Cheo tenía su tumbao. Era un artista en su forma de hablar, de caminar, con esa vestimenta que lo hacía diferente, y de endulzar su salsa y deporte con ese conocimiento nato que solo Dios le regala a los grandes.
Un talento único en la radio, pero más que todo una memoria inigualable.
En Arenal lo escuché desde niño, sin saber más tarde que me haría amigo de él, una insignia en la radio, en el deporte y la música.
Ya trabajando en El Universal lo aprendí a conocer. Un vez me fui para mi pueblo y en mi barrio Torices lo vi pasar al frente de la casa. Iba caminando rápido, como solía hacerlo el flaco. Llevaba una camisa de flores, un pantalón boca de tubo y su pelo rizado.
Me dije: "Cheo que hace por aquí". Él no me vio. Después me dijo: Andre, yo soy el esposo de Borna".
Ahorita, en la funeraria Lorduy, me partió el alma verlo ya en ese cajón. Borna, mi paisana al lado, destrozada porque su cheo, su periodista partió al cielo.
Cheo siempre fue un personaje de la salva en el mundo. En la Clínica El Bosque (antigua San Juan de Dios) lo fueron a visitar grandes figuras de la música, como Óscar de León y tantos otros que querían animarlo para que no se sintiera solo.
Peleó contra ese cáncer que humilla a los más grandes y que solo Dios dirá cuando los médicos encontrarán esa medicina para hacerle frente.
Quien escuchaba a Cheo en Tropicana, Olímpica o Caracol se documentaba. Sabía como llevar su alocución. En su programa Salsa y Playa se destapaba con altura y elegancia con su voz única, un tanto ronca, pero agradable.
Sus inicios en el periodismo fueron en deporte. Sabía de béisbol y boxeo como ninguno. Pero lo de él siempre fue la salsa, que la llevaba en la sangre.
Nadie lo pudo corchar en ningún tema por muy viejo que fuera. Al escuchar la melodía, decía sin titubeos: "Ese es Héctor Lavoe, un tema muy polémico, que grabó en el año 1966. Su verdadero nombre era Héctor Juan Pérez Martínez".
Cheo lo hacía sin arrogancia, lo decía porque sabía y para saber se necesitaba estudiar y él era un estudioso.
Su verdadero nombre era José Guillermo Romero Verbel. Muchas anécdotas, muchos recuerdos quedan de él. En las fiestas novembrinas era el personaje de moda. Se pintaba el pelo de verde, de rojo, de azul y se ponía unas pintas llamativas.
Ese era Cheo. El artista que a los 67 años parte al cielo. Dios lo llamó para ser el periodista oficial de salsa allá en el cielo. Muchos artistas se emocionaron con su llegada. Pero aquí en Cartagena nos dejó una tristeza infinita.
Llora la radio, llora el periodismo. Adiós maestro.
