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¿Fin del libre comercio?: Donald Trump impone la “ley del más fuerte”

La crisis en Ormuz y la imposición de aranceles reflejan un cambio hacia un sistema basado en el poder, más que en la diplomacia.

¿Fin del libre comercio?: Donald Trump impone la “ley del más fuerte”

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. EFE/Bonnie Cash

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Por varias décadas, el mundo se alineó bajo estándares internacionales que apuntaban al libre comercio como base primordial del crecimiento y la estabilidad de las naciones. Tanto así que, a partir de esta idea, se estructuró lo que hoy se conoce como la Organización Mundial del Comercio, que estableció normas y reglas para facilitar el intercambio comercial entre países.

Esta dinámica, eficaz en muchos casos, ha comenzado a evidenciar transformaciones en los últimos años, especialmente desde la llegada del segundo mandato presidencial de Donald Trump en 2024. Estos cambios han generado preocupaciones e impactos globales tanto a nivel económico como político.

Las imposiciones de aranceles como método de presión o represalia ante críticas, así como la reciente disputa en el estrecho de Ormuz, que ha afectado el mercado del petróleo, gas y otros insumos, reflejan lo que podría definirse como una “geopolítica del poder” o del “más fuerte”. En este enfoque, las relaciones de Estados Unidos con otros países se basan más en su poderío económico, militar o político que en acuerdos o reglas previamente establecidas, con el objetivo de imponer su voluntad.

A diferencia del libre comercio, que se fundamenta en la cooperación y en acuerdos que promueven economías integradas bajo normas comunes, pese a que este modelo ha sido cuestionado por sectores políticos que consideran que la globalización genera desigualdades internas y debilita las soberanías nacionales.

El estrecho de Ormuz como herramienta de poder

Bajo este panorama, la administración de Donald Trump ha impulsado un cambio significativo mediante la imposición de aranceles a China, el rompimiento de compromisos asumidos por el expresidente Joe Biden y la presión sobre aliados como la OTAN. Esto ha llevado a una política exterior más unilateral, que prioriza el interés nacional inmediato sobre la estabilidad del sistema internacional.

Un ejemplo claro es la disputa en el estrecho de Ormuz, en el marco del conflicto con Irán. Este paso marítimo, por donde circula una parte significativa del petróleo mundial, se ha convertido en un punto de alta tensión, con amenazas de bloqueo, incidentes contra buques mercantes y sanciones económicas. Todo ello evidencia cómo el control de rutas estratégicas se utiliza como herramienta de poder, sin que necesariamente se consideren sus consecuencias globales.

En un mundo regido por normas multilaterales, conflictos como el de Ormuz serían gestionados principalmente mediante mecanismos diplomáticos. Sin embargo, lo que se observa es un aumento de la militarización y una lógica de disuasión basada en la fuerza. El comercio global, que depende de estas rutas seguras, queda así subordinado a las tensiones geopolíticas.

La “geopolítica del más fuerte”

Este escenario se alinea con la idea de una “geopolítica del más fuerte”, en la que los países con mayor capacidad militar o económica imponen sus condiciones. La rivalidad entre potencias como Estados Unidos, China y Rusia, junto con las tensiones en Medio Oriente, refuerza esta tendencia, volviendo el equilibrio global más inestable y competitivo.

La incertidumbre en el suministro energético, derivada de estas tensiones, puede afectar los precios a nivel mundial y generar impactos económicos significativos, especialmente en los países importadores. En este contexto, regiones como América Latina enfrentan un entorno internacional más volátil, donde las normas son menos claras y los riesgos mayores.

Este cambio no implica necesariamente el fin del libre comercio, sino su transformación. La crisis del estrecho de Ormuz demuestra que la interdependencia global sigue existiendo, aunque atravesada por disputas de poder más explícitas. Así, en lugar de desaparecer, el comercio internacional se reconfigura en un contexto más conflictivo.

El mundo atraviesa actualmente, en gran medida impulsado por las decisiones de la administración de Donald Trump, un orden internacional más incierto en materia económica y política. Le podría interesar: Donald Trump anuncia que Estados Unidos tomará el control en el estrecho de Ormuz

La crisis de Ormuz no es un hecho aislado, sino un síntoma de un cambio más amplio: el paso de un sistema basado en reglas a uno donde las relaciones de poder vuelven a ocupar un lugar central. La gran incógnita es si la comunidad internacional logrará reconstruir mecanismos de cooperación o si el futuro estará dominado por una competencia cada vez más intensa entre las grandes potencias.

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