“Detrás de las cámaras soy la misma”, revela María Cecilia Botero mientras sonríe y deja ver esa faceta cercana que la ha convertido en una de las actrices más queridas de la televisión colombiana.

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El Universal
Actriz y periodista, María Cecilia Botero ha construido, con talento y disciplina, una de las trayectorias más sólidas, respetadas y entrañables de la televisión, el cine y el teatro en Colombia.
Con más de cinco décadas de carrera, la actriz ha construido una historia artística marcada por la disciplina, la versatilidad y una profunda conexión con el público. Sin embargo, detrás de los personajes inolvidables y de los reconocimientos, permanece una mujer que se define por la sencillez y la alegría. “Soy sincera, debo reconocer que he tenido mucha suerte”, comenta.
Su llegada a la actuación no fue producto de un plan cuidadosamente trazado. De hecho, recuerda que soñaba con ser antropóloga y alcanzó a estudiar varios semestres antes de que la actuación se cruzara en su camino. “Yo, de hecho, quería ser antropóloga. Alcancé a estudiar dos años, cuatro semestres de antropología”, cuenta. Lo que comenzó como una experiencia ocasional, cuando le ofrecieron actuar en una película a sus 15 años, terminó convirtiéndose en una vocación que marcaría para siempre su vida.
A lo largo de los años, María Cecilia Botero ha interpretado decenas de personajes que forman parte de la memoria colectiva de los colombianos. Cuando se le pregunta por los papeles que más guarda en el corazón, lo piensa unos segundos porque, como ella misma dice, “han sido muchos”; sin embargo, no duda en mencionar a la abuela Alma, de Encanto, una experiencia que le permitió trabajar con Disney tanto en inglés como en español.
También recuerda con cariño que cada uno de sus papeles la ha retado y le ha enseñado algo. Entre los retos más grandes de su carrera destaca a Rufina, en la serie Florina, porque le permitió demostrar una faceta distinta: la de villana. “Siempre me ponían de buena. Entonces hacer de mala fue también demostrar que sí podía”, cuenta con aires de nostalgia.
Cabe destacar que desde su debut en El fantasma de Canterville, en 1971, participó en producciones emblemáticas como La Vorágine, La Pezuña del Diablo, Caballo Viejo y Música, maestro, personajes que la convirtieron en una de las actrices más queridas de Colombia.
También incursionó en el cine con la película María y brilló en el teatro musical con montajes como Peter Pan. Su trayectoria ha estado marcada por distintos retos como actriz, presentadora y panelista, una versatilidad que hoy sigue vigente en espacios como Mujeres Sin Filtro, donde aporta su experiencia, sensibilidad y visión de vida.
María Cecilia siente que el público la ha amado mucho, y eso lo guarda en el corazón. Las críticas, en cambio, intenta no tomarlas demasiado en serio. “Me han dicho ‘vieja’, y decir que uno está viejo no es un insulto, es un halago, porque la única forma de no ser viejo es morirse joven”, afirma.
Mujeres Sin Filtro
María Cecilia Botero acepta cada reto que llega con la disposición de aprender en una industria que día a día se reinventa. Actualmente, una de sus facetas más visibles está en Mujeres Sin Filtro, el espacio que comparte con otras reconocidas mujeres como Flavia Dos Santos, Kika Nieto, Claudia Palacios, Natalia Sanint e invitadas que han convertido el programa en una conversación abierta sobre temas que durante años estuvieron rodeados de silencios y prejuicios.
Botero habla del proyecto con entusiasmo y afecto: “Es un proyecto amorosísimo, me encanta. Estoy super feliz haciendo eso, porque yo sí creo que hacía falta un espacio en donde se pudiera hablar de todo, sin tanto tabú”.
Para ella, el programa brinda herramientas para que las familias puedan abordar temas complejos con mayor naturalidad. La actriz considera que una de las grandes fortalezas del formato es la diversidad de opiniones: “Lo bueno es que cada cual expone lo que piensa”, afirma. Y aunque reconoce que existen desacuerdos, destaca que el respeto ha sido la clave del éxito.
UNICEF: pasión por los niños
Su vínculo con Unicef se extiende por décadas y nació prácticamente al mismo tiempo que su hijo Mateo. Desde entonces ha acompañado campañas y proyectos que buscan mejorar las condiciones de vida de miles de niños y niñas en Colombia. Hoy lidera la difusión de El Legado Solidario, una iniciativa que invita a las personas a organizar su patrimonio y destinar parte de él al bienestar de la infancia en el país.
Hablar de Unicef la emociona, pero también la preocupa: “Es muy chévere y al mismo tiempo es medio angustioso, porque ve uno tan de cerca las necesidades de las niñas y niños en Colombia”.
Con contundencia, cuestiona la poca atención que la niñez recibe en los debates públicos y políticos. “No le he escuchado a ninguno hablar del problema tan grave que tiene la niñez colombiana”, señala.
Para ella, garantizar educación, salud y condiciones dignas para los menores no es solo una obligación moral, sino una apuesta por el futuro del país.
La actriz insiste en que todos pueden aportar. “Cada peso cuenta”, asegura al invitar a los colombianos a convertirse en donantes de Unicef. La actriz, con los ojos llenos de esperanza, recuerda que las transformaciones profundas comienzan cuando la sociedad entiende que la infancia merece estar en el centro de las prioridades.
La conversación se torna más emotiva cuando reitera lo duro que es para muchos niños estudiar o tener los recursos básicos para vivir y hace un llamado a todos los colombianos a elegir con conciencia recordando que estamos construyendo un mundo para las siguientes generaciones.
Fuera de los reflectores, María Cecilia se describe como una mujer tranquila, amante de la lectura, la música y la soledad. Es toda una artista: vive, ama y crea desde el arte con la alegría que eso conlleva: “Defiendo la alegría por encima de todo”.
Esa filosofía parece resumir la esencia de una artista que ha sabido atravesar el tiempo sin perder autenticidad. En una industria cada vez más cambiante, su historia demuestra que el verdadero éxito no solo se mide por los aplausos, que ella también tiene, sino por la capacidad de reinventarse, servir y permanecer cercana a la gente.
A sus 71 años, María Cecilia Botero no es únicamente una actriz emblemática. Es una voz que promueve el diálogo, una defensora incansable de la niñez y una mujer que ha convertido su experiencia en una herramienta para construir país.
“Yo no miro lo que me hace falta, eso me entristecería. Yo siempre miro lo que tengo y lo que la vida me puede dar”, expresa.
Su legado, al igual que su carrera, sigue escribiéndose con humanidad, compromiso y una profunda pasión por la vida.
Esa naturalidad con la que ha vivido cada etapa de su carrera, junto con su compromiso social y su capacidad para conectar con distintas generaciones, explica por qué María Cecilia Botero sigue ocupando un lugar entrañable en el corazón de los colombianos.
