Farándula

El caso de los hermanos Menéndez: abuso, obsesión y crimen

La historia detrás del caso de los hermanos Menéndez está compuesta de abuso, odio y un crimen casi perfecto que han obsesionado al público global.

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La familia Menéndez parecía tener la vida perfecta. //Foto: tomada de Internet.
M. Camila Salinas
06 OCT 2024 - 01:09 AM

Todo comenzó un 10 de enero en la ciudad de la gran manzana, era 1968 y el día invernal, al igual que la vida del pequeño Lyle y su hermano Erik, quien llegaría dos años más tarde, se tornaba gris y frío al caer en las garras de su padre, José Menéndez.

Los chicos vivieron una vida relativamente “cómoda”, crecieron en una mansión en Princeton, Estados Unidos, y al poco tiempo se mudaron al barrio más cotizado de la ciudad de Los Ángeles, Beverly Hills. Su padre, José, era un prestigioso contador para la empresa RCA Records. Los Menéndez parecían tener la vida perfecta.

Lyle y Erik Menéndez junto a su padre cuando tenían 6 y 8 años respectivamente. //Foto: tomada de Internet.

José Menéndez escapó de Cuba cuando tenía 16 años en busca de un futuro mejor, luchó incansablemente para lograr ser un reconocido empresario y darle todo y más a su familia, así que no esperaba menos esfuerzo de parte de sus hijos que el que él había hecho a esa misma edad. Fue un padre duro, cruel, perfeccionista, abusador y exigente. Por otro lado, la madre, Kitty, fue calificada como una persona depresiva y abusadora de sustancias.

Los abusos sexuales y psicológicos que sufrieron Lyle y Erik comenzaron cuando tenían seis y siete años respectivamente. Los detalles de las agresiones y la violencia ejercida por su padre son desgarradores, y aseguraron que los amenazaba de muerte si algún día decidían alzar la voz. Kitty conocía la situación, pero nunca intervino, sino que, más bien, la propiciaba.

El 20 de agosto de 1989, los hermanos asesinaron a sus papás. //Foto: tomada de Internet.

Fue la noche del 20 de agosto de 1989. Los hermanos asesinaron brutalmente con arma de fuego a Kitty y José Menéndez, convirtiendo el lujoso sofá blanco de su sala en un mar rojo escarlata. Con la coartada de haber ido al cine con amigos, los hermanos en primera instancia no fueron los sospechosos del atroz crimen. Todo se les vino abajo cuando al menor de los hermanos lo carcomió la culpa a tal punto que confesó a su psicólogo Jerome Oziel que ellos habían sido los autores del asesinato, que los llevaría a su condena y aprisionamiento en 1996.

A los hermanos se les sentenció a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional y, aunque aseguraron que la razón del crimen fue en defensa del miedo que sentían hacía su padre, la Fiscalía basó su acusación en que el asesinato se había cometido de forma premeditada para heredar el patrimonio de sus padres estimado en 14 millones de dólares.

El caso causó revuelo alrededor del mundo, especialmente en Estados Unidos, por la estricta decisión del jurado, a pesar de las pruebas presentadas a favor de los hermanos y que familiares y amigos pudieran corroborar su versión. Durante 22 años estuvieron recluidos en cárceles separadas como parte de su castigo y fue hasta el 2018 que lograron reencontrarse en la correccional RJ Donovan de California.

A los hermanos Menéndez los condenaron en 1996. //Foto: tomada de Internet.

De la realidad a la ficción

El pasado 19 de septiembre, Netflix estrenó su nueva serie basada en este caso, abriendo un nuevo debate sobre la veracidad del caso de los hermanos Menéndez. Al igual que en producciones pasadas sobre crímenes, como la de Ted Bundy y Jeffrey Dahmer, la selección de actores atractivos y la sexualización de estos distorsiona la realidad contando que carecen de detalles pertinentes, priorizando el rating y dando pie a la romantización de casos tan severos como estos.

Dicho debate cobró tanta fuerza que se abrió una nueva posibilidad de que los hermanos puedan salir de prisión gracias a la visibilidad que se le ha dado al caso. Después de casi 30 años de su condena, se presentaron nuevas pruebas del abuso de José Menéndez: una carta escrita por Erik en 1988 revelando las acciones de sus padres e incluso el testimonio de Roy Rosello, un ex miembro de la Boy Band ‘Menudo’, que hacía parte de la productora donde trabajaba José, que ha declarado que el hombre abusó de él también cuando era un adolescente, respaldando la historia de los hermanos. El abogado defensor Cliff Gardner presentará una petición para revisar de nuevo la condena de los hermanos, que hoy tienen 53 y 56 años.

Erik Menéndez se pronunció sobre la serie creada por Ryan Murphy. “Es triste para mí, saber que la representación deshonesta de Netflix sobre las tragedias que rodean nuestro crimen ha llevado verdades dolorosas varios pasos atrás, retrocediendo en el tiempo a una era en la que la Fiscalía construyó una narrativa sobre un sistema de creencias de que los hombres no eran abusados sexualmente”.

Una voz experta

En el marco de estos eventos se vuelve imperativo recordar el porqué del peligro de la dramatización de este tipo de historias. Dialogamos con el doctor Adolfo Castilla Sánchez, especialista en psicología clínica y magíster en psicopatología clínica y forense, sobre casos como este: “es un caso que se clasifica dentro del crimen de parricidio, donde los hijos asesinan a sus padres, en la recopilación de evidencias e información expuesta públicamente. El asesinato se realizó de manera premeditada, consciente, voluntaria y con conocimiento de sus resultados y letalidad”.

Actualmente, hermanos Menéndez viven en la expectativa de una probabilidad de ser liberados. //Foto: tomada de Internet.

Aunque asegura que sí hubo experiencias históricas y variables de abuso familiar que incidieron en el desarrollo de su personalidad y conducta, no se debe minimizar la magnitud de su criminalidad. “El factor influenciable de la familia y la función de los padres cumplen un papel importante en el desarrollo de la personalidad de sus hijos tanto en su vulnerabilidad como en su capacidad de adaptabilidad ante las exigencias y demandas del ambiente; las familias disfuncionales, los padres maltratadores, las humillaciones permanentes, la negligencia, el abandono y la lucha de poderes son algunas de las variables que pueden sustentar este tipo de conductas” afirmó.

Además reflexiona sobre como “los humanos somos potencialmente violentos, sin embargo, la capacidad de adaptarnos nos hace regularnos y vivir en sociedad”. Recalcó la importancia de construir un mundo más empático, dándole importancia al papel de la familia para formar seres humanos funcionales, estables y adaptados. No obstante, los seres violentos, despiadados y peligrosos, no se deben idealizar ni pasar por alto por el futuro de una sociedad mejor.

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