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Paquito D’Rivera: reflexiones del icónico músico que se presenta en Cartagena

Es la estrella musical que se presenta este lunes en la Plaza de la Aduana en el Cartagena Festival de Música. Paquito D´Rivera es virtuoso en el jazz y en lo sinfónico.

Paquito D’Rivera: reflexiones del icónico músico que se presenta en Cartagena

Paquito D´Rivera en la entrevista con El Universal. //Zenia Valdelamar-eu.

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Paquito D´Rivera (Marianao, La Habana, 1948), es el niño prodigio que a sus cinco años dejó hipnotizados a quienes le escucharon tocar un saxofón que era más grande que él. A sus 77 años, confiesa que no ha perdido la pasión de ese niño con su instrumento y no ha sentido pasar los años. Es uno de los prodigios de la música de nuestro tiempo. Un virtuoso del clarinete y del saxofón alto, tenor y soprano. En esa foto de sus cinco años estrena el saxofón que le regaló su padre, el saxofonista Tito D’ Rivera. Mientras su padre tocaba, él lo veía como en un espejo reflejado, y así aprendió a tocar el saxofón que lo ha acompañado a lo largo de su vida.

En sus memorias Mi vida saxual (2000), con prólogo de Guillermo Cabrera Infante, Paquito D’Rivera relata el origen y la travesía de su vocación. En ellas cuenta, además, que su padre tocaba hasta 26 horas al día. Es también autor de la novela ¡Oh! La Habana, una evocación de la Cuba de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX.

Paquito es un virtuoso tanto en el ámbito sinfónico como en el jazz. En 2022 recibió el Premio Grammy Latino del Consejo Directivo, y en 2023 fue galardonado con el Grammy Latino a Mejor Álbum de Jazz Latino y a Mejor Obra/Composición Clásica Contemporánea.

El músico es una de las estrellas invitadas al Cartagena Festival de Música y se presentará este lunes 12 de enero en la Plaza de la Aduana. Este es nuestro primer diálogo para Facetas con el maestro Paquito D’Rivera.

Paquito D´Rivera en la entrevista con El Universal. //Zenia Valdelamar- EU.
Paquito D´Rivera en la entrevista con El Universal. //Zenia Valdelamar- EU.

Paquito D’Rivera y sus reflexiones antes de presentarse en Cartagena

- ¿Cuál es el músico clásico que más te ha impactado y que a su vez haya generado más proyectos jazzísticos?

Todos. Bueno, en ese caso tengo que mencionar a Mozart. Yo hice una versión, yo toqué muchas veces desde muchacho el concierto de Mozart de clarinete y orquesta. Esa es la obra más significativa que se ha escrito para el clarinete. Pero yo siempre vi el segundo movimiento como un blues, siempre. Y un buen día lo escribí con la misma orquesta de Mozart y una sesión rítmica de blues. Y escribí el segundo movimiento, que lo voy a tocar aquí. Muy a propósito de un festival de música clásica, bueno, pues voy a tocar a Mozart.

- ¿Qué obras, además de ‘Manteca’, de Chano Pozo han impactado en el jazz norteamericano?

Ah, muchas. ¡Uy, qué sé yo! Hay muchos boleros que impactaron en el jazz: “Cuando vuelva a tu lado (1934) de María Grever, “Bésame mucho” (1932) de Consuelo Velásquez. El jazz y la música de Latinoamérica han tenido mucho que ver desde el principio. Artie Shaw tenía, yo lo descubrí después de viejo, tenía una pieza con su orquesta que se llamaba “Moon Over Cuba”. Antes de que llegara la liberación, claro. Pero, oye, hay muchos, “Perdido”, por ejemplo, es de Juan Tizol.

Esa fue una de las obras más, de las piezas más conocidas de Duke Ellington. Mucha gente piensa que eso es de Duke Ellington, y no es Duke Ellington, es de Juan Tizol, trombonista puertorriqueño que trabajó muchos años con Ellington. También es de Tizol, “Caravan”, obra interpretada por Ellington. El impacto de la gente al sur de la frontera, en la música, no solamente en el jazz, en la música americana, en Hollywood también, ha sido impresionante. No te va a alcanzar toda la página esa que tú vas a escribir.

Música sin límites

Paquito bebe de las fuentes ancestrales, populares y universales de la música. En sus memorias ha recordado que su padre era un saxofonista retirado del ejército, quien importó de Francia la escuela clásica del Conservatorio de París. Traía los instrumentos Selmer de París. Y de allá vino el primer saxofón para Paquito, que aún conserva, y con el que deslumbró al público a sus cinco años, y a sus diez años cuando tocó en el Teatro Nacional de La Habana. Él, al igual que su padre cree con Duke Ellington, que solo hay dos clases de música: La buena y la mala. Con el mismo rigor toca “Adagio”, segundo movimiento del Concierto de Mozart, “Mambo influenciado” de Chucho Valdés, que tantas veces hemos escuchado en casa, o los clásicos sinfónicos que figuran en su álbum “Jazz meets the musics” (2014), en la que subraya en el doble impacto del jazz en lo sinfónico y viceversa, con la música de Darius Milhaud, Igor Stravinksi, Manuel de Falla, Amadeo Roldán, Alberto Ginestera, Dimitri Shostakovich, Ernesto Lecuona, Astor Piazzolla, George Gershwin, entre otros. Mucha historia ha transcurrido en la vida y en la música de Paquito, que ha incidido de manera decisiva en el desarrollo de la música popular, sinfónica y jazzística de América Latina y del mundo. Uno de los músicos que lo acogió y lo ayudó en su deseo de salir de Cuba hacia Estados Unidos fue el legendario Dizzy Gillespie, así como David Amram, Mario Bauzá y Bruce Lundvall.

Desde su primera grabación, en 1979, hasta el día de hoy, ha registrado más de medio centenar de álbumes de jazz y música sinfónica, moviéndose entre ambos universos con la naturalidad de un pez en el agua. Paquito también aparece en el filme Calle 54 (2001), dirigido por Fernando Trueba.

- ¿Qué experiencia humana de las que has vivido a lo largo de tantos años has querido convertir en música, o qué episodio de tu infancia aún no has convertido en música?

De eso me acuerdo, de verdad. Porque muchas cosas de mi infancia están en la música. A lo mejor porque yo nunca crecí. El saxofón que me regaló mi papá cuando era un niño, aún lo tengo.

- ¿Qué tanto de tus padres hay en tu personalidad?

¡Ah, muchísimo! El sentido del humor de mi mamá y el saxofón de mi papá.

Paquito D’Rivera se presenta este lunes en Cartagena de Indias. //Foto: Zenia Valdelamar- EU.
Paquito D’Rivera se presenta este lunes en Cartagena de Indias. //Foto: Zenia Valdelamar- EU.

Paquito en Cartagena

Lo veo sentado en una de las bancas del Claustro de la Merced de la Universidad de Cartagena, donde reposan las cenizas de Gabo. Viste con una guayabera de color beige que tiene bordadas diminutas flores de color rojo y naranja. Paquito se ve sonreído, pero asediado en esta mañana de viernes de enero por varios periodistas. La primera entrevista se ha tardado quince minutos, y yo estoy en fila para hacerle unas preguntas. Pero al terminar la primera entrevista, se ha puesto de pie y le ha dicho a las jóvenes de prensa del Cartagena Festival de Música, que es mejor sentar a todos los periodistas en una misma mesa y responder las preguntas. Me acerco. Zenia Valdelamar le pide hacerle unas fotos. Y entonces lo saludo y empiezo a conversar con él. Le digo que escucho su música con mucha pasión desde que era un niño. Y en los lejanos años de los ochenta escuchábamos Irakere. Y en Cartagena en el Festival de Jazz bajo la luna en 1993, invitamos al saxofonista cubano Carlos Averhoff (1947- 2016), uno de los fundadores de Irakere. Se acordó que ya nos habíamos visto en la sesión musical con Jorge Otero y me pregunta por él.

Paquito es un músico con gran sentido del humor. Se interesa por todo lo que ocurre musicalmente en Cartagena y Colombia. En Cartagena ha mantenido comunicación con el destacado clarinetista y compositor Jorge Otero Manchego, director de la Banda Armonía de Bolívar. Se ha encontrado con su agrupación, ha escuchado los porros que interpreta y compone y, en algunos momentos, ha intervenido con su clarinete, emocionado al ritmo de estas piezas.

Escuchar la música de Paquito es lo más parecido a un bálsamo para la felicidad. Es rítmicamente contagioso. Un antídoto contra la desesperanza.

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