Las fuerzas de seguridad indonesias, fuertemente armadas y secundadas por cañones de agua, intentaban recuperar este jueves el control de una cárcel de la isla de Bali, tras una segunda noche de disturbios.
Unos 400 soldados y policías, además de los guardianes, pasaron la noche delante de la prisión de Kerobokan, donde están recluidos un millar de presos, entre ellos doce australianos, algunos condenados por narcotráfico.
Las fuerzas del orden habían entrado en la cárcel el miércoles al amanecer después de una primera noche de disturbios, marcada por conatos de incendio y pedradas, pero perdieron el control del penal la noche del miércoles al jueves.
Los reclusos prohibían el acceso al centro de detención y se ignoraba el número de heridos. La primera noche dejó cuatro heridos, tres presos y un policía.
El penitenciario cuenta con 1.015 detenidos, el triple de su capacidad, entre ellos 125 mujeres y 60 extranjeros, precisó Anang Khuzairi, jefe de la seguridad de la cárcel.
Muchos de los reclusos de este establecimiento vetusto cumplen condenas largas por homicidios, crímenes violentos o sexuales.