Paradójicamente y contrario a lo que muchos pensamos, la llegada del cáncer a Cheo Romero tuvo un impacto positivo en la vida de quienes lo acompañaron a lo largo de sus 66 años. Especialmente, en aquellos que vivieron con él la difícil lucha contra esa enfermedad, su familia.
“En 26 años juntos, fueron los mejores tiempos que vivimos, creo que a raíz de lo que estaba pasando con su salud compartimos mucho, siempre estábamos ahí. Esos meses fueron los mejores, en la unión familiar, en su temperamento, de hecho, yo lo cogía a bailar salsa para que se animara. Pudimos conocer muchos amigos y ellos nos conocieron”, expresa nostálgica y con voz entrecortada, la dulce Bornacelis Villa, viuda del locutor y quien, para fortuna mía, y de todos los que leen este texto, estuvo dispuesta a contarnos los últimos días de la Enciclopedia de la Salsa, e incluso una que otra anécdota de las tantas que rodean a este incónico personaje.
Llegué a Turbaco con cierto temor de que tuviera que sacarle las palabras de la boca a la familia de Cheo, en el camino me imaginé cómo serían y si me contarían lo que deseaba escuchar de este personaje, el cual confieso que me topé en un par de ocasiones en conciertos y eventos salseros. Al entrar al barrio El Country empecé a sentir algo de ansiedad pero algo me decía que este encuentro sería agradable y enriquecedor. Un par de pela’os que a esa hora miraban el partido de Colombia contra Bolivia, me señalaron que íbamos en la dirección correcta, al final de la calle nos encontramos con una casa blanca de dos pisos, miré hacia arriba y mis ojos se toparon con una mujer, inmediatamente supe que era ‘Borna’. Desde allá me dio la bienvenida a su hogar y en especial al alma de su familia.
¡Responsable, agradecido y alcahueta!Una vez me dispongo a entrevistar a Borna y, aunque ella no lo note, me doy cuenta de que su personalidad adoptó rasgos característicos de Cheo como la memoria fotográfica, es increíble, a esta mujer no se le olvidó ni un solo detalle de las anécdotas que me narró, parecía que estuviera leyendo un diario de jovencitas. Una muy particular que se robó mi atención y mis sonrisas, fue una noche que Cheo llegó a su casa y le pidió que le armara una maleta con tres pantalones porque se iba de viaje para España pues varios grupos salseros lo habían pedido desde allá, en su asombro, Borna lo complació dado de que el locutor le dijo que “solo serían 15 días”. Pasaron dos, tres, cuatro meses y ante las quejas de su hijo Cheito, Borna lo llamó a reclamarle, le dijo: “haz las cosas bien porque tu hijo está pensando que te boté de la casa y no quiere ir al colegio. De una vez me dijo: ‘pásamelo’, y le explicó lo que estaba pasando”. Este es uno de los tantos cuentos que mostraban a Cheo como lo que fue, “un espíritu libre”, el mismo que lo obligó a retirarse de la Armada porque lo de él era la música y la locución. Lo que más me interesaba era conocer su faceta íntima, aquella que estuvo a metros del público, pues la de locutor no es un secreto para nadie. Cheo, el padre y el esposo, un hombre que pese a sus viajes, a sus conciertos y presentaciones, tenía un día intocable, el lunes, era exclusivo para Borna, Kelly y Cheito, con quien iba a misa en la Santo Domingo y de ahí salían a comer, por lo regular el plato preferido era el pollo asado. Amaba a sus hijos como a nada en el mundo y ese mismo amor lo enfrentó varias veces a Borna, quien reconoce que él era muy alcahueta con ellos. “Él tenía un arete y me preguntaba que por qué yo no dejaba a Cheito que se pusiera un arete y la niña era intocable para él, de hecho no dejaba que yo la pusiera a lavar platos”.
Para Borna las cosas no han sido fáciles después de la muerte de su querido Cheo, pues lo que más la ha golpeado es el apoyo que en todo sentido él le dio, relata que hasta cuando le iban a cortar la luz, Cheo llamaba y lograban tener el tiempito pa’ ir a pagar pero ahora las cosas son distintas. “Me he encerrado, no salgo a ninguna parte, me he sentido sola y a veces siento que me abandonó”, dice mirándome a los ojos a punto de romper en llanto, pero es una mujer fuerte y lo comprobé cuando me confesó que Cheo murió en sus brazos, en el mismo mueble donde ella estaba sentada, mientras lo despedía diciéndole: “vete tranquilo, yo cuidaré de nuestros hijos”.



