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El Helicoide: del símbolo de progreso al cruel epicentro de la represión chavista

De ícono arquitectónico de los años 50 a centro de torturas denunciado por la ONU, El Helicoide marca una de las transformaciones más oscuras de la historia reciente de Venezuela, hoy en proceso de cierre tras la captura de Nicolás Maduro.

El Helicoide: del símbolo de progreso al cruel epicentro de la represión chavista

Donald Trump anunció el cierre definitivo de El Helicoide, al que llamó “cámara de tortura”, y reavivó el debate sobre la transición política en Venezuela.

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El Helicoide de la Roca Tarpeya, en Caracas, Venezuela, representa la transición más dramática de la arquitectura del país petrolero, cuya situación de orden público ha hecho eco en todo el planeta durante los últimos días.

Esta estructura pasó de ser un ostentoso símbolo de progreso y lujo en los años 50, a ser el epicentro de la represión política bajo el chavismo. (También te puede interesar: Video: Revelan las primeras imágenes de liberación de presos políticos en Venezuela)

Tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el cierre definitivo de este recinto, al que calificó como una “cámara de torturas en pleno centro de Caracas” y luego se dieron las primeras liberaciones de presos políticos recluidos en ese lugar.

El Helicoide es considerado un centro de tortura del gobierno de Nicolás Maduro y el chavismo.
El Helicoide es considerado un centro de tortura del gobierno de Nicolás Maduro y el chavismo.

El sueño arquitectónico: un lujo inconcluso

Según se reseña en varios artículos de prensa, esta estructura fue concebida durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1951-1958). El Helicoide fue diseñado con la forma de una pirámide tridireccional y con ramificaciones de más de dos millas de rampas internas pensadas para automóviles, convirtiéndose en un icono de la vanguardia arquitectónica de mediados del siglo XX. El propósito era que los vehículos circularan por rampas espirales hasta la puerta de los locales.

La infraestructura proyectada originalmente incluía 300 tiendas de lujo, un hotel, cines, un helipuerto y ascensores modernos fabricados en Viena. Con ello, la obra ocupó una superficie de 60,000 m² alrededor de una roca y requirió la elaboración de 12,000 planos. Sin embargo, tras la caída de la dictadura en 1958, el proyecto quedó paralizado y, luego, en los años 80 fue reutilizado para albergar la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin).

El edificio pasó así de ser un símbolo de modernidad a convertirse en prisión y sede de inteligencia, incluso antes de su uso como centro de detención política.

El descenso al horror: torturas y violaciones de Derechos Humanos

A pesar de los intentos del régimen por “humanizar” el lugar —llegando incluso a construir una cancha de baloncesto en la parte alta para desmentir los abusos—, los testimonios de las víctimas que han estado recluidas en este lugar han revelado una realidad atroz.

Informes de organismos internacionales como la ONU, la OEA y Amnistía Internacional han documentado torturas sistemáticas que incluyen descargas eléctricas en genitales, asfixia con bolsas plásticas y violencia sexual.

La Misión de Determinación de Hechos de la ONU ha encontrado “motivos razonables para creer” que en El Helicoide se han cometido crímenes contra la humanidad como parte de un patrón coordinado de represión, incluyendo torturas en sótanos y castigos extremos.

Algunas de las torturas registradas incluyen condiciones de higiene infrahumana y aislamiento extremo, mediante el uso de los llamados “sarcófagos” en celdas diminutas de menos de dos por dos metros sin acceso a luz solar.

También se documentan espacios específicos de castigo, donde los detenidos eran colgados por las manos durante períodos prolongados. Ex presos han reportado además hacinamiento severo, carencia casi total de agua potable y atención médica, y abusos físicos constantes.

Casos emblemáticos como el de Alfredo Díaz, exgobernador que murió tras la negación de atención médica, y el suicidio de Rodolfo González tras meses de tortura psicológica, ilustran la letalidad del recinto.

Además, organizaciones como Human Rights Watch han denunciado que muchos detenidos han estado incomunicados y sin acceso a abogados durante meses, lo que agrava aún más las violaciones de sus derechos fundamentales.

2026: el fin de un “símbolo del terror”

Con la captura de Nicolás Maduro, Donald Trump ha dejado claro que Estados Unidos mantendrá el control administrativo temporal de Venezuela para garantizar que los “símbolos del terror chavista” desaparezcan, impulsando el cierre del penal a través de la presidenta interina, Delcy Rodríguez. A pesar de los anuncios, la incertidumbre persiste.

Organizaciones de derechos humanos han advertido que, si bien se han registrado liberaciones de presos políticos desde comienzos de 2026, aún siguen detenidas cientos de personas por motivos políticos.

Según reportó la ONG Foro Penal, hasta este lunes 26 de enero se habían liberado a más de 260 presos políticos en Venezuela, desde que comenzaron las liberaciones el 8 de enero.

Familiares de los detenidos mantienen vigilias exigiendo pruebas de vida y la libertad plena, denunciando que las recientes liberaciones podrían ser cifras infladas por el chavismo usando presos comunes.

Mientras tanto, la comunidad internacional sigue presionando por la liberación total de los detenidos arbitrariamente y por medidas que aseguren el respeto a los derechos humanos en todo el sistema penal venezolano. (También te puede interesar: Delcy Rodríguez desafía a Donald Trump: “Basta de las órdenes de Washington”)

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