A Stephanie Mendoza, muchos en Colombia la conocen como la reina del Carnaval de Barranquilla 2017, pero su comunidad digital está alejada del título real y al “necear” la aplicación de TikTok descubrió un mundo donde solo sería Fefi.
Su vida como abogada de propiedad intelectual de la red social ha enganchado a más de uno a nivel internacional, lo que le ha permitido conectar, a través de sus videos, con un lado más íntimo.

Fefi es mucho más que los títulos que ha obtenido. Así que cuando hablamos de cómo ser vulnerable ante los reflectores, cuenta que aceptarlo fue un proceso que inició cuando terminó su carnaval.
Ella cuida y respeta su intimidad. A sus 22 años consideraba que compartir solo momentos de su reinado era suficiente para existir en redes sociales.
“Considero que siempre he tenido unas redes desorganizadas pero todo muy armónico. Es más, hoy en día, que soy más activa y más desorganizadas que nunca porque no me interesa ser un modelo que deben seguir. Un día comparto tips laborales, otro día subo una receta y al otro día comparto temas de estilo de vida. Aun así, publico lo que quiero y con lo que me siento cómoda”, reflexiona.

Añade que conoció el impacto que tiene ser una figura pública después de su carnaval cuando sus redes sociales se llenaron de mensajes negativos y destructivos contra su persona. Su identidad como mujer y como barranquillera estuvieron en juego puesto que muchos no entendieron que la abogada que se estaba formando necesitaba seguir escalando académicamente.
“Durante mi carnaval, entre semana estaba en Bogotá estudiando y el viernes en la noche llegaba para cumplir con mis compromisos como reina. Yo iba en el bus, camino a eventos, y estaba estudiando, trabajando, siempre en el computador. Pero no me arrepiento de nada porque yo sí soñé con ser reina del carnaval de mi ciudad y estar con mi gente”, confiesa y aunque habla del tema con naturalidad y tranquilidad, todavía se pregunta por qué fue blanco de tantas críticas destructivas, si cuando ella decide irse a Los Ángeles, Estados Unidos, para estudiar su maestría en la Universidad de California, días después del miércoles de ceniza de 2017, también estaba a punto de cumplir uno de sus más grandes sueños.
“Yo cumplí una meta a los 22 años, pero si ese hubiera sido la más grande... ¿qué iba a ser de mi vida?, ¿cuál iba a ser mi propósito o mi visión? Siempre me soñé y me visualicé como abogada, pero para muchos yo debía ser lo uno o lo otro y les demostré que pude ser las dos”.

Ante tanto rechazó decidió alejarse de las redes sociales por año y medio y concentrarse en vivir y trabajar por su sueños profesionales. “Así que como nadie me quería, regresaba esporádicamente a Instagram y montaba lo que quería y estaba disfrutando”. Ahí empezó a ser Fefi, la mujer, y no Fefi, la reina.
Entre libros y enormes bibliotecas, habitaban metas inquebrantables y se formaba una mujer que no daría nada por sentado. “Me rechazaron tantas veces que me tocó ingeniarme un camino para buscar mi primer ‘sí’. Empecé a mandar 10 correos diarios hasta que me permitían contarles por qué era la persona idónea para el trabajo, fue una época agotadora emocional y físicamente. Cuando recibí la primera oferta de trabajo, hasta café llevé pero sabía que era un proceso de aprendizaje importante para llegar a donde quería, así que cuando obtuve mi puesto en TikTok ya conocía mis cualidades y sabía que mi mayor fortaleza era conectar con las personas, esa es una de las habilidades que desarrollé gracias al carnaval”.

Viaja por todo el mundo representando a una de las redes sociales más influyentes de esta generación, como abogada de propiedad intelectual, Stephanie Mendoza, ha construido un camino que la ha llevado a radicarse en Londres, Inglaterra.
“La edad, las experiencias y la madurez que uno va adquiriendo me han llevado a soñar con ser madre, con ayudar a otros como algún día lo hicieron conmigo, a vivir tranquila porque hago lo que amo. Me da mucha risa cuando las personas aseguran que lo que tengo es porque mis padres, según ellos, están conectados, pero la realidad es que mi papá no tiene ese tipo de conexiones en Estados Unidos o Londres”, confiesa entre risas.

Para ella, las críticas nunca fueron su mayor reto sino el aceptar que ella salía del molde, de lo que era común.
“El déficit de atención es un tema del que ya hablo públicamente porque recibí un diagnostico a los 28 años. Es un tema que ha conllevado a que muchas personas abandonen sus sueños. Yo trabajé muy duro por ser la abogada que soñé, hice muchos sacrificios y aprendí a no recriminarme por no seguir un patrón”.
Fefi aprendió que las metas se obtienen cuando “dejas la pena”, reconoces los errores, las falencias, pero sobre todo, abrazas las habilidades y la vulnerabilidad que nos hace humanos.
Desear llegar a la Barranquilla que la recibe con los brazos abiertos, la ciudad currambera que la vio nacer y que por siempre será su puerto seguro.

