Después de cuatro años como representante a la Cámara por Bolívar, el cartagenero Jorge Benedetti Martelo busca un lugar en el Senado de la República. Con 30 años, es uno de los candidatos más jóvenes y asegura que su candidatura la ha llevado lejos de las promesas inalcanzables que caracterizan a la forma tradicional de hacer política en el país y se ha enfocado en mostrar a las comunidades todas aquellas iniciativas que promovió como parlamentario.
Entre esas iniciativas se destaca la política pública integral de la mujer, con la que se facilitaría el acceso de la población de escasos recursos a los productos de higiene íntima femenina y el fortalecimiento de la esfera deportiva en los barrios, con estímulos para los jóvenes talentosos y sus entrenadores.
En entrevista con El Universal, el candidato número 12 de la lista de Cambio Radical, habló sobre la situación política del país, el panorama en Cartagena y las iniciativa que planea proponer al llegar al Senado.
¿Por qué decidió lanzarse al Senado de la República?
En los últimos años he hecho la tarea con altura desde la Cámara de Representante, con un control riguroso a los temas sensibles de la ciudad, del departamento y del país. Además, he impulsado importantes proyectos de ley que van a mejorar la calidad de vida de millones de colombianos. Se está dando un proceso de renovación política en el departamento de Bolívar y me atreví a lanzarme.
¿Considera que ser uno de los candidatos más jóvenes al Senado le favorece o le juega en contra?
La juventud puede ser una fortaleza o una debilidad. De nada sirve ser joven si no se es independiente, si se responde a intereses de terceros inescrupulosos. Soy joven pero autónomo, no reconozco jefaturas locales, me hecho a pulso y no dentro de una casa política.
En mi caso la juventud es sinónimo de ímpetu, de ganas de trabajar, de ser rebelde en el buen sentido de la palabra, porque estoy haciendo política sin pedir permiso y eso lo que me ha permitido abordar temas sensibles de la ciudad que otros políticos prefieren pasar por alto. He tenido una gran aceptación de la ciudadanía y espero que eso se vea reflejado este domingo en las urnas.

¿Cómo cree que se debe promover la participación ciudadana en las elecciones y disminuir la abstención?
En Colombia hay una crisis de credibilidad. Los colombianos no quieren saber de políticos, no creen en ninguno pero cuando llega la hora de votar, que es el momento de transformar la indignación en acción y renovar los cuerpos colegiados, la dirigencia local y nacional, el pueblo no vota y gana la abstención.
Por eso es que he propuesto la implementación del voto obligatorio de forma transitoria para empoderar a la ciudadanía y crear esa cultura de la importancia del voto, procurando que la mayoría participe en los asuntos públicos, ni siquiera toda la maquinaría política va a poder comprar esa voluntad popular. Esto va fortalecer nuestra de democracia.
¿Cómo ve el panorama político de Cartagena?
Cartagena tiene todo para ser la mejor ciudad de Colombia, lastimosamente hemos tenido una clase dirigente que no ha estado a la altura de lo que la ciudadanía requiere. Aprovecho para hacer un llamado a todos los sectores de la sociedad: político, social, comunal, artístico, industrial, entre otros, para que trabajemos unidos. A pesar de las diferencias, necesitamos discutir los temas de la ciudad para saber cómo cada uno aporta su grano de arena y hacer de Cartagena ‘la joya de la corona’ en todos los aspectos. Desde el Congreso quiero propiciar esos espacios.
¿Considera que proyectos como Protección Costera mejorarán la ciudad?
Hicimos un control político riguroso a este proyecto por el atraso en el cronograma de la obra, además hemos servido de puente entre los trabajadores de la playa afectados con la construcción y el Gobierno. Lo que tenemos que hacer desde el Congreso es acompañar, no solo para que se cumplan los tiempos, sino para garantizar que la construcción se esté haciendo de la mejor forma y además, que el Estado atienda las necesidades de los afectados. Es una obra necesaria para Cartagena y una vez materializada habremos solucionado una de las infinitas problemáticas de la ciudad.

¿Cuál es otra de las necesidades de Cartagena a la que usted le apuntaría a resolver desde el Congreso?
Soy un enamorado de la vía Perimetral y de la Ciénaga de la Virgen. Considero que, irónicamente, la zona más pobre de Cartagena es la que tiene mayor potencial de crecimiento turístico y comercial. Tenemos que poner los ojos en este sector, no solo terminar esta vía sino, por ejemplo, hacer un malecón a lo largo de la ciénaga y transformar, en todos los aspectos, a este cinturón de miseria para volverlo un polo de desarrollo.
¿Y cuáles son las necesidades que ha identificado en los municipios de Bolívar que se deben solucionar para propulsar el desarrollo?
La falta de acceso a los servicios públicos: no hay agua, no hay alcantarillado, no hay oportunidades para los jóvenes y esto es inadmisible en pleno siglo XXI, por eso nuestro gran reto desde el Congreso de la República es lograr canalizar grandes inversiones, dentro de la torta presupuestal, para resolver estas necesidades básicas.
¿Qué piensa de polarización política que hay en el país?
La política no se debe hacer ni con odios ni con pasiones. Colombia está en un momento crucial de su historia en la que muchos sectores políticos se han beneficiado de confrontarnos, de sembrar miedos en la ciudadanía. Procuro no caer en esa discusión infértil de las ideologías. Creo que el país necesita unión, gestión, capacidad de materializar proyectos que le lleven desarrollo a la gente. Al pueblo no le importa si esas soluciones las trae un gobierno de derecha o de izquierda, a la gente lo que le interesa que le resuelvan sus problemas.
Como ciudadano ¿qué espera de los nuevos miembro del aparato legislativo?
Espero que los candidatos electos, tanto del Senado de la República como del Cámara de Representantes hagan su labor con toda la contundencia que se requiere, que hagan control político riguroso y presenten los proyectos de ley que necesitan los colombianos. No deben ser inferiores a la confianza que les ha entregado la ciudadanía.
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