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El discurso que se vende de Cartagena

El decano de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad de Cartagena, Freddy Ávila, analiza cómo se construye el discurso turístico de la ciudad y documenta, entre otros, el caso particular de las palenqueras.

CRISTIAN AGÁMEZ PÁJARO

07 de febrero de 2021 05:25 PM

¿Qué estamos relatando como cuidad turística? ¿Cuál es el discurso que vendemos de nuestra Cartagena a quienes nos visitan? ¿Lo que se muestra es lo que somos? ¿Qué historia es la que narran nuestros guías?, las preguntas son más que pertinentes luego que se reabriera el turismo en Cartagena. Sería importante repensarnos para lo que viene.

Son cuestionamientos que ya han asaltado mucho antes a Freddy Ávila Domínguez, lingüista de la Universidad de Cartagena, investigador, docente, decano de la Facultad de Ciencias Humanas y doctor en análisis del discurso y sus aplicaciones. Con un trabajo minucioso ha recopilado por doce años textos, fotos y publicaciones sobre el tema —aunque, reconoce, en la ciudad no es mucho lo que se investiga al respecto— que ha consignado en su tesis doctoral “Las representaciones de Cartagena de Indias y Palenque de San Basilio en el discurso turístico, 2005 – 2018”. Es un documento de 629 hojas presentado a la Universidad de Salamanca, en España.

Freddy, oriundo de Sincé (Sucre), ha sido ganador de la beca de investigación cultural Héctor Rojas Herazo, ganador del Premio Nacional de Periodismo Semana Petrobras y del premio Regional de Periodismo Mario Ceballos Araújo, en conjunto con el grupo periodístico de Noventaynueve.

“De la mano de Aaron Espinosa, Gina Ruz, Augusto Ortero, Irina Junieles, John Jairo Junieles, éramos como ese grupo que nutría la revistas con temas diferentes al discurso hegemónico”, detalla. “Creo que son esas experiencias –periodísticas en Noventaynueve- las que me llevaron a estudiar el discurso del turismo”, añade sobre su interés en cómo la gente en Cartagena le da sentido al territorio.

Entre Palenque y Cartagena

“A finales de los 1990 comienza a emerger una serie de estudios que privilegia el tema de la comunicación, entre otras cosas, porque hay un desarrollo enorme de las tecnologías y eso pone énfasis en esas dinámicas comunicativas en la ciudad; la globalización lleva a las ciudades a construir una imagen para competir con otras ciudades y captar capital internacional, esas discusiones teóricas, mi experiencia de trabajo etnográfico y tener una maestra como Elizabeth Cunín fueron esos grandes pilares que me llevaron a trabajar el tema del turismo”, sostiene Freddy. En esa búsqueda se encontró con mujeres insignias de Cartagena.

“En el 2007 comencé a trabajar el tema del turismo en Cartagena. Luego comencé a estudiar el caso puntual de la palenquera, pero no me quedé con lo que pasaba con las palenqueras aquí, en Cartagena, me fui hasta Palenque y comencé a mirar la posibilidad hacer un estudio comparativo porque ya sentía que lo de Cartagena había abordado muchos aspectos”.

Dentro del discurso turístico de la ciudad hay iconos como la Torre del Reloj, el Castillo San Felipe, las murallas y las palenqueras, que en los últimos años “comenzaron a ganar un rol protagónico. Cuando tú miras cualquier publicación turística, aparece la palenquera. Si vas al Centro, se convierten en una especie de estatuas vivas con las que la gente interactúa y se toma fotos. Entonces comienzo a preguntarme si lo único que hay de vida de la cultura popular -porque lo otro es piedra- que puede referir lo étnico o lo afro, en la representación de la ciudad, es la palenquera. Entonces ¿cómo se está representando a la palenquera?, y cuando uno comienza a investigar se da cuenta de que hay una construcción de ese otro diferente, en términos de una figura exótica, un poco cosificada; llama la atención por los rasgos raciales y ¿qué es lo quiere el turista?: tomarse una foto con la palenquera por su color de piel, pero otros aspectos que tienen que ver con Palenque son desconocidos. Puede haber palenqueras que, si no están con esa puesta en escena de la palangana y del vestido, dejan de ser un atractivo turístico. Me comienzo a interesar por preguntarme ¿qué está pasando en Palenque? Terminé haciendo un estudio comparativo entre dos comunidades que tienen mucho nexo histórico”.

De perseguidas a amadas...

“El turismo de masa explota en los 60 y todo el sector turístico de Cartagena comienza a desarrollarse en esas épocas. Muchas palenqueras en sus relatos se quejan de que eran perseguidas, les decomisaban su mercancía y eso demuestra que las representaciones de la ciudad son construcciones socio-históricas, y yo creo que hay temas que van posicionando a las palenqueras, como la foto con la ganadora del Reinado de Belleza y las fotos con los turistas”, añade. Según comenta: “Cuando a Palenque le dan el título de Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, eso posiciona a la palenquera -mas no a Palenque- en Cartagena (...) La representación de la palenquera no habla de los aspectos étnicos, es simplemente esa mujer negra con la que se pueden tomar fotos y, por eso, cuando uno comienza a revisar muchos textos turísticos, aparecen en portadas y ni se explica por qué. No se dice nada de ellas”. Es decir, su imagen es visible pero lo que representan quizá no. “Esas representaciones -añade- pueden ser una imagen rentable, atractiva y, en Cartagena, en muchos eventos las utilizan, pero el trabajo mío es preguntarme por esas cosas, preguntarme: ¿por qué están ahí?”.

Cada vez menos...

Freddy de Ávila expone que hay otros signos afros que no se muestran y “uno tiene que preguntarse por qué no están. Yo lo digo como una metáfora. La palenquera carga sobre sus hombros la representación de lo afro. Qué está pasando, cada vez las palenqueras recorren menos los barrios de la ciudad, cada vez venden menos frutas, cada vez hay menos pregón porque también ellas comenzaron a ver rentable su imagen, así como la explotan las agencias y los publicistas, ellas comenzaron a darse cuenta de que esa imagen es rentable”, sostiene. “Las bandejas de las palenqueras son cada vez más pequeñas, te puedes encontrar frutas artificiales y hace unos años se dio una situación muy interesante y era que las palenqueras habían organizado una especie de protesta porque otras mujeres negras, que no eran de Palenque, estaban vendiendo frutas y ellas decían: las vendedoras legítimas, las originales, las verdaderas, somos nosotras. Entonces uno se pregunta qué es la verdadera originalidad, si aquí lo que hay es una simulación, donde ellas mismas se disfrazan para cumplir ese rol (de palenqueras)”.

En Palenque

En su investigación contrasta lo que se vive en el Palenque de San Basilio. “Si uno va a Palenque, no encuentra que las palenqueras allá vistan así. Sin embargo, fui el año pasado y hay unas palenqueras con el vestido amarillo, azul y rojo. Se ve la incidencia de esta representación: mujeres en el propio Palenque de San Basilio quieran tener esta indumentaria precisamente para mostrar esa diferencia”, sostiene, sobre su estudio, que además analiza otros aspectos como el discurso de los guías turísticos en ambos lugares, que permiten reconocer la función que cumple el lenguaje en la construcción de la identidad de estos dos destinos del Caribe colombiano.

“Si antes tú no te asumías como negro porque eras discriminado, cosa que le pasaba mucho a los palenqueros aquí -en Cartagena-, y les pasa, ya no quieres pasar por menos negro y esto lo que lleva es a entender cómo funcionan las prácticas de representación de esas construcciones sociohistóricas y también cómo las identificaciones van cambiando en el tiempo. Si antes no querías identificarte como negro, están pasando cosas que te pueden llevar a quererlo ser”, añade el investigador.

Un poco más allá...

“Lo que quiere demostrar la investigación es que los discursos y las representaciones que construimos no son inocentes y tienen repercusiones importantes, lo que yo me quiero preguntar es que ese relato que se construye de la ciudad qué implicaciones sociales tiene, en la manera como percibimos lo popular a los otros (...) Esto también puede ser una oportunidad para revisar el relato, estamos llamados a pensar en ese relato que se está construyendo de la ciudad. (...) El discurso de aquí es bastante fragmentado, reduccionista, por ejemplo, los guías tienen muchas impresiones”, detalla.

El tema puede ir más allá. “Cuando la gente dice: lo que pasa es que el cartagenero no se identifica con la ciudad, no tiene sentido de pertenencia, uno también podría preguntarse si el turismo, que sea una ciudad patrimonial, le permite al ciudadano común y corriente ser parte de este relato y de esta historia. Muchas veces tú te sientes excluido en tu propia ciudad, hay barreras simbólicas que pueden estar contenidas en el discurso pero también materiales. Por eso viene la discusión de la comunicación que se está diciendo de nosotros a los otros. Qué implicaciones sociales tienen esas representaciones que nosotros estamos haciendo de nosotros”, añade.

El lingüista afirma que son muy pocas las investigaciones sobre el discurso del lenguaje del turismo en Cartagena, pues la mayoría se centra en el tema económico y patrimonial. “Ha sido una ciudad donde el turismo se construyó en unos espacios. Cuando tú ves los mapas y te dicen esta es Cartagena, son construcciones ideológicas, por eso algunos estudiosos dicen que las murallas terminan representando esas fronteras sociales y étnicas de la ciudad”, sostiene.