La realizadora Catalina Santamaría presenta un documental que no solo reconstruye una historia poco conocida, sino que también revela las capas humanas detrás de un movimiento marcado por la resistencia, la migración y la vida en comunidad. La obra, que se estrenará el próximo 7 de mayo, surge de un proceso creativo que tomó años y que, según la directora, fue creciendo de manera orgánica a medida que encontraba nuevas voces y archivos.

De acuerdo con la entrevista que la directora concedió a El Universal, uno de los momentos más determinantes en la construcción del documental ocurrió cuando Santamaría recibió una serie de archivos que le permitieron ampliar la historia inicial. A partir de ese punto, decidió incorporar nuevas perspectivas, entre ellas la del proyecto conocido como “Puerta 10”, lo que la llevó a investigar más, entrevistar a otras personas y profundizar en los relatos que daban forma al universo narrativo.
El documental Squatters / Okupas, dirigido por Catalina Santamaría, nace como una mirada íntima y profundamente humana sobre quienes, en medio de la necesidad, encontraron en los edificios abandonados de Nueva York algo más que un techo: un hogar. A través de más de dos décadas de trabajo, la directora reconstruye las historias de inmigrantes y artistas que decidieron habitar lo que otros habían dejado atrás, convirtiendo espacios en ruinas en lugares llenos de vida, creatividad y comunidad.
En el corazón del relato está Umbrella House, un edificio que se transformó en símbolo de resistencia. Allí, sus habitantes no solo enfrentaron condiciones precarias y constantes amenazas de desalojo, sino que también construyeron una especie de familia basada en la solidaridad y la autogestión. Lo que desde afuera podía parecer abandono o caos, desde adentro se vivía como un espacio de libertad, donde cada quien aportaba para sostener una vida colectiva en medio de la incertidumbre.
Más allá de contar una historia del pasado, el documental plantea una reflexión vigente sobre la vivienda, la migración y la forma en que se construyen las ciudades. Muestra cómo, incluso en contextos adversos, las personas son capaces de organizarse, resistir y crear sentido de pertenencia. Es, en esencia, un retrato de dignidad y de las múltiples maneras en que se puede habitar el mundo cuando las estructuras tradicionales no dan respuesta.
En ese camino apareció un elemento clave que transformó por completo el enfoque del documental: la inclusión de las mujeres. La directora explicó que en un trabajo previo, centrado principalmente en figuras masculinas, estas historias habían quedado por fuera. Sin embargo, durante la investigación descubrió que varias mujeres —muchas de ellas colombianas— no solo hicieron parte del proceso, sino que vivieron experiencias igual de intensas, incluso criando a sus hijos dentro de estos espacios.

“Era una parte esencial de la historia”, aseguró Santamaría, quien destacó la resiliencia de estas mujeres al tomar decisiones de vida tan complejas como habitar estos lugares en condiciones precarias. Algunas de ellas, incluso, tuvieron a sus hijos dentro de los edificios ocupados, lo que añade una dimensión aún más profunda al relato.
Un documental desde la experiencia migrante
El documental también aborda el fenómeno desde la experiencia migrante. La cineasta, quien comparte esa condición, explicó que su cercanía con los protagonistas facilitó el acceso a sus historias. Más que una investigación distante, el proyecto nació de relaciones construidas con el tiempo, en espacios donde predominaban la solidaridad, la amistad y la sensación de refugio en medio de la incertidumbre.

“Fue algo que llegó a mí más que yo buscarlo”, comentó, al referirse al origen del documental. Esa conexión personal le permitió retratar no solo las dificultades —como la falta de servicios básicos— sino también los lazos comunitarios que se formaron en medio de esas circunstancias.
Se destaca que la producción no busca imponer una única lectura, sino ofrecer múltiples capas de interpretación. Cada espectador podrá conectarse con diferentes aspectos de la historia, ya sea a través de sus personajes, su contexto social o su dimensión emocional. En ese sentido, la música original, compuesta por Aurelio Caro, juega un papel fundamental al reforzar la atmósfera del relato y acompañar la experiencia narrativa.


El proceso de edición fue, según la directora, uno de los mayores retos. Reunir años de material, seleccionar historias y estructurar un relato coherente implicó un trabajo minucioso y prolongado. “Es un ejercicio de observar, escuchar y decidir qué contar”, explicó, reconociendo que muchas historias valiosas quedaron por fuera debido a las limitaciones del formato.
Más allá del resultado final, Santamaría asegura que este proyecto transformó su forma de ver la vida. Conocer a fondo las experiencias de los protagonistas le permitió dimensionar los esfuerzos, sacrificios y logros de quienes han vivido este tipo de procesos.
De cara al estreno, la directora espera que el documental logre conectar con el público de distintas maneras, sin imponer un mensaje único. “Que a cada persona le llegue lo que le tenga que llegar”, afirmó.
Finalmente, adelantó que ya trabaja en nuevos proyectos, entre ellos uno especialmente significativo para Colombia, que será anunciado próximamente. Mientras tanto, este documental se perfila como una ventana íntima hacia una historia de comunidad, resistencia y humanidad que pocos conocen, pero que muchos podrán sentir cercana.

