digestivo hay en promedio unas 500 especies distintas de bacterias que pertenecen a varias familias, como los bacteroidetes, los firmicutes, las proteobacterias y las actinobacterias, entre muchas otras. Estos organismos se encargan de producir enzimas que nos ayudan a digerir todos los componentes de nuestra dieta. De hecho, hay nutrientes que no podríamos aprovechar sin ellas: la fibra, los oligosacáridos e incluso algunos tipos de almidón.

La flora intestinal facilita la absorción de minerales y vitaminas e incluso produce algunas que nuestro cuerpo no puede, como la K y la B12. También ayuda con la producción de reservas de energía al convertir los carbohidratos en lípidos de cadena corta, un proceso que además libera sustancias que nutren directamente a las células de los intestinos. Le puede interesar: Hallan diferencias en la microbiota intestinal de las personas con depresión.

En perfecto equilibrio

Cualquier hábito o suceso que desequilibre la flora intestinal nos afecta: el consumo de alcohol y de tabaco, el estrés, una dieta baja en fibra y alta en grasas saturadas, la ingesta innecesaria o excesiva de antibióticos y ciertas enfermedades de carácter autoinmune.

Las alteraciones en este ecosistema no se asocian únicamente con diarrea, sino que también con enfermedades como el asma, la obesidad, el hígado graso y, en casos más graves, el cáncer de colon e incluso algunos desórdenes neurológicos, pues la flora intestinal también produce sustancias potencialmente tóxicas para nuestro cuerpo, como el amonio.

“La ciencia en torno a estos microorganismos ha avanzado al punto de que en países como Alemania ya se comercializan medicamentos que le apuntan a grupos particulares de bacterias asociados con la digestión de sustancias específicas. En el tratamiento de la cirrosis, por ejemplo, es necesario matar a las bacterias del colon, puesto que liberan amonio, una sustancia que normalmente es filtrada por el hígado y que, al acumularse, causa problemas y deja al paciente en coma”, explica Rafael Carmona.

La microbiota facilita la digestión, produce enzimas, modula el sistema inmune, elimina patógenos, estimula el crecimiento adecuado de las células intestinales y regula nuestro metabolismo”.

Rafael Carmona Valle

En las defensas

La microbiota estimula la consolidación del sistema inmune durante los primeros años de vida. Su presencia ‘entrena’ al cuerpo para que produzca anticuerpos y aprenda a diferenciar entre los organismos benéficos y los patógenos. “Las bacterias que se encuentran a lo largo de la vagina son un primer contacto importante para los niños y se han apreciado diferencias en el comportamiento del sistema inmune de los bebés que nacen por cesárea”, añade el doctor Carmona Valle. Aparte de lo anterior, la microbiota también actúa como una barrera que impide la proliferación de bacterias oportunistas. Puede leer: La microbiota y su relación con las defensas.

Cómo preservarla

Lo fundamental es tener una buena dieta. Si alguna vez se preguntó por qué la fibra es tan importante para la digestión, es precisamente porque ella nutre a la microbiota, manteniéndola en cantidades óptimas y estimulando su diversificación. Se ha observado que las poblaciones con mayor ingesta de alimentos altos en fibra (frutas, verduras, leguminosas, granos) tienen una microbiota más sana y variada.

Igual de importante es no automedicarse, no consumir antibióticos innecesariamente o en cantidades incorrectas, pues estos pueden afectar a la flora intestinal y producen un desequilibrio. En ambientes médicos controlados, los doctores saben que un antibiótico fuerte también debe ir acompañado de una dosis de probióticos que los contrarresten para no afectar la nutrición del paciente. “Estas sustancias re-establecen el equilibrio en la flora bacteriana y mejoran trastornos gastrointestinales funcionales como el síndrome de colon irritable”.

Diagnóstico
Existen muchas pruebas para analizar el estado de la flora intestinal. La más común consiste en tomar una muestra de heces del paciente y analizarla directamente en el laboratorio para determinar la concentración de las principales bacterias que habitan en el tracto digestivo. Otra opción es realizar mediciones indirectas que permitan determinar qué tan adecuado es el metabolismo. Una última alternativa, aunque todavía de carácter algo experimental, es realizar estudios genéticos que determinen la predisposición del paciente para tener una microbiota saludable.