Cuando el presidente estadounidense Ronald Reagan ordenó en 1983 la invasión a Granada, en el Caribe, la primera ministra británica Margaret Thatcher estaba furiosa por no haber sido advertida: a pesar de la proximidad ideológica entre ambos, hubo varios de estos incidentes durante sus mandatos.
Reagan (1981-1989), fallecido en 2004, coincidió durante sus dos períodos de gobierno con la llamada Dama de Hierro, que gobernó el Reino Unido de 1979 a 1990 y falleció el lunes en Londres a los 87 años como consecuencia de una apoplejía.
En octubre de 1983, el presidente estadounidense decidió invadir la isla caribeña, donde un golpe de Estado comunista acababa de derrocar al gobierno. Pero aunque ese pequeño país es miembro de la Commonwealth, no le dijo ni una palabra a su aliada más cercana, la primera ministra británica Thatcher, quien lo llamó la víspera de la operación.
“Ella estaba enojada y pensaba que no debíamos hacerlo. No le podía decir que (la invasión a Granada) ya había comenzado. Realmente logramos mantenerlo en secreto”, señaló Reagan en sus memorias.
Al día siguiente, Thatcher estaba furiosa. Richard Burt, entonces subsecretario de Estado norteamericano, recuerda haber sido convocado a Chequers, la residencia oficial de campo del primer ministro británico. “Nos gritó durante dos horas”, dijo a la AFP el lunes, poco después de la muerte de la Dama de Hierro.
El episodio ilustra la complejidad de la relación entre los dos líderes, quienes compartían las mismas creencias ultra-liberales y la voluntad de enfrentar a la Unión Soviética pero, sin concesiones, defendieron cada uno sus intereses nacionales durante los años que estuvieron en el poder.
“No sólo se sentía humillada, sino que estaba profundamente en desacuerdo con la idea de que un país pueda invadir la soberanía de otro”, dijo a la AFP el historiador Richard Aldous, autor de un libro sobre la “difícil relación” entre los dos gobernantes.
Documentos desclasificados apoyan esta idea.
Aldous incluso piensa que “sobre todos los grandes temas de la década de 1980 no estaban de acuerdo”: la construcción de un gasoducto soviético para abastecer a Europa de petróleo, el desarme nuclear, la situación en Medio Oriente y la Guerra de las Malvinas en 1982, cuando Reagan no logró convencer a Thatcher de elegir la vía diplomática.
“Muy a menudo Margaret Thatcher se enojó violentamente con el presidente (Reagan) por teléfono. La imagen de flores y champán que a menudo trataban de proyectar está lejos de la cruda realidad”, dijo el académico.
ROOSEVELT Y CHURCHILL
El casamiento político de los dos dirigentes se consolidó por una lucha común contra el comunismo y también el Estado. Cuando se conocieron en 1975, Reagan era gobernador de California y Thatcher era la nueva líder del Partido Conservador.
“Ellos compartían la misma visión del mundo”, dijo el exsubsecretario de Estado Burt. “Los dos formaron una especie de alianza informal, que cambió la forma de ver el papel del Estado y la economía de mercado”.
La viuda de Reagan recordó el lunes el particular vínculo.
“Es bien conocido que mi esposo y Lady Thatcher mantuvieron una relación muy especial como líderes de sus respectivos países durante uno de los períodos más difíciles y cruciales de la Historia moderna”, señaló Nancy Reagan, de 91 años, refiriéndose a los últimos años de la Guerra Fría y a la caída del comunismo.
“Ronnie y Margaret era almas gemelas políticas, comprometidos con la libertad y decididos a terminar con el comunismo”, afirmó la ex primera dama estadounidense.
Las visitas de la Dama de Hierro fueron siempre una oportunidad para manifestaciones públicas de amistad.
“Resolvieron sus diferencias diplomáticamente, y en público siguieron presentando un frente común”, dijo a la AFP Richard Benedetto, que cubrió la Casa Blanca para el diario US Today.
Cuando el presidente Reagan la recibió en noviembre de 1988 para una última visita de Estado, el presidente estadounidense comparó su relación con la que unía a Franklin Roosevelt y Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial.
Y lo hizo con la misma convicción de que la especial relación anglo-estadounidense ha cambiado el curso de la historia.
“Cuando contemplamos el mundo tal y como es hoy y como era cuando nos conocimos aquí hace ocho años, tenemos el derecho de decir: seguro, pasó algo”, dijo entonces Reagan.
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