La muerte de Salvo Basile a los 85 años reavivó una de las entrevistas más honestas y desinhibidas que concedió el actor y productor italiano sobre el fin de la vida y su propia despedida. Con una mezcla de humor negro y claridad poco comunes, Basile siempre habló de la muerte como de un asunto inevitable, sí, pero también con una naturalidad que desarmaba solemnidades.

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El UniversalBasile falleció recientemente en Cartagena, ciudad que eligió como su casa durante décadas y que describía como su “Hollywood del Caribe”. La causa fue un cáncer de estómago agravado por problemas cardíacos en sus últimos meses de vida.
En una entrevista de 2014 con Ricardo Rendón para El Universal, Basile abordó la muerte con la misma familiaridad con la que se habla del clima o de un proyecto pendiente. Ante la pregunta de si dormía bien, su respuesta fue tajante: “Poco…”. Y cuando se le preguntó si tenía alguna deuda con su conciencia, sorprendió con una confesión íntima: lamentaba no haber continuado las clases de piano que su madre le había sugerido cuando era joven. Lea: ¿De qué murió el actor Salvo Basile? esta es la enfermedad que padecía

Así se tomaba la vida Salvo Basile
Consultado sobre si se sentía en paz con su existencia, Basile dio una respuesta que mezcla honestidad y compromiso social: “No, mijo. Me falta mucho por hacer, especialmente por la gente pobre”. Esa frase revela una inquietud permanente por lo colectivo, más allá de su carrera en cine y televisión.
La conversación también recorrió aspectos de su relación con la música y el cine. Cuando se le preguntó si pensar en Nicoló Paganini lo llevaba a reflexionar sobre la muerte, Basile se llevó la idea hacia otra anécdota: su experiencia en la película Paganini-Kinski, recordando “vida, gritos y peleas con el loco de Klaus”, en referencia al intenso actor Klaus Kinski.
Pero fue al hablar de su propia despedida cuando Basile mostró su sello irreverente. Al ser preguntado por la música que quisiera en su ceremonia fúnebre, descartó cualquier pieza solemne o clásica. Nada de réquiems ni arias; lo que imaginaba era algo que hablara de vida y ritmo: “Más bien un porro o una papayera”. Incluso rechazó la idea de un aria como Casta Diva, interpretada por María Callas, y propuso algo más cercano a su identidad cultural: “Más bien una canción de las cantadoras de Palenque”.
Para Basile, morir era simple de conceptualizar: “Será cumplir el contrato que firmamos desde el momento de la concepción”, dijo con una mezcla de filosofía y pragmatismo. Lea: Hijo de Salvo Basile reveló detalles de su muerte: “Murió escuchando el mar”
Y su última voluntad fue tan clara como inesperada: descartó por completo la cremación y cualquier homenaje convencional en la Bahía de Cartagena. “Nada de cenizas”, dijo entonces, antes de soltar la frase que se volvió una de las más recordadas de su vida: “A mí me entierran en la Isla del Pirata, con una pepa de mango entre las piernas”.