Ariel Castro dijo a un juez que era adicto a la pornografía, que padecía un "problema sexual" y que él mismo había sido víctima de abuso sexual hace mucho tiempo.
A cambio, los fiscales recomendaron que Castro sea condenado a cadena perpetua sin derecho a libertad condicional, más 1.000 años de prisión.
Castro, de 53 años, dijo que comprendía que nunca saldría de la cárcel, e indicó que esperaba que le dieran "con todo" cuando fuera sentenciado. Posteriormente agregó que "lo supe desde que hablé por primera vez con el agente del FBI cuando fui detenido".
