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Redes sociales y estándares de belleza: el impacto psicológico que hay detrás

Famosas como Karol G y Lele Pons han emprendido una cruzada por promover el amor propio y erradicar los estándares de belleza en las redes sociales. Un análisis necesario.

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JULIANA ROMERO TORRES
21 ABR 2023 - 03:55 PM

Karol G y su mensaje en contra de las ediciones y el Photoshop. // Foto: cortesía.

Compararse es ser esclavo de algo o alguien que no eres, es someterse a una proyección que, lejos de ser sana, promueve prácticas indebidas que se vuelven contraproducentes, o simplemente nocivas. (Le puede interesar: Karol G está molesta por foto en revista pasada de retoques)

Los estándares de belleza siguen más vigentes que nunca, tanto así que su aplicabilidad dentro de la industria musical, de la moda y de los medios en sí, sigue siendo un asunto no resuelto. Lo más reciente fue lo ocurrido con la cantante paisa Karol G quien, a través de sus redes sociales, mostró su disgusto, decepción e inconformidad con lo que dijo fueron las ediciones excesivas en su rostro y cuerpo por parte de una revista para su portada.

Días después, durante una presentación en ‘Saturday Night Live’, un programa estadounidense que se caracteriza por ser cómico, con situaciones humorísticamente extrañas, parodias y sarcásticas bromas que realizan a personajes importantes, aprovechó para enviar un mensaje en contra de las ediciones. Solo le bastó vestir una camiseta, cuyo estampado era una señal de prohibición con la palabra Photoshop, para así sutilmente referirse en una última ocasión a lo sucedido.

Diana Cecilia Gómez Miranda, psicóloga clínica especialista en psicología clínica cognitivo-conductual y magíster en profundización clínica cognitivo-conductual, se refirió a una temática que, a propósito del auge que tienen las redes sociales, se ve contrastada día a día: sobre el amor propio y el impacto que tienen éstas. (Le puede interesar: “Estoy feliz de que Karol G esté creando conciencia”: Jamie Lee Curtis)

Cuando hablamos de autoestima, hablamos de un constructo compuesto principalmente por cuatro factores: autoconcepto, autoimagen, autorrefuerzo y autoeficacia”.

Diana Cecilia Gómez Miranda, psicóloga clínica.

Algunas personas piensan que tener dificultades de autoestima es “no gustarse físicamente”, y no es así. La autoestima va aún más allá. “No es sólo gustarse o quererse uno mismo, de hecho, cuando hablamos de autoestima, hablamos de un constructo compuesto principalmente por cuatro factores: autoconcepto, autoimagen, autorrefuerzo y autoeficacia”, reveló.

“¿Qué piensas de ti mismo?, ¿qué tanto te agradas?, ¿qué tanto te premias y te das gusto? Y ¿Qué tanta confianza tienes en ti?” conforman esta construcción teórica, pero desde el autoconocimiento y el autorrespeto, en principio. De lo contrario, se distorsiona y se pone en riesgo el aprecio o consideración que se tiene de sí mismo.

Todos estos factores se ven directamente alterados cuando, en la actualidad, todavía es preciso ver cómo siguen primando cánones o estándares de belleza que, sin lugar a dudas, generan cuestionamientos internos en las personas que consumen determinados productos o piezas audiovisuales con el propósito de hacer parte de lo que, según, la sociedad considera convencionalmente como “hermoso” o “atractivo”, y en el peor de los casos, como “perfecto”.

En ese instante es cuando llegan las constantes comparaciones con otros, basando entonces la valía sobre sí mismo en la percepción u opinión de otras personas. Justo ahí las redes sociales y el “fenómeno” de los influencers o figuras públicas juegan un papel trascendental. (Le puede interesar: ¡Todo un éxito! La presentación de Karol G en ‘Saturday Night Live’)

Es sabido que gran tiempo es invertido en redes sociales y que, además, parte también de la naturaleza del ser humano el compararse, tanto así que la comparación social está profundamente arraigada en la psique del hombre. El saber cómo se está en relación con el otro. De hecho, cabe destacar que no todas las comparaciones tienen un efecto negativo, en algunos casos se pueden emplear como motivación, como ejemplo de superación, inspiración, emulando aquello que ha funcionado a otro y ha traído consigo grandes beneficios.

Así pues, el punto con las redes radica en que no solo la persona se está comparando con otra, sino que además lo hace con versiones “mejoradas u optimizadas” y, en ocasiones, alejadas de la realidad de esa vida que comulgan otros. Esto, sin lugar a dudas, está teniendo un fuerte impacto en la salud mental (ansiedad, depresión, dificultades con autoimagen, imagen corporal, identidad, problemas alimenticios, etc.).

Un ejemplo de ello son las constantes imposiciones que se hacen en estas plataformas con el fin de mostrar “perfección” cuando es inexistente. Que aceptarse es ser capaz de reconocerse a sí mismo y saber que no es necesario cumplir con ciertos cánones de belleza, aun cuando se busquen atribuir a como dé lugar. (Le puede interesar: Un intercambio literario: tres Cartagena se encontrarán en España)

La persona, al sentir que está en desventaja, que no tiene control, busca comparar la realidad con ese mundo perfecto de los demás, por lo que las “deficiencias” aparecen en su mente en mayúscula, resaltadas y subrayas con luces de neón, llevándola a concluir que su vida es insignificante porque no cumple con determinado estereotipo que yace en las redes sociales.

El punto con las redes radica en que no solo la persona se está comparando con otra, sino que además lo hace con versiones “mejoradas u optimizadas” y, en ocasiones, alejadas de la realidad.

Una forma sana de abordar esto es revisar a quiénes se sigue en redes, así como fortalecer conexiones en la vida real. Cuanto más fuertes sean los vínculos reales, menos vulnerable se convierte la persona a las imágenes proyectadas en una red social.

Las marcas que buscan vender perfección, o la industria en general, de moda, música, medios, etc., parten de la errática idea que a todas las personas les gusta ver bustos voluminosos, por ejemplo. En efecto, parten de la idea que la publicidad no es para todos sino para hombres o algunas personas en particular.

Y ese es sólo un ejemplo de tantos que hay en la actualidad; los estereotipos y modelos de belleza europeas, infortunadamente, siguen presentes, sin embargo, ahora también algunos han querido ser supuestamente más incluyentes, usando modelos o imágenes de personas afro o racializadas pero justamente lo hacen bajo cánones colonialistas, no valorando el talento y capacidades de estás mujeres o personas diversas.

Si bien ha habido algunos cambios, falta todavía mucha conciencia y sensibilización para que, por fin, las imágenes de las mujeres dejen de ser usadas como mercancías. (Le puede interesar: Los 80 años de el libro clásico El Principito)

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