La crisis migratoria desencadenada tras la entrada de cerca de 50.000 personas desde Marruecos hacia Ceuta, la ciudad española situada en el norte de África, volvió a poner bajo la mirada internacional la peligrosa ruta que miles de migrantes recorrieron para intentar cruzar la frontera entre ambos territorios.
Aunque este viernes el Ministerio del Interior de España confirmó que más de 48.300 de las cerca de 50.000 personas que cruzaron ya han regresado a Marruecos, la magnitud y los riesgos del recorrido que afrontaron para llegar a Ceuta siguen siendo poco conocidos. Muchos emprendieron la travesía por mar, una ruta que dejó víctimas y numerosas familias afectadas.
Lo más reciente de este suceso es la escena del espigón de la playa del Tarajal, atiborrada de miles de jóvenes desesperados en un paso de deficiente control para las autoridades y que ha permitido la entrada a Europa de muchos migrantes.
El impacto de las redes sociales
Este cruce masivo estuvo impulsado por el conocido “movimiento harraga”, que viene del árabe “magrebí”, que traduce “los que queman”, una frase que historiadores ubican, nació en los 90 para identificar a aquellos que eliminan sus documentos para estar exentos de repatriación, como una forma de “quemar” lo que fueron y proyectarse en búsqueda de un futuro.
Un concepto que fue desenterrado y multiplicado a través de las redes sociales como Instagram y TikTok en perfiles digitales que han sido cerrados o bloqueados por las autoridades, en donde se hacen virales testimonios y recomendaciones de quienes logran pasar con éxito hacía España señalando consejos como “Quienes van a emigrar así deben saber que no hay que llevar mochila. Todo lo dejas atrás”.

¿Qué ruta toman quienes se atreven a cruzar?
Según explican las autoridades, este cruce desde Marruecos a España, por la ciudad de Ceuta inicia en las playas marroquíes de Castillejos, exactamente en un punto conocido como Pedralina, en donde están ubicadas unas vallas del paseo marítimo que sirven para eludir a la autoridad marítima del país.
Es allí donde haciendo uso de la oscuridad de la noche y a veces la niebla que afectan la visibilidad de las autoridades marítimas, los migrantes se lanzan al mar y empiezan a nadar entre 3 o 5 kilómetros hasta las costas de Ceuta.
¿Qué llevan las personas que nadan hasta la Ceuta?
Algunos de ellos cruzan sin nada, otros utilizan trajes de neopreno muy artesanales con aletas o haciendo uso de flotadores de playa y botellas de plástico como instrumentos de salvavidas. Le podría interesar: Ceuta comienza a vaciarse: más de 37.500 migrantes ya han regresado a Marruecos
Uno de los mayores riesgos es la engañosa cercanía entre ambas Naciones, pues las fuertes corrientes marítimas generadas por el choque entre el mar Mediterráneo y el océano Atlántico, pueden arrastrar a los nadadores a mar abierto en minutos, al tiempo en que las fría temperatura los expone a una fuerte hipotermia incluso en épocas en las que hace calor. Debido a que el agua fría genera agotamiento y calambres severos en medio del trayecto que han generado la muerte de cientos de personas.
Los que logran rodear el espigón fronterizo, el cual cuenta con una altura de 6 metros, y llegan hasta la playa del Tarajal, se desploman de cansancio por varios minutos con cuadros de congelación, golpes, cortes por las rocas y con suma desorientación. Una corta pausa para seguir un nuevo reto eludiendo a las autoridades españolas.

