comscore
Farándula

¿2026 es el nuevo 2016? Qué hay detrás de la tendencia en redes sociales

La nostalgia atraviesa generaciones y se manifiesta en la moda como memoria activa: no repite el pasado, lo transforma en deseo, identidad y creación.

¿2026 es el nuevo 2016? Qué hay detrás de la tendencia en redes sociales

Cuando la nostalgia marca tendencia. //Foto: imagen generada con IA.

Compartir

A finales de diciembre y comienzos de este 2026 se ha popularizado una oración que dice: “El 2026 es el nuevo 2016”. Más que un simple regreso estético, esta afirmación revela un deseo de volver al pasado, una auténtica sed de nostalgia.

La nostalgia suele definirse como un sentimiento donde el placer y la tristeza coexisten al evocar momentos, experiencias o formas de vida del pasado. En la mente humana, la nostalgia cumple un rol importante para regular el estrés, pues permite restaurar una sensación de seguridad y bienestar. Vuelve a aparecer a través del recurrir lugares comunes o al ponerse algo que recuerda -o transporta- a un momento en el que uno se sentía eventualmente mejor.

Por eso, cuando respondemos a un “look nostálgico”, casi nunca se trata únicamente de la ropa. Tiene que ver, sobre todo, con cómo se siente usarla. Una camiseta de alguna banda, una silueta que usaba una familiar, o las imágenes que se proyectaban en películas, novelas, videoclips o revistas, alimentan esa nostalgia. Los “millennials”, por ejemplo, conectan con los años noventa y los dos mil; la generación Z, con lo que hoy se conoce como estilo Y2K y con las estéticas que surgieron a comienzos de la década de 2010.

Incluso la generación más reciente, la generación Alpha, muestra signos tempranos de interés por la nostalgia, influenciada principalmente por los gustos de sus familiares mayores. Esa es también una de las bellezas de la nostalgia: extrañar una época que ni siquiera se vivió, pero que regresa a través de los relatos que viajan entre familias.

Me atrevo a decir que la generación X es la que más protege los recuerdos y la nostalgia y la que más conserva lo analógico, como el álbum familiar.

El álbum de fotos -que a veces no es más que una caja cargada de imágenes y recuerdos- dice mucho sobre lo que estaba pasando en determinado momento y sobre los movimientos que surgían entonces. Allí también se explica nuestra relación con la estética. Esa conversación es la que une generaciones y permite entender que el estilo es también memoria, tanto individual como colectiva.

La nostalgia, a cualquier edad, es una experiencia humana. No está asociada exclusivamente a una etapa de la vida, pero, la nostalgia también señala un deseo de cerrar ciclos. Puede relacionarse con dejar de usar algo porque se cayó en una uniformidad que no necesariamente encajaba con la identidad propia. Ese es uno de los poderes de la moda. Mirar hacia atrás no significa repetir la historia, sino tomar aquello con lo que nos identificamos y mezclarlo con nuestra versión más reciente. No se trata de un escape de la realidad, sino de un medio para estabilizar lo que ocurre en el presente.

Un claro ejemplo fue durante la semana de la moda de 2025, cuando muchas casas clásicas anunciaron nuevos directores creativos. Se percibió un miedo generalizado -tanto en la industria como entre los espectadores- a no reconocer lo tradicional que ha sostenido durante décadas a estas casas. En particular, el debut de Jonathan Anderson como director creativo de Dior fue revelador: trajo una mirada vanguardista, pero la unió con los códigos históricos de la casa.

En la colección primavera/verano 2026, presentada durante el Paris Fashion Week 2025, Anderson tomó referencias del pasado y las mezcló con una lectura del presente. Fue criticado porque muchos esperaban una literalidad mayor. Sin embargo, como otros creativos contemporáneos, encontró en el archivo una forma de resistencia frente a un contexto dominado por la sobreinformación y la sobreestimulación de imágenes.

¿Por qué dicen que 2026 es el nuevo 2016? //Foto: 123RF.
¿Por qué dicen que 2026 es el nuevo 2016? //Foto: 123RF.

¿Por qué dicen que 2026 es el nuevo 2016?

A lo mejor en el 2026 estaremos buscando más espontaneidad, tanto en el estilo propio como en lo que nos rodea. Revisitaremos épocas donde el estilo celebraba el desorden, la emoción y la sensibilidad. Una forma de hacer catarsis, de encontrar refugio en estos recuerdos. Así como lo hacían en el siglo XX los surrealistas.

Hablar de nostalgia y creatividad -como ocurre en la moda- exige mirar desde distintos ángulos. El surrealismo, nacido en 1924 con el Manifiesto Surrealista de André Breton, proponía liberar el pensamiento del juicio y de la razón moral. Hoy, esa razón puede compararse con ciertas tendencias que funcionan como norma. La nostalgia de aquello que construyó nuestra identidad, aunque desplazada, permanece en el inconsciente.

Los surrealistas trabajaban con el automatismo: crear sin el filtro de la razón, dejando que los símbolos emergieran desde el inconsciente. Algo similar ocurre cuando esas memorias se revelan sobre el cuerpo a través del vestir.

Vestirse y crear desde un impulso automático implica desactivar momentáneamente la pregunta por la tendencia y permitir que la memoria tome la palabra. Allí, la nostalgia deja de ser referencia externa y se convierte en motor creativo, capaz de generar una identidad estilística propia y evitar la uniformidad.

Al hablar de surrealismo aparece el psicoanálisis. Para ambos, la nostalgia no es solo un recuerdo melancólico, sino una forma de deseo orientada hacia lo imposible de recuperar. En Duelo y melancolía (1917), Freud explica que cuando el pasado se repite sin transformación aparece la melancolía.

La nostalgia, en cambio, puede operar de otra manera.

Cuando se sublima y se transforma en creación, el pasado deja de ser refugio y se convierte en materia activa. La moda trabaja desde ahí: no conserva intacto el pasado, lo reformula. Lo que la nostalgia tiene a su favor es el relato, y el relato construye identidad. El riesgo aparece cuando ese relato se vacía y se reduce a “storytelling” convirtiendo la tradición en mercancía decorativa.

Que el 2026 esté atravesado por la nostalgia no es una casualidad ni un simple retorno estético, sino el síntoma de un presente saturado que exige y busca nuevas formas de estabilidad. La nostalgia que emerge hoy no busca repetir el pasado, sino reactivarlo: transformarlo en relato, identidad y materia creativa. Así, el 2026 no estará lleno de nostalgia porque el pasado haya sido mejor, sino porque el presente necesita ser habitado con más conciencia, singularidad y profundidad.

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News