Su pasión por la caligrafía la derivó su primer amor no correspondido.
Cuando tenía 12 años, Gilberto Londoño Alzate, no era el campeón latinoamericano de Caligrafía, era más bien un niño tartamudo que no sabía bailar, y que para hacer contrapeso a esas circunstancias le escribía de una forma muy bella cartas de amor a Piedad Correa, quien es todavía su amor platónico.
“Ella (de 13 años en ese entonces) fue muy sincera conmigo. Me dijo: ‘yo a usted lo admiro y lo respeto pero no lo amo’...”, explica todavía con nostalgia.
Así empezó el gusto de este pereirano, de 63 años, por el arte de escribir con letra artística, condición que lo llevaría a ser seleccionado en el cuarto lugar en el Concurso Internacional de Caligrafía que se desarrolló en Oklahoma (Estados Unidos) en 1987.
Sin embargo, a finales de los 70 aún su futuro no estaba muy claro.
Trabajaba como mecánico en una empresa de transporte de Cali, al tiempo que estudiaba inglés con la esperanza de aplicar el segundo idioma en otro país, y creyendo que así podría olvidar a Piedad Correa.
“Si aprendo otro idioma, me voy a otro país, y tengo otras amistades me olvido de ella... eso pensaba antes, pero la realidad fue distinta porque yo la soñaba cuando dormía, porque aunque se sepa otro lenguaje, los sueños son en el idioma con el que uno nace”, advierte Londoño.
“Mujer inolvidable”
Pero su golpe de suerte llegaría cuando, motivado por uno de sus profesores de inglés, decidió escribirle una carta a Kent Brown, quien era considerado el mejor calígrafo del mundo en 1978. Este le respondió enviándole un formulario para concursar a nivel mundial en una publicación de caligrafía.
“Me dijo que hiciera una frase abecedaria, es decir una frase con letras que van desde la ‘a’ hasta la ‘z’, gramaticalmente correcta. Participé con los mejores calígrafos del mundo pero nunca esperé nada, meses después me llegó una caja grande al servicio de correo con una pluma de oro, tintas, un cheque y resulta que yo estaba dizque en los 40 mejores del mundo. Eso fue una apertura para aplicar en Oklahoma porque comencé a darme cuenta de que el campeón mundial valoraba mi trabajo.
A día de hoy, Londoño conserva el título de ser el primer hispanoparlante y el primer suramericano en estar en la lista de los mejores calígrafos del mundo.
Gilberto se dedica a la enseñanza de inglés y de caligrafía en Cali, pero también labora con una empresa norteamericana que lo lleva a viajar por todo el país para servirse de sus traducciones.
Y fue precisamente de esa manera como este calígrafo enamorado llegó a Cartagena, ciudad que desconocía hasta hace un par de días.
A la larga, como él mismo lo dice, todo lo que ha conseguido en su vida ha sido producto del afán de superación que le produjo el rechazo de su amada y la burla de sus amigos de infancia.
“Duré con esa pasión más de 30 años, se me dañaron 3 matrimonios, ella ahora vive en Venezuela tiene sus hijos... pero fue algo muy sagrado y muy puro para mí, una circunstancia que me ha inspirado en muchas áreas”.
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