El viernes 21 de febrero a Barranquilla la atravesaron fuertes vientos. La brisa, fresca, nos dio la bienvenida a todos los que viajamos de otras ciudades para asistir al concierto de Shakira. Tras la cancelación de su presentación en Lima (Perú), luego la reprogramación (ahora cancelación) del show en Medellín, algunos llegamos nerviosos con miedo de que, para nuestro pesar, el viaje fuese en vano. Sin embargo la noche anterior Shakira demostró su completa recuperación con dos horas y media de show, un repertorio generoso y una puesta en escena casi que perfecta.
¿Qué podía salir mal? Shakira estaba en casa, en la tierra que la vio nacer y le enseñó a mover las caderas, la misma que resuena en cada una de sus canciones. Para ella, más que ser colombiana, es barranquillera, y lo ha dejado claro una y otra vez. Ha llevado el nombre de su ciudad a lo más alto y, con cada premio en mano, encuentra la forma de rendirle homenaje.
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Será cuestión de suerte
El espectáculo, programado para las nueve de la noche, comenzó con una hora y media de retraso. Aunque Shakira lo había anunciado en sus redes sociales, la mayoría de los que estábamos allí ni siquiera lo supimos porque la señal era muy mala. A cada grito desesperado de un fan, nos levantábamos pensando que ya iba a iniciar. En la espera muchos nos sentamos en el piso, otros se recostaron a las vallas y algunos hasta aprovecharon para tomar una siesta.
Durante dos horas ininterrumpidas, cantó y bailó salsa, reguetón, champeta, bachata, danza árabe, rock y cumbia, dejando claro que su talento es atemporal.
Lo cierto es que esa noche el Estadio Metropolitano Roberto Meléndez era una pasarela de Shakiras noventeras, dosmileras, ochenteras... que movían sus caderas al compás de los caderines que sonaban al choque de las monedas. Ese día las mujeres sacaron todas las prendas brillantes de sus armarios y lucieron vestidos cortos, blusas ombligueras, jeans descaderados, pantalones de cuero y hasta pelucas moradas. Lea también: Shakira estuvo en La Guacherna: se camufló y nadie la distinguió
Quitarle al tiempo los segundos
Ella apareció en medio del público. Caminó junto a un grupo de fanáticos elegidos para acompañarla hasta el escenario, vestidos todos de chaquetas plateadas. “Muchas gracias por la espera, hemos tenido que adaptar un poco el show, pero ¿qué importa una pantalla? Lo importante es que estamos juntos”, dijo una vez arriba. Si hay algo por lo que deba quejarme en este punto es porque las dos horas de concierto se fueron volando; y es que el repertorio de Shakira es tan amplio que la cantante condensó casi que todos sus éxitos en una tanda de canciones bien elegidas. Comenzó con La Fuerte y continuó con Las de la Intuición, dos canciones separadas por más de veinte años y con emociones contrariadas. La primera es un grito desgarrador de alguien atrapado en la sombra de un amor imposible de olvidar, mientras que la segunda es el himno de una mujer segura de sí misma, que confía en su intuición para saber que está con quien debe.
Entre canciones, Shakira se cambiaba de vestuario a velocidad de la luz; en total fueron trece prendas las que usó durante el show. Para ambientar el espacio, una pantalla enorme proyectaba escenas de una Shakira en otra realidad, futurista, animada.
Shakira, una artista de carne y hueso, que se quiebra, se repone y sale a la tarima con la voz más fuerte.
A Barranquilla llegaron latinos de todas partes. Venezolanos, puertoriqueños, panameños, todos compraron entradas en Barranquilla por ser la tierra que parió a la artista. Una manada de casi cuarenta mil personas nos congregamos alrededor de la cantante en una noche que pasará a la historia. Shakira Mebarak no solo regresó a Barranquilla, sino que lo hizo como una mujer libre y transformada. “Después de las caídas nos levantamos mucho más sabias”, le dijo a su público eufórico.
Mil años no me alcanzarán
Shakira inició su gira hace menos de quince días, marcando su regreso a los escenarios tras siete años de ausencia. Arrancó en Brasil, luego llegó a Perú, pero un problema intestinal la obligó a cancelar una de sus presentaciones. Aun así, se repuso rápidamente y volvió al escenario la noche siguiente.
Días después, anunció que su concierto en Medellín, programado para ayer, se aplazaría un día debido a circunstancias fuera de su control. La noticia no cayó bien entre algunos seguidores, pero poco podía hacer. Al llegar a su ciudad natal no pudo encontrarse con una multitud de fanáticos que aguardaban su llegada en el aeropuerto y más bien fue a visitar a su padre, recién salido de la clínica. Lea también: Mamá de Shakira disfrutó del show en Barranquilla: ¡mira el video!
Mientras ofrecía la primera de sus dos presentaciones en Barranquilla, su equipo técnico ya sabía que el show en Medellín tendría que cancelarse definitivamente por un fallo en la tarima. Sin embargo, decidieron no decírselo para que pudiera descansar.
Fue hasta las tres de la mañana del viernes, casi dos horas después de haber terminado su concierto, cuando Shakira se enteró de la situación y confirmó la cancelación justo antes de salir nuevamente al escenario esa noche. No debieron ser días fáciles para ella, quien ha puesto cuerpo y alma en convertir esta gira en la más importante de su carrera.
Como si fuera poco, los fuertes vientos en Barranquilla impidieron el uso de una parte clave de la pantalla del escenario, restándole impacto al espectáculo. Pero a Shakira ni mil años le bastarán para demostrar que sabe sortear cualquier adversidad con el movimiento de sus caderas.
Durante dos horas ininterrumpidas, cantó y bailó salsa, reguetón, champeta, bachata, danza árabe, rock y cumbia, dejando claro que su talento es atemporal.
A Shakira se le aplaude de pie, se le canta hasta rasgarse la voz y se le mira con la seguridad de estar presenciando a una artista de carne y hueso, una que se quiebra, se repone y sale a la tarima con la voz más fuerte: ¡Buenas noches, Barranquilla!