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Cartagena

Ararca, la comunidad de Barú que trabaja por salvar sus manglares

En Ararca, la comunidad trabaja por restaurar manglares y arrecifes, proteger la biodiversidad y fortalecer oportunidades sostenibles en Barú.

Ararca, la comunidad de Barú que trabaja por salvar sus manglares

Manglares de Ararca: la apuesta comunitaria por proteger la vida. //Foto: Cortesía.

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El confinamiento por la pandemia del Covid-19 marcó un antes y un después en la vida de millones de personas. En aquellos días en los que el mundo se paralizó y la incertidumbre reinaba en el ambiente, en Ararca, corregimiento de la isla de Barú, se vivió un hecho que afectó parte de su riqueza natural.

Algunos pobladores, envueltos en una ola de desinformación y dudas, empezaron a cortar mangle de manera indiscriminada. La situación afectó casi una hectárea de este importante ecosistema costero y marino y, aunque fue denunciada ante la autoridad ambiental, su recuperación sigue siendo un proceso que demanda tiempo, compromiso y trabajo comunitario.

Hoy, esa experiencia dolorosa sirve como punto de partida para entender el valor de iniciativas como Ecosistema Azul, un proyecto que busca restaurar manglares y arrecifes, al tiempo que genera oportunidades sostenibles para las comunidades que dependen de estos territorios.

Ararca cuida sus manglares: una apuesta por la vida en Barú. //Foto: Cortesía.
Ararca cuida sus manglares: una apuesta por la vida en Barú. //Foto: Cortesía.

Así lo cuenta y lo vive Juan Carlos Cuadros, representante legal de Tuarisba (Turismo en Ararca Isla de Barú), organización que, junto a la Fundación Grupo Argos, la Fundación Santo Domingo, el apoyo de la Fundación Decamerón y el respaldo de Impacto Colectivo Barú 2030, impulsa esta iniciativa en Ararca.

“Es un trabajo integral entre las comunidades, el sector privado y lo público, para ayudar a conservar nuestro ecosistema en la isla de Barú”, destaca este líder y nativo del pueblo. Cuadros explicó, en diálogo con Facetas, que este proyecto integra una serie de acciones que van desde las jornadas de siembra de plántulas de mangle hasta actividades de restauración y monitoreo ambiental orientadas a la protección de los ecosistemas marino-costeros de la isla.

“Todo el eje central de esta iniciativa depende de las comunidades, enlazadas con nuestros artes y saberes a través del ecoturismo, del turismo responsable y de la cultura. Eso es lo que se engloba en el tema de la economía azul: cómo dinamizamos desde el saber hacer para conservar nuestros recursos y, al mismo tiempo, darlos a conocer al mundo”, sostiene.

Ararca y su lucha por conservar los manglares de Barú. //Foto: Ronald Echeverría.
Ararca y su lucha por conservar los manglares de Barú. //Foto: Ronald Echeverría.

Y es que la clave de Ecosistema Azul es, precisamente, permitir que la comunidad se beneficie de oportunidades sostenibles a partir del cuidado y la preservación de los manglares.

“Cuando hablamos de Ecosistema Azul, hablamos de entender que nuestros manglares, ciénagas, playas y cuerpos de agua no son solo recursos ambientales; también hacen parte de la identidad cultural y económica de Barú. Por eso este proyecto es tan importante, porque busca proteger estos ecosistemas mientras genera oportunidades sostenibles para las comunidades que viven alrededor de ellos”, subraya María Stephanie González, gerente de Inversión Social de la Fundación Santo Domingo.

Juan Carlos Cuadros, representante legal de Tuarisba. //Foto: Ronald Echeverría.
Juan Carlos Cuadros, representante legal de Tuarisba. //Foto: Ronald Echeverría.

Ararca y su lucha por conservar los manglares de Barú

Ararca está rodeado de cuerpos de agua y manglares. Sus habitantes conocen la importancia de cuidar estos ecosistemas, que no solo son una barrera natural para proteger las costas, sino también el hogar de innumerables especies que encuentran refugio entre sus raíces.

Así lo explica Juan Carlos: “Cualquiera dice que los manglares son un árbol común en el mar, ¿no? Pero tienen una función biológica vital en nuestro ecosistema. Primero, ayudan a capturar más dióxido de carbono que cualquier otra especie en cualquier ecosistema. Segundo, nuestra canasta alimenticia depende de los manglares, porque son esas salas cuna donde los peces vienen a desovar. Nosotros, los ararqueros, hemos entendido que los manglares hacen parte de nuestro hábitat y de nuestra familia. Hemos aprendido que, si no cuidamos ese ecosistema que tenemos al frente, no tendremos un mañana ni un futuro para nuestras generaciones. Por eso, el manglar se ha vuelto parte integral de nuestra vida, de nuestro saber y de nuestra cultura”.

Ararca cuida sus manglares: una apuesta por la vida en Barú. /Ronald Echeverría.
Ararca cuida sus manglares: una apuesta por la vida en Barú. /Ronald Echeverría.

Este líder comunitario explica que, a través de Tuarisba, buscan acercar al visitante a una experiencia que no solo le permite adentrarse en los manglares, sino también conocerlos y participar en su siembra.

En medio de esa ruta turística, los visitantes llegan hasta un vivero comunitario en el que la fuerza femenina está representada por madres cabeza de hogar, quienes se encargan de recolectar las semillas en el manglar y adelantar la germinación de 15 mil semillas de mangle rojo y negro. Una vez germinadas, se procede a la labor de reforestación, en la que participan pescadores que llevan estos nuevos mangles a las zonas donde escasean.

“Yo les recomiendo a todos los cartageneros y visitantes que se sumen a este turismo de naturaleza, que entiendan la importancia de integrarse al manglar, de comprender cómo ese pulmón verde me ayuda a mí y nos ayuda a todos en la producción de oxígeno. Y, más que todo, que es una forma de desconectarse. Cada persona que visita la isla ayuda a seguir conservando ese ecosistema que tenemos aquí”, sostiene Juan Carlos.

Ciénaga Los Coquitos en Ararca. //Foto: Dron EU.
Ciénaga Los Coquitos en Ararca. //Foto: Dron EU.

El vivero Tuarisba se convierte, además, en una escuela abierta para compartir saberes ancestrales e identificar y entender los procesos de siembra de mangles.

“Nosotros no nos hemos encasillado en sembrar un solo tipo de manglar, el mangle rojo, el Rhizophora mangle, que es el que germina con mayor intensidad y rapidez, sino en tener equivalencia de todos los manglares. ¿Por qué? Porque en un ecosistema de manglar no hay solamente una especie. Es un componente de las cinco especies que existen para poder formar un ecosistema de manglar”, explica el líder.

Según lo informado por las fundaciones que hacen parte de este proyecto, con Ecosistema Azul se avanza hacia metas como la conservación y restauración de 193 hectáreas de manglar, la protección de cuatro hectáreas de arrecifes de coral, el fortalecimiento de cinco negocios verdes, la consolidación de estrategias para la conservación de especies marino-costeras y la promoción de modelos de desarrollo que contribuyan a la sostenibilidad ambiental y económica de Barú.

Visitar la isla de Barú es entender que, además de sus cuerpos de agua, el mangle es cuna de vida y parte esencial de la riqueza natural de este importante sector de Cartagena de Indias, un territorio lleno de magia, belleza y memoria comunitaria.

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