“No sabía que era lo que se me había metido al cuerpo”, señala Ana Estrada, una activista de los derechos humanos y la eutanasia, mientras habla de su enfermedad, conocida como Polimiositis. Ana vive en Lima, Perú, y desde hace 30 años sufre de esta condición muscular degenerativa e incurable, por lo que en varias ocasiones ha deseado terminar voluntariamente con su vida. La razón por la cual no lo hizo, fue para evitar que su entorno enfrentara problemas al ayudarla a llevar a cabo un acto ilegal, pero gracias a su esfuerzo y al de otros activistas, esta situación empieza a cambiar en territorio peruano.
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