“Mi mamá cocina rico, es chef, y conquistó a mi papá, que es diplomático, por el estómago”. Así, en presente y con una sonrisa imborrable, empieza la conversación esta exótica mujer, quien tiene una mezcla especial, donde confluyen África y el Caribe, dando paso a su inagotable talento para la música.
La artista en cuestión es Antombo Langangui Barahona, bien podría ser la reina en una tribu africana, pero el destino la trasladó a Colombia, y aunque su historia tiene momentos que fluctuaron entre la tristeza, el desanimo y la incertidumbre, se siente bendecida al saber que fue capaz de sortear cada situación.
Antombo nació en Bangui, capital de República Centroafricana, su padre, Jean Langangui, era de Gabón, otro país africano, y su mamá, Elbadina Barahona, colombiana de Rincón Hondo, Cesar. Se conocieron en Venezuela, hasta donde ella había llegado a trabajar como chef acompañada por sus dos hijos, Omar y Alba Inés, fruto de una primera unión, y como ya lo aclaró, lo enamoró con la comida, se casaron y nació Ossengue, la primera hija en común.
De vuelta en África, establecidos formalmente y con otra hija, la vida de esta familia dio un giro inesperado, Jean y su mujer fueron diagnosticados con VIH, ubicándolos de inmediato en un panorama incierto frente a sus hijos. Eran los años 80 y un tratamiento efectivo para la enfermedad estaba muy lejos de concebirse, por lo que Elbadina tomó la determinación de regresar a Colombia para garantizar a los niños seguridad, al menos cerca de su familia.
La adaptación
El regreso, marcado por la tragedia, no era garantía de que todo saldría de la mejor manera, sin embargo, establecerse en Bogotá parecía ser lo más ajustado para el crecimiento de los niños, que no tardaron en quedar solos ante la muerte de su mamá, que estuvo antecedida por la del padre en África.
Ahí empezó el tránsito por la discriminación, afirma Antombo, quien sufrió exclusión no solo por la etnia, también su nombre sonaba diferente, el idioma era francés, hablaba poco español, y en general todo sumó para hacerle la existencia complicada.
Adicionalmente al ser menores de edad tuvieron que permanecer bajo el amparo del Instituto de Bienestar Familiar hasta que su hermano, en múltiples trabajos y como boxeador profesional, logró la custodia de las niñas, pero eso no libró a esta artista de momentos duros. (Lea aquí: Melendi y Aymée Nuviola cantan por la libertad de Cuba)
“¿Qué estoy haciendo aquí?, ¿Por qué mi mamá me puso ese nombre?, eran algunos de sus cuestionamientos, pero precisamente eso la inspiró y afortunadamente encontró respuestas en Bogotá. Juan de Dios Mosquera, a través de su movimiento Cimarrón y su escuela Nelson Mandela, la llenó de herramientas, aprendió la historia afro de Colombia hasta empoderarse, llenarse de orgullo y el deseo de enaltecer eso que para otros es vergüenza.

Nuevos horizontes
Lo anterior es en resumen la experiencia de vida infantil y adolescente de Antombo Langangui, sin embargo, su fortaleza se afianza en gratitud, no hay negatividad y el camino para ella está signado hacia adelante.
Omar, además de ser boxeador, profesor de inglés y francés, también canta reggae y hip hop, y en medio de presentaciones en la Media Torta, despertó el talento dormido de su hermana, que para entonces escribía canciones, hasta cuando llegó un amigo y le pidió entonar un tema en francés que por obvias razones le representaba seguridad.
La canción ganó un concurso, dando paso a una chica de 14 años que se redescubría, con una conexión especial hacia el arte y pensando con certeza que allí estaría, a partir de ese instante, su lugar en la vida. El escenario se volvió su espacio y con el grupo “Panteras negras” empezó la evolución.
A través de su hermana Alba Inés, quien es profesora de danzas y folclor, llegó a Puerto Tejada, donde conoció a Pablo Fortaleza, su amigo y socio, con él creó el Grupo Profetas hace 22 años y sin cédula, como afirma de forma divertida.
Con una tecnología incipiente lograron poner en My Space su primer álbum llamado “Amor y fortaleza” que hizo un recorrido por el norte de Europa, alzándose con el premio de un festival de música, representado en un tour que los llevó por un circuito de verano donde sonaba con fuerza el hip hop, dancehall, reggae, y ese fue un debut internacional de una carrera que los ha puesto a vivir del arte.
En 2013, Antombo sintió la necesidad de expresarse en solitario y lanzó su álbum “Natural”, que tuvo mucha aceptación pese a que sus seguidores ya estaban acostumbrados al grupo. Con este proyecto estuvo en la tarima principal de Rock al Parque, en Estéreo Picnic, escenarios importantes que solo pensó visitar con el Grupo Profetas, pero como Antombo también recibió el afecto de los fans que valoraron esta otra faceta artística.
Actualmente está en modo “Campeona”, es su sencillo más reciente, y ahí inspirada en su hermano, se puso los “guantes” para expresar la experiencia vivida en pandemia, cuando en medio del encierro Omar le animaba a entrenar como si fuese a un combate, sacando más la fortaleza que la anima desde niña.
Esta rutina la llevó a crear dos discos, el del Grupo Profetas, el suyo y Pablo Fortaleza se animó a crear a su nombre, por lo que ahora son tres proyectos consolidados y como primero van las damas, Antombo salió con “La movie” y “Campeona”, dos temas que hablan el empoderamiento femenino.
Antombo Langangui canta en español, francés e inglés y afirma que la globalización ha demostrado que el afrobeat se está tomando el mundo, un sonido que en Colombia se llama champeta, en Jamaica es Dancehall, en Estados Unidos es hip hop y África está la cuna.
