Siete años antes de que Rossana naciera, su padre Héctor Lombana Piñeres descubrió un antídoto para el olvido. Era 1961 cuando Lombana se paseaba por el Camellón de los Mártires con Víctor Nieto Núñez, el dueño de Radio Miramar y el hombre que había traído el cine internacional al Caribe. El Festival Internacional de Cine de Cartagena (Ficci) tenía apenas un año de vida y Nieto cargaba una inquietud que no lo dejaba en paz: necesitaban un símbolo. Algo que se pudiera sostener en las manos. Su propio Óscar. “Bueno, un Óscar no, tiene que ser algo de aquí.”, precisó Lombana.
Cuando levantó los ojos encontró la respuesta donde siempre estaban: en la historia de esta ciudad. En el escudo de armas de Cartagena, grabado en piedra en el Parque del Centenario, reposaba la silueta de una mujer indígena sentada. Averiguaron quién era. Era Catalina: una mujer que había cruzado océanos, traducido imperios y sobrevivido al relato de los vencedores con una dignidad que los siglos no habían logrado borrar. Lombana no la quería sentada. La quería de pie. De regreso a su taller, entre la esquina de la Calle La Mantilla y la Iglesia del Centro Histórico, Lombana le pidió el primer boceto a Juan Orrillo, un dibujante español de trazo preciso, maestro en Bellas Artes junto a Lombana, y que además trabajaba con él en la agencia Sonar, una agencia de publicidad de amigos, y con los que el artista había logrado conseguir un canje de vuelos con Panamericana, con los que Víctor Nieto trajo a los primeros invitados al Festival, un año antes. Lea también: Revelan la lista de los nominados a los Premios India Catalina 2026
Así nació la estatuilla de los Premios India Catalina
En el taller, Orrillo trazó la figura sobre papel: una indígena erguida, con una postura ceremonial. Lombana tomó ese dibujo y primero lo talló en madera para después modelar en barro. Para el cuerpo de la estatuilla usó a su esposa, Tarsila Ochoa de Lombana como modelo. Para la posición empinada, a Cristina, su hija mayor, a quien ponía de puntillas en el taller de la calle de La Mantilla mientras modelaba. Cristina tenía cuatro años, y no sabía que estaba prestando sus piernas a la historia del cine colombiano.
Lo que salió de ese proceso no era un retrato de Catalina sino una geometría de su memoria: sin rostro definido, llena de ángulos, abstracta. “La Catalina de mi papá está llena de ángulos, es abstracta, tipo Óscar”, diría Rossana años después, cuando el tiempo le dio perspectiva sobre lo que su padre había hecho. Cuando el modelado en barro estuvo listo, los bosquejos marrones atravesaron la Torre del Reloj para llegar a Getsemaní, donde los hermanos Acevedo, maestros de la fundición con un taller en mitad del arrabal, lo convertían en certeza.

El mayor de los Acevedo era Eliceo. Junto a sus hermanos, Guillermo y Walberto, abrieron el taller en la Calle Lomba, en el Callejón Ancho de Getsemaní. Lombana y los Acevedo eran amigos, y en una de esas tertulias se hizo el pedido. Las primeras Catalinas, de bronce, salieron en seis cajas de tres. 18 Catalinas doradas que brillaban bajo los reflectores del Teatro Cartagena. De ahí en adelante, la estatuilla y la ciudad crecieron juntas. Durante los primeros quince años del Festival, el Camellón de los Mártires se vestía de oro con esa figura. Indias Catalinas de tamaño natural, hechas de papel maché, flanqueaban el paseo que conducía a los teatros Cartagena, Calamarí, Bucanero y Colón. Los pendones, los afiches en serigrafía, la ornamentación completa era también obra de Lombana y su agencia Sonar. Lea también: Premios India Catalina 2026: declaran desierta la categoría de Mejor Telenovela
La ciudad entera era, durante esas noches, un encargo suyo. 63 años después del paseo entre Victor Nieto y Hector Lombana, el Festival que inventó a Catalina sigue vistiendo las calles de Cartagena, y se convirtió en el más antiguo de América Latina. Sus imágenes ya no llenan sólo teatros, ahora inundan las islas de la ciudad, ocupan la casa quinta de un Nobel, llenan auditorios y vacían calles enteras para llevar el Cine del mundo a niños de barrios de Cartagena.
La labor de Nieto está a cargo de Margarita Díaz, otra cartagenera a quien le gusta poner películas. La historia del maestro Lombana y su Catalina es una de sus favoritas, aunque todavía no se filme. Este año Margarita entregará las Catalinas de Lombana en el Teatro Adolfo Mejía, en la edición número 65 del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, a apenas unos pasos de la primera casa de Catalina: el taller del maestro Lombana.
