La rama afgana del grupo terrorista Estado Islámico (EI) reivindicó este jueves el doble atentado que ha dejado decenas de muertos en las inmediaciones del aeropuerto de Kabul, según un comunicado de la agencia de información de los radicales, Amaq, difundido por sus canales de propaganda en internet.
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Por su parte, funcionarios afganos informaron que al menos 60 personas murieron en el ataque suicida, seguido por un tiroteo sobre la multitud, perpetrado por terroristas de la rama local de Estado Islámico. En tanto, Estados Unidos reportó la muerte de once marines y un médico de la Marina, lo que lleva la cifra total de fallecidos en el ataque a 72. El número de heridos supera los 150.
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Según los reportes, dos atacantes suicidas se hicieron estallar cerca de una zona donde había soldados de Estados Unidos, lo que fue calificado como una “falla” de seguridad por el general Frank McKenzie, comandante del Comando Central de Estados Unidos y oficial a cargo de la operación de evacuación. McKenzie aseguró que su país perseguirá a los atacantes y advirtió que este tipo de acciones podrían repetirse.
“Esperamos que estos ataques continúen” ya sea por medio de ataques con cohetes o coches bomba, agregó el general, que cifró en 15 los soldados heridos en el atentado. Asimismo, reconoció que los talibanes ya habían frustrado “algunos ataques” contra el aeropuerto. De cualquier modo, descartó el envío de más tropas y aseguró que el proceso de evacuación seguirá adelante.
La filial local, conocida como Estado Islámico de Khorasán, en referencia al viejo nombre de la región, dijo que el objetivo del ataque era asesinar a soldados estadounidenses y sus aliados afganos. El comunicado incluía la foto de uno de los presuntos militantes que se inmolaron, que posa con un cinturón de explosivos frente a la bandera negra del grupo radical. El mensaje no menciona al segundo suicida ni a los atacantes armados.
Enemigos con los talibanes
El Estado Islámico asegura que el atacante pasó sin mayores dificultades los controles de seguridad talibanes y también los de Estados Unidos, pudiendo llegar hasta solo 5 metros de distancia de un grupo de soldados estadounidenses, traductores y colaboradores, donde hizo detonar sus explosivos. Entre las víctimas hay también milicianos talibanes, asegura Estado Islámico.
Los radicales consideran traidores a los talibanes, por haber negociado un acuerdo de paz con Estados Unidos. El comunicado fue divulgado por la agencia del EI, Amaq, a través de su canal de Telegram. Washington prometió buscar a los responsables del ataque y advirtió que otras acciones similares pueden volver a ocurrir en los próximos días.
El temido Estado Islámico
El EI emergió en Afganistán en 2015 al hacerse fuerte en diferentes puntos del país y creó su principal bastión en Nangarhar, zona fronteriza con Pakistán y clave en las comunicaciones entre los dos países.
El grupo terrorista, compuesto en gran parte por antiguos talibanes, anunció su expansión en la región de Khorasán, que históricamente comprende zonas del actual Irán, Asia Central, Afganistán y Pakistán, y empezó a perpetrar ataques contra civiles, así como contra las fuerzas estadounidenses, afganas y pakistaníes.
Sin embargo, a diferencia de las otras ramas del EI, especialmente las de Oriente Medio y las de África, estas últimas cada vez más activas, el grupo de Khorasán ha sido menos visible a nivel mediático al ser menos activo en internet y hacer menos propaganda.
Las fuerzas estadounidenses y afganas han conducido numerosas operaciones contra los yihadistas e incluso acabaron con la vida de su líder en julio de 2016, mientras que en junio de 2017 EE.UU. lanzó “la madre de todas las bombas” contra el bastión del grupo terrorista en Nangarhar.
También los talibanes han participado en operaciones contra el Estado de Khorasán, que estaba menos activo y casi llegó a ser erradicado en 2019, después de los “sucesivos reveses militares” a partir de 2018, según un reciente informe del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Sin embargo, la ONU ha alertado este año que desde junio de 2020, su nuevo líder, Shahab al Muhajir, “permanece activo y es peligroso”, capaz de “reclutar talibanes descontentos y otros militantes para engrosar sus filas”.
De acuerdo con el citado informe, el EI-Khorasan cuenta con entre 1.500 y 2.200 combatientes en la actualidad, principalmente en las provincias de Nangarhar y Kunar.
Las pérdidas territoriales y humanas del grupo durante las diferentes campañas militares en su contra han obligado a la organización a “descentralizarse” en pequeñas células que actúan de manera independiente en Agfanistán.
Según un informe del Center for Strategic and International Studies (CSIC), el primer emir fue un ciudadano de Pakistán, Hafiz Saeed Khan, un comandante veterano de los talibanes pakistaníes que operan mayoritariamente en la frontera con Afganistán.
Él y unos cabecillas desertores de los talibanes fueron el núcleo del Estado de Khorasán y en 2014 juraron lealtad al difunto líder del EI, Abu Baker al Baghdadi, y empezaron a recibir el apoyo de la organización central desde Irak y Siria.
De hecho, desde la derrota territorial del EI y el colapso en 2018 del “califato”, el grupo otorgó más importancia a Afganistán hasta considerar convertirlo en “la base para su califato global”, según el estudio del CSIC.