Farándula

Joe Arroyo, 15 años después: las confesiones de una entrevista inolvidable

Crónica de un encuentro en la casa de Joe Arroyo (1955-2011), al cumplirse 15 años de su partida.

Joe Arroyo, 15 años después: las confesiones de una entrevista inolvidable

Quince años sin El Joe Arroyo. //Foto: Colprensa.

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Joe Arroyo era escurridizo para las entrevistas. Rehusó que lo entrevistara en su casa, pero gracias a su compadre Ángel Thorrens, logró recibirme una noche en su casa de la calle 80 en Barranquilla. Joe dijo que las preguntas que yo tenía escritas en un cuaderno le parecían “una carreta bacana”, y con su voz singular, su “lengua pegada” que convertía las erres arrastradas en relinchos de caballo, respondió mis inquietudes, y al final, me invitó a cenar pastas en un restaurante italiano, junto a su familia.

Para conmemorar los 15 años de su partida, seleccioné algunos párrafos de aquella larga conversación de una noche en su casa, en la voz de Joe Arroyo:

“Yo siempre estaba cantando en la casa. Tenía 7 u 8 años y tenía la costumbre de meter la cabeza en una lata vacía de manteca para cantar. Me gustaba cantar baladas. Lo que se oía por la radio: Raphael, Los Ángeles Negros. Yo los imitaba. Me gustaba oír el eco de mi voz dentro de la lata. Me gustaba oír cómo se iba mejorando, perfeccionando la voz.

En verdad, no había ambiente para que yo fuera músico. Mi primer instrumento musical fue una peinilla que forré con papel aluminio, mientras soplaba y sacaba las primeras canciones. Así me fui convirtiendo en un cantante de barrio, en el cantante de mi casa; pero en ese entonces, ser cantante era lo más terrible para una familia. Se creía que todo cantante terminaría siendo un caso perdido, un cantante de borrachos. Lea también: ‘El Hijo Mayor de Cartagena’, Joe Arroyo, 15 años después, desde la mirada de las nuevas generaciones, por UdeC Radio

Joe Arroyo (1955-2011) dejó un inmenso patrimonio con centenares de canciones, muchas de ellas de su autoría, además de versiones y arreglos propios. Su museo integra 5.000 fotografías, discos de oro, condecoraciones, vestimentas de sus conciertos, sus claves, 18 Congos de Oro y dos Super Congos de Oro. Su canción “Trato” fue un éxito en los Carnavales de Barranquilla en 2025 y se viralizó durante las Fiestas de Independencia de Cartagena ese mismo año.

Dos referencias musicales tuve: el maestro Lezama y ‘el Pollo’ Sotomayor. Yo estudiaba en el Colegio Santo Domingo y cantaba en las misas. Por las noches, cantaba en los bares de la zona de tolerancia ‘Tesca’, y me ganaba $100, con los que pagaba mi colegio y compraba ropa.

Tenía 7 u 8 años y tenía la costumbre de meter la cabeza en una lata vacía de manteca para cantar.

 Joe Arroyo.

Una noche yo cantaba sobre una mesa, cantaba sones, toda la música antillana y africana que iba llegando de contrabando al puerto de Cartagena, y de pronto vi entrar por la puerta del bar, a mi profesor de Física, que todos llamábamos ‘Meteorito’. Venía vestido con una camisa naranja que alumbraba, y lo primero que dijo al entrar y verme fue: ‘¿Y usted qué hace aquí?’ Lo mismo pregunté yo, aturdido entre la multitud del Bar El Príncipe: ‘Profesor, ¿y usted qué hace aquí?’

Él no podía creerlo: yo era un niño, era el solista de la coral, el escogido para las misas cantadas, y en una noche todo parecía venirse abajo, al descubrirme mi profesor de Física en uno de los bares de Tesca. Cantar ahí era un secreto. Iba con un vestido de cantante, con las camisas brillantes y ajustadas de la época, los zapatos con carramplones, las patillas largas y los pantalones de bota ancha.

El ‘Meteorito’ denunció mi presencia en Tesca ante la Rectoría y fui suspendido del colegio. Fui echado del colegio. Un escándalo. ¿Quién iba a reemplazarme en las misas cantadas?

Ocurrió entonces que días después llegaba de Bogotá el Arzobispo, y la coral preparaba un concierto. Fueron a mi casa y me pidieron que me reintegrara a la Coral. No había quién me reemplazara en el colegio en las misas cantadas.

Me entraron unas ganas enormes de irme de la ciudad, de meterme en una orquesta. En Cartagena estaba El Nene, Víctor Del Real, El Gato, un gran trombonista. Yo era un muchacho de 14 años, estaba muy biche, pero con la obsesión de seguir cantando. Y un día, en pleno recreo, casi sin pensarlo dos veces, me embarqué en un bus rumbo a Barranquilla. Lea también: Ella es Lali De la Hoz, la barranquillera que revive el legado de Joe Arroyo

Estaba en su apogeo Michi Sarmiento, pionero de la salsa, con su Combo Bravo y Joel Hurtado. Ángela, mi mamá, se preocupó y fue a buscarme a Barranquilla.

Álvaro José Arroyo, conocido como el Joe falleció a sus 55 años luego de permanecer un mes internado en la Clínica La Asunción. (Colprensa)
Álvaro José Arroyo, conocido como el Joe falleció a sus 55 años luego de permanecer un mes internado en la Clínica La Asunción. (Colprensa)

Antes de hacer ‘Tania’, a los 18 años, yo había compuesto otras canciones en el colegio, pero se me perdieron. Eran canciones que hablaban del amor, de los problemas sociales. Otras canciones las soñé, como ‘Catalina del Mar’. Me despertaba con el raro sabor de una canción que me daba vueltas sin hacerse realidad, y al despertar, juntaba los sonidos del sueño.

Toda mi influencia proviene de las islas. No dejo de escuchar música africana, haitiana y cubana. Desde muy temprano tuve ese instinto, ese gozo de escuchar esa música. Ahora, Cartagena es una ciudad que tiene el privilegio de reunir la música de los orígenes, una ciudad donde la música que uno vive tiene su partida de bautismo en el África, música de mezclas en donde lo africano, lo indígena y lo europeo crearon una música nueva.

A mí me atrae la salsa, los ritmos del Caribe, el calypso, la soca y los ritmos del Caribe colombiano, la cumbia, la gaita, el chandé. Yo le rindo homenaje a una gran mujer del folclor colombiano, Estefanía Caicedo, con sus temas hermosos ‘La Verdolaga’, ‘Dolores tiene un piano’ y ‘Bullerengue en el cielo’.

Admiro mucho a Rubén Blades. Me atrae esa música que no pierde su fuerza en el tiempo, aquella que se niega a pasar de la memoria de la gente, aquella que no pasa desapercibida de esa memoria, porque el sonido que la sostiene está muy dentro de cada uno de nosotros mismos.

Mi aporte a la música es lo que yo he llamado el ‘Joesón’, síntesis de ritmos, en donde están la salsa y la cumbia, sin que ninguno opaque al otro. Mis favoritos son Bobby Cruz y Richie Rey.

Me impresiona la gente que no es personaje. Mi abuela Ana Chávez, que vive en el barrio Nariño, de Cartagena, ella es feliz y no se cambia por nadie.

He estado muy cerca de la muerte; pero no le temo. Solamente por los hijos quisiera llegar a viejo, pero cantando. Quiero hacer un álbum con el estilo de los años en que estaba con Fruko. Esa fue una etapa de oro de mi vida y fue un gran momento para la salsa de Colombia y del continente.

Yo no he dejado de componer, inclusive cuando he estado cerca de la muerte. Tú sabes que estuve moribundo, con eso de la tiroides que todo el mundo decía que era la droga. Sí, estuve en la droga, conocí ese infierno, jugué a la candela y le gané a la candela.

Yo estoy vivo porque los barranquilleros quisieron que estuviera vivo. En el peor momento de mi vida sentí el apoyo de Barranquilla; por eso vivo aquí, por eso hice la canción ‘En Barranquilla me quedo’, una demostración de mi afecto a esa ciudad que me dio la mano."

Despedida

Me sorprendió que la música que escogió Joe Arroyo al llevarme en su vehículo al restaurante italiano era música del haitiano Coupé Cloué. Me dijo que era de sus preferidos. Le dije que esa música me hacía muy feliz.

Como la suya también.

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