Pakistán, el segundo país musulmán más poblado del mundo, iniciaba este jueves el ramadán, el mes de ayuno musulmán, bajo fuertes medidas de seguridad pocos días después del peor atentado con bomba cometido desde hacía muchos años en Lahore, la capital cultural del país.
Cinco personas murieron y unas 50 fueron heridas el sábado en un atentado con bomba en el mercado de Anarkali, en pleno centro de esta ciudad de 12 millones de habitantes que se jacta de ser la capital cultural y culinaria de Pakistán.
La principal ciudad del país, Karachi (sur), y el noroeste de Pakistán, son frecuentemente teatro de atentados cometidos por los insurgentes talibanes, contrariamente a Lahore, que desde 2010 se había visto relativamente a salvo de ataques.
Por otra parte, la explosión de una bomba en la pequeña ciudad de Kohat (noroeste) dejó dos muertos y cinco heridos el jueves al mediodía, indicaron a la AFP fuentes policiales locales.
Las fuerzas del orden locales aumentaron las patrullas para proteger a los mercados y las mezquitas, por temor a nuevos atentados durante las próximas semanas, dijeron responsables.
