La actriz y modelo colombiana Akima de “Cien años de soledad” denunció públicamente el presunto uso no autorizado de su imagen para crear avatares comerciales mediante inteligencia artificial.

Según la información difundida sobre el caso, el productor Mauricio Sierra habría utilizado sus rasgos físicos para desarrollar representaciones digitales que posteriormente habrían sido ofrecidas a marcas de lujo internacionales.
Video con los detalles de la denuncia pública:
@callmeakimaa Denuncia 🔺 Todo está en una historia destacada en mi ig
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La situación ha generado interrogantes sobre los límites del uso de la inteligencia artificial en la industria de la moda y el entretenimiento, especialmente cuando se emplea la apariencia de una persona real con fines comerciales sin que exista, presuntamente, autorización para hacerlo.
Akima, quien ha estado vinculada a la producción de ‘Cien años de soledad’ donde da vida a Rebecca Buendia, puso sobre la mesa una preocupación que cada vez cobra mayor relevancia: la posibilidad de reproducir el rostro y la identidad visual de artistas y modelos mediante herramientas tecnológicas, sin su consentimiento.
La creación de modelos virtuales se ha convertido en una alternativa para campañas publicitarias, fotografías y contenidos digitales. Sin embargo, el debate surge cuando estas representaciones utilizan la imagen de personas reales y pueden generar beneficios económicos para terceros.
En este contexto, el caso plantea preguntas sobre los derechos de imagen, la autorización para explotar comercialmente los rasgos físicos y las responsabilidades de quienes desarrollan o comercializan avatares creados con inteligencia artificial.

Problemas de suplantación con Inteligencia Artificial
La denuncia también vuelve a poner en discusión la necesidad de establecer mecanismos de protección frente a posibles usos indebidos de la identidad digital, en un momento en el que las nuevas tecnologías permiten generar imágenes cada vez más realistas.
El caso de Akima abre así una conversación sobre el consentimiento y los límites de la inteligencia artificial en una industria donde la imagen personal puede convertirse en un activo comercial.

