En plena pandemia mundial hay otro mal que aqueja por estos tiempos a los Estados Unidos, son las enfermedades respiratorias producidas por los incendios forestales que consumen cientos de hectáreas de bosques en los estados de Oregón, Washington y California.
Estos incendios producen gran cantidad de material particulado, cenizas y humo tóxico, que recorren cientos de kilómetros y se posan en lo que se denomina área de la bahía y su zona de influencia, en las ciudades de San Francisco, Oakland, San José, entre otras.
Tanto fue su efecto que la semana anterior San Francisco parecía una ciudad apocalíptica, rara. Su cielo era de color rojizo, algo anaranjado, en los rascacielos no se posaban las nubes que tocaba estos colosales edificios, sino columnas de humo.
San Francisco ha tenido un respiro en la calidad del aire durante los dos últimos días, al menos así lo precisan los sensores ambientales de la ciudad que han arrojado una calificación moderada frente a los monitoreos de hace 15 días que situaron California como el poblado con la fue la peor calidad del aire del mundo, a raíz de los descomunales incendios.
EL UNIVERSAL habló sobre el tema con la médica internista, neumóloga y bioética; Natalia Londoño Palacio, quien tiene más de 20 años de experiencia en el área de las enfermedades respiratorias y pulmonares.
Según Londoño Palacios los habitantes de California y de cualquier territorio donde haya incendios forestales deben resguardarse y no exponerse a respirar ese aire contaminado, por la toxicidad y lesiones que causa en el sistema respiratorio.
“La inhalación aguda de las sustancias químicas contenidas en el humo producido por los incendios puede producir muchos daños en el sistema respiratorio. Esto depende mucho de la intensidad y el tiempo de la exposición; del tamaño del material particulado y del estado previo de la función pulmonar. La quemadura de las vías aéreas puede producir la muerte por asfixia, por obstrucción de las vías aéreas altas, por edema y sangrado de las mucosas lesionadas. El daño agudo de las mucosas de la vía aérea (desde la nariz, laringe, tráquea, bronquios, bronquiolos y alvéolos) puede producir un edema pulmonar agudo de origen no cardiogénico”, sostuvo Londoño Palacios.
La internista aseguró que es recurrente en estos casos que las personas presenten un cuadro de cefalea, náuseas, vómito, coloración muy roja en la cara y cuello y lo más extremo una muerte rápida si no se logra dar un tratamiento oportuno, que incluye el aporte de altos flujos de oxígeno.
“La intoxicación por Monóxido de Carbono (CO), el cual desplaza el Oxígeno y pasa rápidamente a la circulación sanguínea produce estos cuadros que deterioran rápidamente el bienestar de cualquier individuo”, explicó.
Estar en contacto con material particulado, es decir con las cenizas, produce una obstrucción severa de broncoespasmos, que a veces dura bastante tiempo en resolverse en el organismo, y en ocasiones produce de manera recurrente una crisis de obstrucción bronquial.
“Es bastante factible que en las personas que han sufrido estos niveles de exposición quede un síndrome de disfunción reactiva de la vía aérea con manifestaciones bastante similares al asma. Entre más pequeña sea la partícula inhalada, más volátil es y tiene la capacidad de entrar hasta la vía aérea más periférica. Las partículas de mayor tamaño son más fáciles de expulsar con la tos y el barrido mucociliar bronquial, principales mecanismos de defensa pulmonar” sostuvo la especialista.
Por otra parte, Londoño Palacios dijo que las personas expuestas a tiempos considerables al humo, cenizas y material particulado, y que además tienen una condición médica especial pueden sufrir serias consecuencias al inhalar estas sustancias volátiles.
“Las personas expuestas, que padecen alguna enfermedad crónica, pueden verse más afectadas en su salud y tener mayores repercusiones. Las personas con EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica), tienen niveles de obstrucción bronquial de base que no se logra revertir completamente con el tratamiento, así que cualquier efecto que lo lleve a mayor obstrucción bronquial redundará en empeoramiento de la enfermedad de base con mayor discapacidad funcional. Las personas con enfermedad isquémica, cardiaca o cerebral, en el momento en que el aporte de oxígeno se reduzca aumentarán el riesgo de sufrir eventos agudos como IAM (Infarto Agudo del Miocardio) o ECV (Evento cerebrovascular)”, explicó.
“Estas condiciones medioambientales agreden notablemente la mucosa de toda la vía aérea afectando la función pulmonar y reduciendo su capacidad de defensa a diferentes microorganismos (virus, bacterias, micobacterias, hongos).
“Aunque del virus SARS COV2, productor de COVID 19 estamos aprendiendo día a día, se presupone que ante un epitelio pulmonar inflamado y agredido por medios físicos, su presencia será un factor agravante de las manifestaciones clínicas de la enfermedad, por eso los pacientes que se hayan infectado no deberían exponerse al humo” dijo Londoño Palacios.
Recomendaciones en estos casos
La doctora Natalia Londoño Palacios hace las siguientes recomendaciones para mitigar los daños ocasionados por el humo y cenizas y mejorar la calidad del aire y evitar contratiempos de salud en materia respiratoria y pulmonar
“La mayor recomendación es evitar la exposición directa e indirecta a factores inhalatorios adversos, especialmente en la población de mayor riesgo como son los niños, (especialmente menores de 5 años) y la población con enfermedades crónicas respiratorias, cardiacas, metabólicas. En caso de que sea imposible el traslado de las personas a otro lugar, el uso de mascarillas se hace prioritario. Desde el punto de vista medioambiental se recomienda reducir la cantidad y volatilidad del material particulado disperso en el medio ambiente por medios físicos. Además, una buena opción sería comprar o tener a la mano una máquina que filtre el aire y se asegure la rotación de filtros, para garantizar aire limpio de buen consumo”.



