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Farándula

Cheo Romero, el "Original de Yardley"

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Cheo Romero era un bálsamo para cualquier persona que se lo encontrara en el camino, él mismo era una fiesta y su espíritu acompañará siempre a los salseros. 

Conocerlo fue un privilegio, escuchar su risa a carcajadas como si acabara de oír el último chiste de la vida y su voz estruendosa como un cañón harán parte de un "contenedor" de recuerdos que me quedan de este gran locutor, que fue siempre una enciclopedia andante de la música.

En 2007, lo entrevisté un día antes de cumplir 53 años de edad. Duró varias semanas con la hoja del periódico doblada dentro de una agenda y la presumía a todo el que quería. Hoy, en esta triste oportunidad, cobran vigencia sus palabras de entonces.

Comparto aquí con con ustedes, el perfil publicado en ese año.

CHEO ROMERO, EL BACÁN DE LA SALSA

Su voz es el distintivo que le robó la intimidad hace 28 años cuando por primera vez habló frente a un micrófono radial para Cartagena.

José Guillermo Romero Verbel, o mejor, Cheo Romero, es un emblema de la salsa en esta ciudad.

No porque cante sino porque no hay minucia de este género musical que él desconozca.

Es una biblioteca ambulante que conserva las biografías de los más grandes cantantes de salsa que ha parido el mundo.

La obsesión por saber las inti-midades de sus artistas predilectos lo llevó desde los 10 años a asistir a cuanto salsero se hacía en Cartagena. Y aunque era un niño, se las ingeniaba para burlar la seguridad de los eventos e instalarse al pie de los picós para leer las historias de los cantantes que traían escritas las carátulas de los LP.

Su cabeza es el único disco duro al que no le entra ningún virus, dice con su particular actitud descomplicada. “¿Cómo es que se llama el de los compu-tadores?, Bill Gates, bueno ese tiene que venir aquí a investigarme a mí para que inmunice sus equipos”, afirma en un tono de mamadera de gallo.

Nació en Getsemaní, el único barrio del mundo que afirma, tiene himno propio compuesto por el músico cartagenero Luis Guillermo Pérez Cedrón.“Yo soy getsemanicense, barrio de bravos leones, sinceros de corazones y amables en el tratar, nací en la calle San Juan, hijo de Nauli y Manuela, en el pasaje Luján, donde quedó la burrera, yo me iba pa’ el platanal a bailar con Micaela...”, recita Cheo visiblemente emocionado.

Él es un hombre singular, “original de Yardley”, se dice él mismo. “Yo no me parezco a ninguno a mí me hicieron y arrojaron el molde al fondo del mar Caribe.No uso mi salsa para hacer política. La única política de mi vida es la salsa, una música como yo, de playa, sol y palmeras, una amalgama de sal y arena”.

Y en verdad así es Cheo Romero: la personificación de la bacanería, del caminao arrebatao, de una voz tosca que a menudo se le siente un tono de niño regaña’o, de vestimentas estrafalarias que describen muy bien su personalidad. Es un hombre cercano al pueblo que saluda con la misma frescura al profesional y al obrero.

“A mi no me interesa lo que sea la gente sino la empatía del salsero desde el estrato 0 al 6. Yo me siento bien cuando un embolador me para por la calle y me pregunta ¿Cheo cómo se llama la canción que pusiste ayer?; o me para un médico a preguntarme lo mismo. Cheo Romero no tiene estratos, yo me debo a mi gente salsomana y nada más”.

Hijo único de Guillermo Romero Puello y Bienvenida Verbel Reyes, ambos ya fallecidos, pero criado en hacinamiento, según sus recuerdos, con más de quince primos, a quienes ama como si fueran hermanos.

UN MARINO SALSEROSus seguidores, quienes vienen escuchando desde hace 8 años su programa Salsa y Playa, los domingos y festivos, por la emisora Olímpica Stereo, poco saben que este hombre de música fue ante todo militar.

En 1970, seis años después que saliera al mercado el sello discográfico Fania Records que le dio vida a la Fania All Star, Cheo Romero ingresó a la Armada Nacional ya cautivado por la salsa y las estrellas de ese momento como Héctor Lavoe, Ismael Rivera, Rubén Blades, Willie Colón, Bobby Cruz, Pete Conde Rodríguez, Johnny Pacheco, Alfredo de la Fe, Tito Puente; y Rey Barreto, entre otros grandes.

Cinco años duró en la marina. Gracias a su trabajo pasaba largas temporadas en el puerto de Buenaventura (Valle), donde los barcos de la Gran Colombia y de la Armada llegaban primero que a Santa Marta, Barranquilla o Cartagena; y traían consigo las nuevas producciones de los artistas de esa época.

Con la Armada también viajó a Venezuela, Panamá, República Dominicana, Puerto Rico, Cuba y Estados Unidos.

En varias de sus escalas coincidió con presentaciones de sus salseros predilectos y esos encuentros fortuitos los aprovechaba para hacer amistad con ellos.

“Yo me les acercaba a la mesa y al oído le decía, por ejemplo: Celia tu te llamas Celia Caridad Cruz Alfonso, naciste en la Habana en 1924 etc, y ella sorprendida me decía: ¿muchacho y tu cómo sabes eso? y así conquistaba la oportunidad para hablar con ella. Eso me pasó con Héctor Lavoe, quien se llamaba Héctor Juan Pérez Martínez; y con varias luminarias de La Fania que fueron la fuente de mi inspiración. Gracias a ese método varias veces me saludaron en sus presentaciones”.

En esta etapa de uniforme, perdió su verdadero nombre.

“En el antiguo Teatro Cartagena se presentó la película de La Fania, Nuestra Cosa Latina, en la que el director de la orquesta Johnny Pacheco aparecía presentando uno por uno a los artistas. Cuando llegó el momento de presentar a Cheo Feliciano, el abogado cartagenero, amigo de mi infancia, Efraín Gutiérrez Mercado, me dijo: desde hoy tu serás Cheo Romero; y así ha sido. Hasta los papeles los firmo como Cheo Romero porque después nadie sabe quien soy.

Cuando voy en un bus y por cualquier motivo hablo, enseguida la persona que llevo al lado me dice: tu eres Cheo ¿ah?”.

A LA RADIO Y A LA SALSASus últimos meses en la Armada fueron para él una verdadera odisea. La salsa lo había acaparado por completo y su deseo de estar presente en los salseros lo distanciaban de sus deberes marineros. “Me convertí en un indisciplinado. Llegaba tarde a las formaciones, a mi puesto de trabajo y por eso me encerraban en el calabozo hasta que me aburrí y pasé la carta de retiro”.

Entonces vinieron cuatro años de rebusque en los que hizo de todo con el apoyo de su familia. De la noche a la mañana hizo unos cursos de locución y empezó a mandarle a los periodistas cartageneros Eugenio Baena Calvo y Luis Alberto Payares, noticias deportivas que ellos le leían en su programa radial.

“Ellos me veían por la calle y no sabían que era yo él que les mandaba las notas hasta que un día me les presenté. El 18 de noviembre de 1979 me dieron la oportunidad de hablar por primera vez ante un micrófono para Radio Vigía. Era la transmisión de la final del campeonato de béisbol de Cartagena.

“Desde entonces trabajé con ellos cincos años para luego retirarme definitivamente del deporte”.

Se dedicó después a trasmitir reinados populares y los detalles del Reinado Nacional de Belleza del que afirma tiene excelentes recuerdos de Doña Tera.

En 1990 hizo s u  primer  programa  de  salsa  e n Radio Reloj, titulado  “Salsa con estilo”  y en adelante la audiencia lo ha identificado con este género musical.

Su vida ha estado llena de oportunidades brindadas por colegas de la radio.

Su recorrido por las emisoras cartageneras se lo debe a locutores como Alfredo Atencio Babilonia, Mincho Paternina, Cherry Gómez, César Fernández, Humberto González Kerguelen, José Manuel Pinzón, Carlos Figueroa y Ever Luis; con estos tres últimos trabaja actualmente.

AMIGOS SALSEROS

Amigo personal de Óscar de León y del Gran Combo de Puerto Rico, a quienes ha acompañado en varias giras, la más reciente, la de España en el 2005.

Amigo de Cheo Feliciano, de Jairo Varela, de Alexis Lozano, de Juan Carlos Coronel, de Hugo Alándete, del Joe Arroyo, de Cristian y Víctor Del Real, de la orquesta África Charanga y de Arte y Son; Cheo Romero se considera un hombre realizado.

“Yo no reniego de nada de lo que Dios me dio. Si la reencarnación existe quiero ser igualito, tener la misma voz, la misma memoria, y vivir mi vida exactamente como la he vivido hasta este momento”.

Cheo llega mañana a sus 53 años de vida y los celebrará con un homenaje que Edilberto De La Ossa, Julio Flórez Benítez y Pipe Vargas le tienen preparado en el segundo piso del Centro Comercial Getsemaní con tres de los picós con los que creció su amor por la salsa. Desde Barranquilla llega el Sibanicú; y por Cartagena El Misterioso y El Guajiro.

Será una fiesta digna de su estilo de vida.

“¡Espérate! Esta entrevista no puede terminar si no te digo que la satisfacción más grande que me ha dado la vida son Kelly Johana, a quien bauticé así en honor a la hija de Rafael Orozco, que fue mi compadre; y José Romero Villa, Cheíto; mis dos hijos”.

Ahora sí, para concluir en una frase, Cheo Romero es un bacán de la salsa.

Efraín Gutiérrez Mercado, abogado cartagenero, su amigo de infancia, fue quien bautizó a José Guillermo Romero Verbel como "Cheo Romero". Zenia Valdelamar-Archivo El Universal
Efraín Gutiérrez Mercado, abogado cartagenero, su amigo de infancia, fue quien bautizó a José Guillermo Romero Verbel como "Cheo Romero". Zenia Valdelamar-Archivo El Universal
Cheo Romero. Zenia Valdelamar-Archivo El Universal
Cheo Romero. Zenia Valdelamar-Archivo El Universal
El perfil de Cheo Romero publicado por El Universal el 28 de abril de 2007.
El perfil de Cheo Romero publicado por El Universal el 28 de abril de 2007.
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