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Nerva Díaz: de cortar pétalos en papel crepé a empresaria y embajadora cultural

Nerva Díaz, fundadora de Decorfiestas Cartagena, convirtió su talento manual en empresa y causa social. Una historia de sueños y esfuerzo.

Nerva Díaz: de cortar pétalos en papel crepé a empresaria y embajadora cultural

La mujer que convirtió la decoración en motor social y cultural. // Jorge Díaz

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Por momentos, mientras habla, Nerva Esther Díaz Luna parece volver a ser aquella niña que recortaba pétalos de papel crepé con una tijerita sin punta en Sincelejo. Sonríe al recordarlo y, sin darse cuenta, mueve las manos como si aún estuviera armando flores. “Eso lo traigo en la sangre”, dice con convicción al evocar sus recuerdos.

La mujer que convirtió la decoración en motor social y cultural. // Cortesía
La mujer que convirtió la decoración en motor social y cultural. // Cortesía

Hoy, décadas después, es fundadora de Decorfiestas Cartagena, wedding planner certificada internacionalmente, gestora cultural, representante de la Corporación Calamarí y una de las figuras más influyentes del sector creativo en el Caribe colombiano.

Hace poco, su nombre volvió a ocupar titulares al ser reconocida como Embajadora Cultural Internacional e incluida en la lista de “Los 100 Hombres y Mujeres Más Destacados de Colombia”, distinciones otorgadas por el Claustro Internacional de Derechos Humanos en una ceremonia realizada en el Palacio de Nariño. No se trata de un logro aislado: para ella, es la consecuencia natural de una vida dedicada a transformar espacios, pero también destinos.

Radicada en Cartagena de Indias desde niña, Nerva creció rodeada de tradiciones. Su abuela decoraba fiestas patronales, quinceañeros, coronas fúnebres; cualquier celebración que necesitara belleza y sentido. “Para salir a jugar teníamos que hacerle cierta cantidad de pétalos”, recuerda entre risas. Aquella exigencia infantil se convirtió en un aprendizaje silencioso. De todos sus hermanos, fue la única que se inclinó por el arte manual. “Eso es una bendición, ser artista con las manos”, afirma.

La mujer que convirtió la decoración en motor social y cultural. // Cortesía
La mujer que convirtió la decoración en motor social y cultural. // Cortesía

Los cumpleaños familiares fueron su primer laboratorio creativo. Arreglaba mesas, organizaba colores, soñaba con transformar espacios. Con el tiempo llegaron los viajes, los congresos nacionales e internacionales, las certificaciones.

Hace 35 años fundó su empresa, cuando aún no existían redes sociales y los clientes se conseguían con agendas escritas a mano y visitas puerta a puerta. Se casó joven, siguió estudiando, formó una familia y aprendió a equilibrar la pasión con los sacrificios. “Hubo momentos en que quise retirarme por mis hijos, por mi esposo. Pero pensé: si Dios me dio este talento, ¿por qué enterrarlo?”.

Hoy sus tres hijos hacen parte del engranaje empresarial. Algunos desde la gastronomía, otros directamente en la operación de eventos. Nerva sigue siendo, sin embargo, la primera en llegar y la última en irse. “Creo que soy la única wedding planner que amanece en un evento”, confiesa dejando ver la pasión que aún siente cuando se trata de su oficio. Aunque tiene un equipo sólido, formado “a imagen y semejanza” de ella, no concibe delegar la emoción final. La pasión, para ella, es innegociable.

Labor social en la belleza: Nerva Díaz

En su memoria se acumulan bodas imposibles, celebraciones de artistas y eventos internacionales. Pero hay uno que menciona sin dudar: una boda hindú que tomó seis días de ceremonias y dos años de preparación. “Fue un reto inmenso, un lujo de boda. Todo salió perfecto porque el equipo la dio toda”, cuenta, todavía con asombro.

Sin embargo, el perfil de Nerva no estaría completo sin su faceta social. En 2016, tras participar en un proyecto impulsado desde la Alcaldía de Cartagena, trabajó con mujeres privadas de la libertad en el barrio San Diego. Les enseñó decoración, organización de eventos y oficios artesanales. “Todo mi conocimiento se los regalé”, asegura. Algunas hoy la llaman “madrina”. La buscan para contarle que ya montaron su propia empresa, que siguen adelante. Ella continúa acompañándolas con orgullo.

De esa experiencia nació también su apuesta por el arte popular y la creación de la Corporación Calamarí, una organización que agrupa a artesanas y artesanos de Cartagena. El nombre no es casual: así se llamaba la ciudad en tiempos prehispánicos. “Yo misma diseñé el logo, escogí los colores, los degrades. Lo tenía en la mente y en el corazón”, explica. Aunque la corporación se formalizó hace cuatro años, ya ha impulsado ferias, procesos de formación y ha puesto su granito de arena para fortalecer el sector artesanal.

La mujer que convirtió la decoración en motor social y cultural. // Cortesía
La mujer que convirtió la decoración en motor social y cultural. // Cortesía

Viajar es otra de sus pasiones y también una herramienta de aprendizaje. La vida y su oficio le han permitido recorrer México, Estados Unidos, Aruba, Bonaire y Chicago. En cada destino, Nerva camina pueblos y ciudades en busca de tradiciones y detalles culturales que luego dialogan con su trabajo creativo.

“Uno nunca puede dejar de estudiar. Si se queda quieto, se quema la empresa y se quema uno como profesional”, sentencia.

Cuando se le pregunta por sus valores, responde sin rodeos: la conexión humana. “Ese ‘afín’ con el cliente no te lo da ninguna inteligencia artificial. Es transmitir seguridad, hacer que confíen en ti para el día más importante de su vida”. Quizá esa filosofía explique por qué su nombre se asocia tanto a excelencia como a cercanía.

La mujer que convirtió la decoración en motor social y cultural. // Jorge Díaz
La mujer que convirtió la decoración en motor social y cultural. // Jorge Díaz

Los reconocimientos de 2025 marcaron un punto alto en su carrera el Salón de la Fama en México, el nombramiento como embajadora cultural en el Palacio de Nariño, su inclusión entre las cien figuras más destacadas del país y un galardón de la Alcaldía de Cartagena y Corpoturismo por impulsar el turismo de romance en la ciudad.

Cuando no está entre flores, estructuras y manteles, se escapa a la finca. Habla de gallinas, vacas, de matar un pollo para el almuerzo y respirar aire puro después de semanas intensas. “La naturaleza es la mejor terapia”, dice convencida.

A los jóvenes artistas les deja un mensaje directo, les pide no convertirse en su propio obstáculo. “Todo se logra con disciplina, entusiasmo y perseverancia. Para ser empresario no se necesita dinero, sino inteligencia y sabiduría”.

Nerva Díaz se define como una mujer realizada, pero que aun tiene mucho por hacer. Mientras tenga salud, asegura, seguirá trabajando por los menos favorecidos, impulsando la artesanía y decorando sueños. Quizá por eso, cuando habla de su historia, no lo hace desde el pedestal del éxito, sino desde la misma mesa donde una niña aprendió a cortar pétalos de papel para salir a jugar. Ahí, entre tijeras pequeñas y flores improvisadas, empezó todo.

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