Kamala Harris podría convertirse en la primera mujer afroamericana y la primera persona de origen sudasiático en ocupar la presidencia de Estados Unidos. Aunque su ascenso ha roto múltiples barreras, Harris se ha distanciado de centrar su campaña en su género o raza, en contraste con figuras como Hillary Clinton en 2016. En cambio, ha optado por prometer “un nuevo capítulo” en la política nacional.
A sus 60 años, Harris no es ajena a los “primeros”. Fue la primera fiscal de distrito negra en California, la primera mujer en ser fiscal general del Estado, y también la primera senadora india-estadounidense. Su elección como vicepresidenta por Joe Biden fue otro hito, aunque Harris misma prefiere verse simplemente como “una estadounidense”. En su biografía The Truths We Hold (La verdad que sostenemos), afirma que ha aprendido a abrazar su identidad de mujer de raza mixta, pese a los ataques de figuras como Donald Trump, quien cuestionó si su identidad afroamericana era suficiente. Lea aquí: Trump y Harris, más igualados que nunca: así resultó la última encuesta

Nacida en Oakland en 1964, Harris creció en una familia multicultural. Es hija de Shyamala Gopalan, una investigadora india contra el cáncer, y de Donald Harris, un economista jamaicano, quienes se divorciaron cuando ella tenía siete años. Su madre, quien falleció en 2009, fue una figura crucial en su vida.
En su adolescencia, cuando una amiga le confesó haber sufrido abuso, Harris no dudó en actuar y su madre acogió a la joven en casa, marcando el inicio de la vocación de Harris en la protección de víctimas. Este propósito la llevó a ocupar el cargo de fiscal de distrito en San Francisco (2004-2011) y luego el de fiscal general de California (2011-2017).
Su estilo se destacó en el Senado, donde llegó en 2016 y donde pronto fue conocido por sus incisivas preguntas, especialmente hacia miembros del gobierno de Trump y candidatos a la Corte Suprema como Brett Kavanaugh, acusado de abuso sexual.
Harris aspiró a la candidatura demócrata en 2020, aunque su mensaje no logró definir una propuesta sólida. Finalmente, Joe Biden resultó electo como candidato y la elegida como su compañera de fórmula.
Desde la Casa Blanca, Harris se ha enfrentado a retos complejos. Biden la designó para abordar las “causas raíces” de la migración en Centroamérica, un problema sin solución evidente en la política de EE.UU. Durante una visita a Guatemala, generó controversia al pedir a los migrantes que “no vengan” a Estados Unidos, provocando críticas por falta de empatía. Tras el revuelo, Harris adoptó un perfil bajo, volviendo a la escena pública en junio de 2022 para expresar su rechazo a la decisión del Supremo que anuló el derecho federal al aborto, apelando a la “libertad” de decisión de las mujeres.

En julio, tras el anuncio de Biden de que no buscaría la reelección, Harris lanzó su campaña presidencial. Inspirada por el concepto de libertad, promete defender el derecho de las mujeres sobre sus cuerpos y el acceso equitativo a oportunidades. Con la canción “Freedom” de Beyoncé como tema de campaña, Harris ha recorrido el país advirtiendo que Estados Unidos está en una encrucijada, y que los votantes deben elegir entre un “país de caos y odio” o uno de “libertad y esperanza”. Le puede interesar: Alerta por posible intervención rusa en las elecciones de Estados Unidos
Harris, quien en su juventud trabajó en un McDonald’s, también se ha posicionado como candidata de la clase media, abogando por la reducción del costo de vida y de los precios de los medicamentos. Su campaña incluye apoyos de figuras republicanas como la excongresista Liz Cheney, quien respalda su visión de un país unido.
Resta ver si el mensaje de Harris resonará lo suficiente entre los votados para abrir una nueva era en la historia de la nación.
