La historia de Matthew Pascoe, un joven británico que llegó a vomitar hasta 60 veces al día debido a una rara enfermedad, ha causado impresión en redes sociales y ha visibilizado los desafíos que enfrentan quienes padecen trastornos digestivos severos.
Su caso, marcado por años de dolor, pérdida de peso y tratamientos que no funcionaban, muestra la complejidad de la gastroparesia y los avances médicos que pueden cambiar la vida de un paciente.
Pascoe recibió su diagnóstico en 2018, en medio de síntomas cada vez más incapacitantes. A las náuseas constantes y episodios de deshidratación se sumaba su condición de diabetes tipo 1, lo que inicialmente llevó a que atribuyera su malestar a una infección común.
Sin embargo, tras ser internado en un hospital de Colchester, en Reino Unido, los médicos confirmaron la verdadera causa: gastroparesia, un trastorno poco frecuente en el que el estómago no vacía adecuadamente los alimentos hacia el intestino delgado, dificultando la digestión normal.
💥 La situación de Matthew Pascoe, de 33 años, evidencia la severidad de la gastroparesia, un trastorno que paraliza el estómago y lo llevó a vomitar hasta 60 veces al día.
— Las2orillas (@Las2Orillas) December 2, 2025
Tras años de desnutrición y hospitalizaciones, un neuroestimulador mejoró su estado, pero su batería está… pic.twitter.com/Zl8DBW7Rcj
Así fue como Matthew Pascoe volvió a comer sin vomitar
La enfermedad progresó con rapidez. En cuestión de meses, Pascoe perdió varios kilos y su estado de salud se deterioró al no responder a los tratamientos habituales ni a los ajustes nutricionales. El dolor abdominal, las náuseas crónicas y los vómitos constantes hacían imposible llevar una vida normal.
Ante la falta de opciones efectivas, su equipo médico le planteó una alternativa: la implantación de un neuroestimulador gástrico, un dispositivo diseñado para enviar impulsos eléctricos y estimular el movimiento del estómago. El procedimiento, costoso y no cubierto por completo, lo llevó a recaudar fondos para acceder a él.
Tras la cirugía, Pascoe experimentó una mejoría significativa. “Cuando el estimulador está funcionando, es mucho más manejable. Antes me encantaba la comida, y gracias al estimulador pude volver a sentir curiosidad por ella”, afirmó. Aunque todavía debe evitar ciertos alimentos, como las especias o la carne roja, logró recuperar peso, aumentar su energía y retomar actividades que antes eran imposibles.
En los próximos meses, el británico se someterá a la implantación de un nuevo dispositivo que promete mejorar aún más su calidad de vida, un avance que mantiene vivas sus expectativas de recuperación plena.

