La música es parte del ADN de Luis Miguel Gómez Castaño, y aunque para muchos de sus colegas ese nombre es totalmente desconocido, sin embargo, una vez se habla de “Casta”, todos lo relacionan con el ingenioso joven manizaleño que con sus creaciones pone a los artistas a transitar por el sendero del éxito.
El llamado de la música empezó a temprana edad para Casta, aclarando que en su familia no existe vena artística alguna, solo un primo lejano que es trompetista clásico, por lo que la decisión que entonces tomaba, se respetó desde el principio y la formación artística fue paralela a la académica.
Al culminar el bachillerato su sueño inmediato estaba en residir en Alemania, todo estaba listo, pero su edad, quince años, fue el impedimento legal para acceder a la visa de estudiante y hoy afirma que por fortuna todo eso sucedió, sus amigos que si lograron establecerse allí, ahora le piden trabajo.
Si bien las cosas no salieron como lo planeó en un inicio, no fracasó en su intento y estudió finalmente Producción musical allá, después estuvo en México una temporada y al regresar a Manizales decidió que Bogotá sería su próximo destino para desarrollar lo aprendido.
Las estrellas que iluminan el camino
Llegar a Colombia con ideas novedosas fue su mejor carta de presentación y de inmediato Manuel Medrano hizo parte de los artistas que buscaron su trabajo, más adelante llegó Morat y antes de pandemia fue el director musical de Manuel Turizo. (Lea aquí: ¿En qué planeta vive Valentina Rico?)
Paralelo a esto, el compositor, arreglista y productor, se vinculó a The Voice en Estados Unidos, haciendo pistas para el programa que se graba en Los Ángeles, lo que ha representado una buena escuela, toda vez que su trabajo allí contenía unas 42 piezas a la semana, donde el tiempo empleado requería de agilidad y ante todo creatividad.
Casta afirma que el nivel profesional de los norteamericanos es muy avanzado y estar vinculado a algún proyecto con ellos tiene un grado de exigencia que él ha sabido sortear, por lo que esa experiencia ha sabido ponerla en práctica y con la llegada de la pandemia encontró el tiempo propicio para dedicarse a la producción musical que era lo que más deseaba.
Es de anotar que ahora su trabajo se desarrolla en un plano comercial, sin embargo, en su adolescencia y mientras estudiaba, estuvo vinculado a procesos sinfónicos de Manizales, preparación que le fortaleció su interés por pertenecer a una orquesta.
El cambio
A sus 27 años, Casta ha demostrado que la música es su todo, la vive en toda su extensión, y aunque ha contado con el apoyo irrestricto de sus padres para continuar su fructífera carrera, ellos pensaban en que se podía alternar con otro tipo de formación.
De otra parte, él no estaba planeando ser productor, su interés para entonces estaba en mostrarse al mundo de forma directa, girar, ser un músico reconocido, a los 18 años el estudio no representaba una opción para expandir su arte, pero la vida se encargó de mostrarle que allí estaba su mayor fortaleza y por tanto el éxito en su trabajo futuro.
Afirma que las giras lo seducían, eran una “asignatura pendiente”, pero una vez tuvo el espacio para desarrollarlo al lado de Morat, entendió que era fascinante, pero no representaba lo que quería hacer por el resto de su vida y fue cuando se decantó por la producción.
Esa función lo fue atrapando poco a poco, recuerda que antes de pandemia y estando al lado de Manuel Turizo, producía de lunes a viernes y el fin de semana lo destinaba a girar con él por Latinoamérica y Estados Unidos, sin embargo todo ese cúmulo de experiencias le dieron el poder de decisión para entender que su zona de creatividad está en el estudio.
Al preguntársele cuál ha sido el vehículo para llegar a las estrellas que acompaña en su trasegar, no duda en afirmar que haciendo buenas canciones, además de conocer a las personas adecuadas, en esa aseveración se refiere a quienes han sido parte fundamental para alcanzar la conexión que hoy ostenta con la industria.
Con espíritu innovador, Casta se emociona al hablar de “La bachata”, ese éxito de Manuel Turizo que logró construir un sonido en momentos en que el género oriundo de Dominicana no estaba en tendencia, habían ciertos guiños que se iniciaron hace dos años en España, cuando las discotecas esperaban la media noche para cambiar el reggaetón y disponer de una hora para la bachata.
Ese mensaje quedó sobreentendido en su universo creativo y al regresar a Miami empezó a crear en función de lo que se podía hacer a partir de allí, llevándolo a crear este tema que mantiene la línea de éxitos de Turizo.
Algo curioso sucedió con esa canción, indica, toda vez que no se compuso pensando en el monteriano, inicialmente era para el álbum de Becky G, se hizo pensando en ella, pero en medio del trabajo se dio el cambio, hoy advierte que fue una fortuna que esto sucediera.
Un mercado exigente
El nivel musical de Colombia siempre ha estado a la altura de los más grandes, al punto que la industria ha girado sus ojos al país para, que en lo que se refiere a propuesta urbana y popular se desarrollen buenos proyectos.
Lo anterior es base para este artista, quien expresa su satisfacción al poder defender su talento en mercados internacionales. Ha sido tanto lo que ha hecho en Estados Unidos, que le resulta fácil sentarse al piano o hacer cualquier ritmo y causar impacto, y precisamente ese interés que logra allí, lo motiva a continuar en medio de la certeza de estar haciendo las cosas bien.
Cuando hace un balance de logros, es inevitable regresar a ese bar donde interpretaba el piano en Manizales, el son cubano y los boleros eran su marco musical, pasó por otros lugares antes de impartir clases y entender que se conoce a la industria más por práctica que por teoría y eso en buena medida es su motor.
La inspiración llega durante una sesión, afirma. Antes no lo está pensando, cree que allí puede aparecer la ansiedad y esa fórmula le ha funcionado para creaciones que están en las voces de Ricky Martin, Karol G, Ozuna, Manuel Medrano, Manuel Turizo, Carin León, Yandel, entre otros.
Y como detalle curioso, indica que sus dos mejores canciones se dieron en días donde el cansancio estuvo presente, por eso por más agotado que se sienta, no pierde la oportunidad que le da la musa, de esta forma aparecieron “Mami” de Karol G y Becky G. lo mismo sucedió con “La bachata”, que a partir de unos acordes surgió esa letra.
Su labor como productor es interpretar lo que el artista tiene en mente, una misión que cumple cada día desde su estudio en Medellín. Desde ese lugar adelanta que ya viene un tema con Ryan Castro, donde saca al cantante de su zona de confort, y con el alma de buen hijo afirma que se tiene que sentir como lo vea su mamá, ella se disfruta más los triunfos, porque él sabe que si lo obnubila un hit, no está haciendo nada, entonces ella es su medidor de éxito.
