Se colgaron de árboles y señales de tránsito, corrieron como atletas en olimpiada, gritaron como en un concierto de música. La lluvia paró por varias horas y cientos de miles de jóvenes se rindieron ante el entusiasmo y las sonrisas del papa Francisco.
Combatieron el inusual frío no solamente con abrigos, bufandas y gorros sino con el calor de la multitud, mientras helicópteros sobrevolaban el área de la Playa de Copacabana y embarcaciones patrullaban la Bahía de Guanabara.
Los famosos hoteles y edificios de apartamentos de lujo adornaron sus balcones de blanco y amarillo, los colores del Vaticano.
Jóvenes con cámaras y celulares se colgaron hasta de los postes para ver a Francisco que en varias ocasiones se detuvo para besar bebes que le acercaban los miembros de su escolta. En uno de esos momentos, le acercaron un mate, dio un sorbo y lo devolvió.
Los fieles congregados a los lados de la vía que participaron en el primer gran encuentro con Francisco, que el jueves les dio la bienvenida a la Jornada Mundial de la Juventud.
La tarima de color blanco, con gigantes pantalla, un enorme cristo de fondo, fue ubicada al final del malecón de Copacabana, de color blanco, entre la avenida y la playa.
El recibimiento a Francisco en la tarima fue carnavalesco con jóvenes bailando y cargando banderas de múltiples países.
