Bad Bunny transformó el escenario del Levi’s Stadium en una postal viva de Puerto Rico durante el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX, llevando hasta California referencias de su lugar natal.
Palmeras, postes eléctricos, una casa de barrio, una camioneta clásica y hasta una boda formaron parte del montaje que convirtió el campo de fútbol en una especie de barrio caribeño.
Tras la presentación, miles de usuarios en redes sociales comenzaron a preguntarse cómo fue posible levantar una escenografía tan detallada en cuestión de minutos. La respuesta está en un complejo trabajo logístico que obligó al equipo creativo a improvisar soluciones poco convencionales. Lea también: Las primeras protestas de Bad Bunny y su activismo hasta el Super Bowl 2026
Así fue el montaje del show de medio tiempo de Bad Bunny
La producción estuvo a cargo de Tribe Inc., empresa responsable del show de medio tiempo de la NFL desde hace casi dos décadas. Sus directores, Bruce y Shelley Rodgers, explicaron en conversación con Wired que esta edición fue una de las más exigentes técnicamente.
El principal obstáculo fue el propio estadio. A diferencia de otros recintos, el campo cuenta con césped natural, lo que limita drásticamente el ingreso de vehículos pesados para transportar utilería. Las reglas de la liga solo permiten un número reducido de carros sobre la cancha para evitar daños al terreno.
Ese detalle impedía trasladar estructuras grandes o elementos decorativos como vegetación artificial, algo clave para la estética que el artista quería replicar, inspirada en sus conciertos en Puerto Rico. Lea también: Bad Bunny y su primer Super Bowl: cuando acompañó a Shakira en el 2020
La solución: “plantas humanas”
Ante la restricción, el equipo optó por una estrategia inesperada: convertir a personas en parte del paisaje.
Cerca de 380 bailarines y extras vistieron trajes verdes y se movieron constantemente por el escenario, simulando cañaverales y zonas de vegetación. El efecto visual permitió crear profundidad y dinamismo sin necesidad de cargar estructuras pesadas.
El reto no solo era estético, también de seguridad. Cada desplazamiento debía ejecutarse en segundos para no interferir con los tiempos del espectáculo, que exige precisión milimétrica.

