En el corazón de Oriente Medio, un conflicto de proporciones históricas, que se ha mantenido por más de siete décadas, vuelve a ser noticia. La lucha armada entre Israel y Palestina, establecida en la disputa por tierras, derechos históricos y aspiraciones nacionales, ha trascendido fronteras y religiones, desatando episodios de cruentos ataques, negociaciones de paz fallidas y lo peor, la pérdida de vidas en una población civil que inerme espera entre baños de sangre.
Esta resolución, que cada vez se torna más esquiva, empezó el pasado sábado 7 de octubre un nuevo capítulo enmarcado en la ofensiva de las milicias palestinas, comandadas por el grupo Hamás contra el territorio israelí.
El mundo se mantiene expectante y el apoyo de muchas naciones ya empieza a caldear más los ánimos de los rivales; sin embargo, aunque mucho se habla del tema, poco se conoce de las razones que han mantenido estos dos estados para dar continuidad a su disputa. El tema tiene muchas aristas y en aras de entrar en contexto, El Universal contactó a Juan Camilo Vergara, Historiador Ph.D. y CEO de Ilustre y Babylon, quien, alejado de sesgos, hace un análisis de ese origen bélico cubierto de historia.
Abordar el tema desde una perspectiva que se salga de la inmediatez, es clave. Ahora hay un problema y es que realmente no se sabe qué está sucediendo, y en la opinión del historiador, se está iniciando una situación muy grave.
¿Dónde se origina el conflicto?
Aunque los enfrentamientos tienen orígenes históricos muy antiguos, la confrontación actual se podría remontar a finales del siglo XIX, cuando empiezan las persecuciones de los judíos en Europa, llevándolos a buscar una patria. En fecha concreta, esta historia se enmarca en 1896, cuando en el territorio que hoy ocupan Israel y Palestina, había una convivencia llevadera entre musulmanes, judíos y cristianos, mostrándose más tolerante el Medio Oriente que Europa.
Dentro de los personajes que trabajan por esa formación de la patria judía está el periodista Theodor Herlz, quien plantea la idea de buscar esa tierra allí, donde se estableció Israel. Después de esto sucede algo trascendental, al ganar Francia e Inglaterra la Primera Guerra Mundial, se reparten el Medio Oriente con unas divisiones que se llaman “los mandatos”, trazando desde París y Londres las fronteras poco naturales de este territorio y dejando de lado las cuestiones étnicas, religiosas e históricas de la región. Cabe anotar que una frontera impuesta siempre genera violencia y la que allí nació no fue entre religiones, sino entre poblaciones locales.
El acelerador de este proceso sobreviene en 1948, cuando después del Holocausto por parte de la Alemania nazi, las dos potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética, avalaron la creación de un Estado oficial para Israel, aumentando las tensiones con la llegada cada vez más frecuente de judíos desde Europa.
Otro punto clave se ubica en 1967, cuando se desarrolla una guerra entre Israel y todos sus vecinos, de la cual resulta victorioso, consolidando posiciones y haciendo que el conflicto se haga más violento e internacional, hasta cuando se empiezan a negociar soluciones con un Estado israelí fuerte y una población palestina migrante en condiciones difíciles.
La historia siguió su curso y en 1993 se firman los Acuerdos de Oslo entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina con el objetivo de frenar las colonizaciones de tierras palestinas, al tiempo que la OLP debía reconocer a Israel como un Estado.
Ese proceso propendía por la creación de un Estado Palestino, pero fracasó y con el agravante de que en esa década surgió un islamismo político radical, que se enquistó en el conflicto, llevándolo a la situación actual propiciada por el Hamás, grupo que tiene desde el 2006 el control político y militar de la zona denominada “Franja de Gaza”, que, junto con Cisjordania, conforman Palestina.
Cabe destacar, que desde el año 2022 Israel viene entablando negociaciones con países musulmanes como Emiratos Árabes, Baréin y Arabia Saudita, con el objetivo de ser reconocido y normalizar relaciones, generando tensión en otras naciones, en particular con Irán; es un contexto actual que debe atarse a lo que se ha vivido históricamente.

¿Cuáles han sido las principales demandas de Palestina e Israel?
Es un diálogo de sordos, piden lo que es difícil de negociar y por tanto complejizan llegar a un acuerdo.
Lo que piden los palestinos ha cambiado con el tiempo, a medida que su realidad se ha ido deteriorando. Ya no sueñan con un país que cubra ese territorio, ahora buscan que se les reconozcan algunos de sus territorios, como Cisjordania o la Franja de Gaza. Al mirar el mapa, se evidencian colonias israelíes dentro de ese espacio, de otra parte, desde la fundación del Estado de Israel, hay una ambigüedad que mezcla argumentos religiosos, étnicos y políticos para justificar su creación, cuando los judíos afirman que es su tierra ancestral y les pertenece.
Por su parte, Israel tiene en primer lugar argumentos político-religiosos, relacionados con la idea de la “Tierra prometida”, y actualmente necesitan que sus países vecinos lo reconozcan, porque lo contrario los ubica en un ambiente hostil.

¿Cuáles son los obstáculos más evidentes para la resolución del conflicto?
Es importante aclarar que este enfrentamiento es muy complejo, y no existen buenos y malos, o vencedores. Lo único que quedan son las víctimas, por tanto, es menester hablar de responsabilidades:
El primer obstáculo es la imposibilidad de algunos dirigentes israelíes de entender que la situación desesperada de los palestinos no lleve necesariamente a más violencia. Continuar estas colonizaciones y poner al pueblo palestino contra la espada y la pared, es una situación explosiva.
Por otro lado, es muy grave la radicalización de una parte de estos movimientos palestinos que recurren a escenas tétricas que hacen más difícil el diálogo. Cuando se radicalizan en términos religiosos, se vuelven fundamentalistas y totalitarios, generando una visión sesgada.
Lo anterior se sitúa a nivel local, pero en el plano internacional, es evidente la desidia de los europeos, quienes fueron los creadores de este problema. Los ingleses dividieron las fronteras a su antojo y luego dieron la espalda. Se suma la necesidad de Estados Unidos de mantenerse en la región, sobre todo después de la guerra de Irak en 2003, y cuando ha ido perdiendo aliados.
¿Cuál es el estatus actual de la ciudad de Jerusalén?
Es el epicentro de las 3 religiones monoteístas más grandes de la actualidad: cristianos, musulmanes y judíos, y todos tienen una visión diferente de este territorio. En el caso del judaísmo, naturalmente ahí se encontraba el templo de Jerusalén, destruido por los romanos y considerado el ombligo de su religiosidad.
En el caso de los cristianos es evidente la historia que se fundamenta en la vida de Jesús; y por el lado de los musulmanes, que, aunque su ciudad sagrada es La Meca, Jerusalén es también una ciudad sagrada porque, según la tradición, el profeta Mahoma ascendió a los cielos desde allí. Los palestinos la ven como su capital natural.

¿Qué tan cierto es que los involucrados vivían en paz en esta zona?
Si había buena convivencia, especialmente durante el imperio turco-otomano. Era un espacio con una diversidad étnica, cultural y religiosa importante, y el poder del gobierno los llevaba a vivir en paz. Desde que se realizó la división del territorio esta paz ha estado enfrentada, y las costumbres de los colonizadores quedaron en esa disputa.
Una práctica del Ejército israelí es destruir las casas de combatientes palestinos, pero ese tipo de violencia viene de épocas anteriores, más exactamente de los ingleses, quienes calmaban las revueltas destruyendo las viviendas de quienes protestaban.
Para entender casi cualquier conflicto en el Medio Oriente, hay tres niveles que siempre intervienen. El primero es étnico, el segundo tiene que ver con el tema religioso; y el tercero es geopolítico, verificando obviamente, cuáles son los intereses de las potencias en ese país; y uniendo los tres, habrá un acercamiento relativamente claro de la situación.
¿Cuáles son las expectativas a futuro?
Es muy difícil prever qué puede llegar a suceder. Lo que sí está claro es que este enfrentamiento desestabiliza a otros países de la región, como el Líbano, y que los niveles de violencia aumentaron hasta unos márgenes que hace mucho tiempo no se veían, especialmente en el territorio de la Franja de Gaza.
Se podría especular de la intervención de otros países de la región, pero es poco probable que esto suceda. Por ejemplo, Siria es un país con una cercanía importante a los demás países árabes, pero que está controlado por una potencia extranjera, además de que se encuentran en una guerra civil.
De otra parte, el uso político de las religiones lo que ha hecho es crear un totalitarismo, “el otro no es un enemigo, es un demonio”. Así las cosas, se puede llegar a un acuerdo y negociar con el enemigo, pero no con el demonio, a éste hay que destruirlo y es por eso que al demonizar al enemigo, se justifica cualquier tipo de violencia y ese es uno de los mayores problemas en el conflicto palestino-israelí.
Finalmente, hay que hacer una invitación a entender que este no es un combate de víctimas, sino de civiles que son los que van a terminar pagando las grandes facturas. También a tener cuidado del papel de la historia en estos conflictos, que siempre puede llegarse a tergiversar y crear ideas erróneas de las verdaderas problemáticas. Y no quedarse únicamente con la noticia y la novedad, explorar los matices y ramas en este tipo de situaciones.

