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El mar del Dique, drama de las inundaciones

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PEDRO LUIS MOGOLLÓN VÉLEZ
09 ENE 2011 - 12:01 AM

Más que un canal, el Dique parecía un mar el viernes pasado en el trayecto entre Pasacaballos, Bolívar; y Santa Lucía, Atlántico, a pesar de que ha bajado 60 centímetros. Al pasar bajo el puente de Gambote, el Dique es un golfo sin orillas definidas hasta unos kilómetros más adelante.
Los colombianos hemos visto cientos de imágenes de las inundaciones, pero ahora, en una lancha, impactan en directo las de la Costa Caribe.
En ambas riberas se repiten las escenas: casas bajo el agua, ganados esqueléticos nadando o encaramados en los pocos montículos secos que hay, y gallinazos comiéndose a las criaturas que no sobrevivieron.
En una que otra casa, se ven bicicletas y otros artículos domésticos encima del techo, a veces convertidos en gallinero. A otras viviendas, sus dueños les quitaron los techos para que no se los robaran.
Las orillas más altas de las riberas del Canal del Dique las ocupan cientos de cambuches de plástico, refugio de quienes perdieron sus casas. Duele mirar las caras de quienes los habitan.
En unos lugares, el agua pasa a raudales del Dique hacia los terrenos aledaños, y en otros, el Canal las recibe, especialmente las que inundaron al Atlántico a través del boquete en Santa Lucía, y nos llegan a Bolívar de la laguna de El Guájaro cuyas 17 mil hectáreas ya no retienen ni una gota de agua más.
De vuelta hacia Cartagena, el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano, va en la lancha y asegura que el caudal del Dique es más del doble del normal, aún ahora que bajaron sus aguas.
Gambote, Soplaviento y San Cristóbal, en Bolívar, hieren el alma, al igual que Santa Lucía y los demás pueblos del Atlántico.
Lo peor es aceptar que tendremos que volver a aprender a vivir en nuestro terruño, esta vez con los vaivenes violentos de una naturaleza tan salida de cauce como el propio Canal del Dique.

Ajeno a la tragedia de su familia, este niño intenta pescar en el Canal del Dique, las mismas que inundaron su Soplaviento natal. FOTOS JULIO CASTAÑO BELTRÁN-EL UNIVERSAL

Pese a la inundación de Soplaviento, muchos habitantes esperan que las aguas bajen y todo vuelva a una normalidad imposible.

Cientos de familias de Santa Lucía, Atlántico, viven en cambuches que armaron con plásticos sobre un jarillón.

La evacuación de las aguas de Santa Lucía avanza a buen ritmo. Casi todo el pueblo está seco, debido a una motobomba que saca agua las 24 horas a través de una tubería de 36 pulgadas.

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