Pablo Dacal es un músico argentino como Charly García y Fito Páez.Habría que decir que también es español por su admiración por Joan Manuel Serrat, inglés por The Beatles, brasilero por Fernando Catatau y el grupo Cidadao Instigado, uruguayo por Fernando Cabrera y colombiano por Andrés Correa, Andrés Gualdrón, César López, Diomedes Díaz y Tálata, su esposa.
Han sido importantes los ejemplos de inspiración y admiración que ha dado Argentina a la música latinoamericana, uno de ellos puede ser Pablo Dacal, un aventurero por convicción, un explorador por intuición y un romántico en todo el sentido soñador de la palabra; un hombre a quien el destino le confió la tarea de convertirse en el cantor de la interpelación a la vida.
Su música ya superó las fronteras de su Buenos Aires querido. Ya conquistó España, Francia y Alemania. Ahora, intenta seguirlo haciendo en Colombia. Por lo pronto lo ha hecho en Bogotá y Medellín; en el Museo de Arte Moderno –cantando a Leonardo Favio- y el sábado primero de octubre en La venta de Dulcinea –presentando su repertorio viajero-. Luego pasará a México donde cerrará la gira de “El Progreso”, su más reciente trabajo.
Desde que era niño Pablo Dacal siempre juega con el sonido de las palabras, de los poemas conmovedores que convirtió en canciones como “La Era del Sonido”, “La balada del mar salado” -un canto de dolor al desplazamiento del conflicto colombiano escrito junto a su esposa, la escritora bogotana Tálata Rodríguez-, “El mundo del espectáculo” - ejemplo de la desafiante y paródica sinceridad de Dacal-, “Atte”, “Ella está en la playa” y “El tren de la canción”, donde su voz turbia y juvenil se alegra para animar un viaje de fiesta.
Así enuncia Dacal su respuesta a las exigencias del mundo actual, un asunto al que se ha dedicado durante toda una vida borrascosa, de logros artísticos que cristalizó en “El Progreso”, un álbum de descenso al mundo moderno en el que canta a dúo con Fito Páez.
- ¿Cómo define sus canciones?
Me interesan las canciones que pueden interpelar al oyente y su mundo, que no le cuentan cosas que ya sabe para hacerlo sentir identificado, sino que lo conducen a repensar sus valores y creencias establecidas. Si una canción puede animar a que una persona dé un giro de tuerca positivo, cambie de novia o casa, eso está bien para mí. Creo que el arte debe generar ese cataclismo, claro, en sus justas proporciones.
-¿Qué le interesa a Pablo Dacal?
Interpelar, volver a pensar el mundo con espíritu valiente y sensible. No me interesa demasiado representar, contar lo que pasa, denunciar: para mi eso no es el arte. Lo que busco es nombrar las cosas buenas y malas del mundo de forma diferente. Para mí, se trata de reflexionar porqué el mundo se ha convertido en esto que conocemos, y tirar ideas para reorganizarlo.
- ¿Qué comunica un disco de Pablo Dacal?
Visiones sobre el mundo, el amor y el odio, los misterios de la existencia y el instinto de cambio. Es difícil asegurar que soy la voz de mi generación, es entrar en terrenos complicados, porque una generación es algo muy amplio y soy una persona con muchas contradicciones. Además, me interesa cultivar esa irresponsabilidad, no quiero entregarme al accionar político y administrativo del mundo con los ojos cerrados.
-En “El mundo del espectáculo” usted se cuestiona sobre la televisión
No me gusta mucho la idea del artista como un animador del espectáculo. Me parece que tiene que haber algo más que el simple entretenimiento en todo esto, a pesar de lo que digan las secciones de los diarios
-Hablemos un poco de “La era del Sonido”
Primero fue una canción y luego un disco, su título me resultó poderoso y fue muy inspirador en su momento. El proyecto fue tomar algunas ideas melódicas y temáticas contenidas en ella, para desarrollarlas en una obra mayor. Varias de sus canciones son del pleno enamoramiento con Tálata, todo muy fluido, ella escribía y yo descubría la música en las palabras. Cuando la letra está lista, no es tan difícil encontrar la melodía allí oculta para mí.
-¿Y cuál es la palabra con mejor melodía?
Creo que todas, depende de lo que estemos hablando y con quién, cuando y para qué. Trato de evitar las muletillas y recurrencias, y me interesan particularmente los sentidos múltiples, cuando los hay.
-¿Cómo es su proceso de composición?
No es algo muy planeado. También trabajo mucho en colaboración. Cuando todo lo hago yo, la letra y la música entran en una relación dialéctica: primera letra, después música, de una a otra las voy modificando hasta llegar a destino. El ritmo lo defino al terminar, salvo en algunos casos. Me gusta cuando las canciones cuentan lo que está pasando de forma tan extraña que suenan a otra cosa, dicen algo diferente a la vez.
- Su reciente trabajo es “El Progreso” ¿En qué se diferencia de “La Era del sonido”?
“La Era del Sonido” fue un trabajo hecho con una La Orquesta de salón armada; trabajamos el disco durante un año, siempre en el mismo orden, hicimos unas 7 presentaciones hasta que el grupo estaba aceitado, entramos al estudio y grabamos en vivo, a excepción de la voz. “El Progreso” fue lo opuesto, yo no sabía qué iba a hacer ni cómo ni con quién. Entré solo a grabar guitarra y voz, después me asocié con el músico Ezequiel Cutaia para que lo produzca, luego invitamos a muchos músicos amigos para hacer su aporte y comentario, de los españoles Xoel López y Nacho Mastretta a los argentinos Fito Páez, Fernando Samalea o Palo Pandolfo, y muchos mas quienes hicieron crecer al disco y engrandecerlo.
- En “El Progreso” usted canta a dúo con Fito Páez ¿Cómo fue esa experiencia?
Lo conocí por amigos en común. Yo era muy chico y me estaba iniciando en el campo de la música y el rock. Con el tiempo mi música resonó cerca de él y nos acercamos, comenzó a venir a mis conciertos y nos hicimos amigos.
- La canción que cantan es “Lo que está sonando”…;
Sí, parte de algún diálogo nocturno terminó en la canción; la escribí, la cantamos, le encantó, le dije que tenía que cantar una parte, y así fue.
-Las portadas de sus álbumes son muy gráficas ¿Qué interviene en la construcción de ellas?
Estudié tres años de diseño, y de niño dibujaba. Me interesa y divierte mucho trabajar codo a codo con el diseñador. Lo que busco en una carátula es algo mas bien abstracto. Con “La Era del Sonido” quería que fuera más grande de lo normal porque tiene mucha información la música en sí. La idea era emular un disco de vinilo (LP) y estudiar la forma de realizarlo, desde la música hasta la imagen. No buscamos un CD más grande sino un vinilo más chico. De hecho su tipografía parece un dibujo, algo geométrico. Eso me gustó. “El Proceso” lo realizamos con un diseñador en España, a través de internet y sin vernos las caras, pero muy cercanos de pesar de la distancia. El mundo moderno nos lo permitió.
-¿Qué nuevos proyectos vienen en camino?
Muchos, pero dos principales: un disco versionando a Leonardo Favio –ya lo estoy haciendo en el vivo y directo poco a poco-, y otro de espíritu milonguero y rioplatense. Ambos los comienzo en los primeros meses del próximo año.
