Camilo George Chams nació en Jdeideh (Líbano) el 18 de julio de 1912 y se fue del mundo terrenal el 11 de octubre de 1969, a los 57 años de edad. Un infarto se lo llevó en Fundación (Magdalena), su segunda patria. Sus últimos instantes fueron al lado de su hija Míriam George, quien con apenas 15 años fue la única de la familia que pudo ver la partida de su querido padre.
Por estos días sus cuatro hijos: Míriam, Kémel, Elías y Édgar George González están embargados de alegría y de tantos gratos recuerdos, al ser evocada la memoria de su amado padre en la extraordinaria bionovela a Leandro Díaz, ‘El artista ciego que veía con los ojos del alma’, transmitida por RCN Televisión todas las noches a las 9:30 p.m.
En el arranque narrativo de esa cautivante producción, al recordado comerciante que echo raíces en la cálida ciudad de Fundación, se le reseña como ‘el Turco’ Camilo, pues así era cariñosamente reconocido en los lares del Magdalena Grande (Cesar, La Guajira y Magdalena) este bohemio, alegre, innovador y solidario inmigrante libanés, hombre erudito y a la vez sencillo y generoso, que hablaba árabe, francés y español.
Cuenta Míriam que un día su padre llegó a la casa en pantaloncillos, y su esposa Diosa María le dijo: “Cómo llegas en calzoncillos, que te pasa...” y él respondió: “Aah, porque alguien me dijo que esa ropa era muy linda (era toda de lino blanco) y me dio dolor porque era pobre y yo se la regalé”.
Procedente del Medio Oriente, Camilo George fue pionero de los Festivales de Acordeón y de Música Vallenata a mediados del siglo pasado, apoyado siempre por su esposa y madre de sus hijos, Cora María González, a quien le decían Diosa María, nacida en Salamina (Magdalena), y extinta a los 98 años.
“Sobre una tarima, frente a la Casa George, escuchamos a Leandro Díaz, Luis Enrique y Chema Martínez, a don Toba, Abel Antonio Villa, Alfredo Gutiérrez, los Pequeños Vallenatos, los Gaiteros de San Jacinto, buscando motivar a una región que recibió a nuestro padre con cariño en su suelo y después en sus entrañas, cuando la Providencia que lo trajo se lo llevó a otros sitios, seguramente a iniciar otros festivales con esas almas incorregibles y andariegas como la suya, almas felices, caminantes eternos, que con sus instrumentos y su voz exaltaban aquellos hechos que rodean a la gente de la provincia, su ambiente, ríos y montañas, veredas, árboles, lluvia y tiempo, cielo y mar, casi siempre enmarcando en las lisonjas a ese extraordinario producto de la naturaleza: la mujer”, relatan sus hijos.
Y agregan lo siguiente: “Por ello, nos atrevemos desde este artículo, invitar no solo a la comunidad musical de Fundación y del Magdalena, sino a sus dirigentes municipales y departamentales para retomar la realización de los festivales de acordeón que merecidamente deben llevarse a cabo en el pueblo donde se originaron, como lo es Fundación, y creemos que como homenaje tangible e imperecedero debe llevar el nombre de su ilustre precursor, Festival Camilo George Chams”.

Son tantas cosas buenas recreadas en torno a este hombre de gran calidad humana, desbordado en amor por su familia, que jamás habrá fecha de caducidad para las remembranzas, pues en su esplendor humano Camilo alcanzó el culmen de la magnanimidad.
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“En las galvanizadas ideas aferradas a la región donde finalmente quedo ‘atrapado’ en 1944 por la hospitalidad de sus gentes, Camilo George montó en Fundación el gran almacén de la familia en un área de 1.400 metros cuadrados, llamada CASA GEORGE, miscelánea donde sus vecinos, amigos, clientes y forasteros encontraban una enorme variedad de casi todo tipo de mercancías para el hogar, electrodomésticos, discos e instrumentos musicales, a los cuales agregó el acordeón, instrumento estrella que empezaba a destacarse en esta parte de la Región Caribe por sus notables ejecutores”, tal como nos relata Roque Filomena, legendario amigo de la familia George, paisano de Fundación.
Casa George fue ese reducto estelar desde el cual desplegó toda su imaginación para entregarse a esa tierra que lo acogió con tanto cariño.
El visionario ‘Turco’ Camilo fue miembro fundador del Club Fundación y del Club Rotario. Además, fue Masón, maestro en grado 33
Uno de los momentos más difíciles en la familia George, fue el fallecimiento de Nayibe Galeano George, hija de Míriam, con apenas 33 años. Un cáncer se la quitó del seno familiar, más no su dulce y eterno recuerdo.
Nayibe dejó a su hijo Philippe de Bedout Galeano, ahora con 20 años y estudiante en Boston.
Explica Míriam George que ella quería muy cerca de su casa en Bocagrande, los restos cremados de su hija Nayibe (en idioma libanés Nayibe significa ‘Sol Naciente’), pero no había cupo en el cenizario de la Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.
Entonces a su hijo Elías Galeno George, arquitecto, le nació la idea de regalarle a la comunidad de Bocagrande un cenizario donde igualmente reposara la memoria de Nayibe, y previo los debidos permisos, lo construyeron con el apoyo de la familia Galeano George, incluido Camilo, hijo menor de Míriam y de Luis Enrique Galeano, padre de este hogar.
El cenizario se llama Alyane, que en idioma árabe significa ‘El Paraíso’. La comunidad árabe de Cartagena ayudó mucho en la cristalización de esta obra.
De paso el arquitecto Elías Galeano se ganó en la Universidad de los Andes el premio a la Mejor Tesis, que fue un cenizario.
