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El voto evangélico gana terreno en la política de Latinoamérica, ¿por qué?

En Colombia, Abelardo de la Espriella construyó en campaña una red de apoyo con iglesias y posteriormente incorporó a pastores en cargos de Gobierno.

El voto evangélico gana terreno en la política de Latinoamérica, ¿por qué?

Fotografía cedida por la Presidencia de Colombia del mandatario, Abelardo de la Espriella, junto a su esposa, Ana Lucía Pineda, durante una velatón por las víctimas afectadas por el terremoto. //EFE - Isaac Bechara.

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Con el paso de los años y los distintos procesos políticos de la región, el crecimiento de la comunidad evangélica ha dejado de ser un fenómeno emergente para convertirse en una fuerza política con capacidad de movilizar votos y ganar espacio en los gobiernos latinoamericanos. Colombia, Argentina y Brasil son algunos ejemplos visibles de este avance, aunque con diferencias que muestran un fenómeno diverso y en expansión.

Desde Colombia y Argentina, el avance de este grupo poblacional se ha traducido en candidaturas, alianzas con Administraciones de turno, bancadas parlamentaria y presión social ante temas de coyuntura como el aborto, la educación, la familia, mientras se perfilan las elecciones presidenciales brasileñas de este domingo en el que el segmento religioso de los evangélicos jugará, según expertos y medios locales, un papel fundamental.

Crecimiento demográfico vs. influencia política

Las elecciones presidenciales de Brasil son el escenario más reciente, pues la comunidad evangélica pasó de representar en los 2000 el 15 % de la población en este país, al 27 % en 2022. Otra estimación registrada por la firma ‘Mar Asset Management’ sitúa su representación en el 35 % de los votantes activos para los comicios en primera vuelta de este 4 de octubre de 2026.

Su peso electoral se refleja en el 62 % de intención de voto hacía el exsenador y candidato de derecha, Flávio Bolsonaro, de este grupo poblacional, frente al 29 % del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, según el último sondeo de la firma ‘Datafolha’.

En el Congreso, 210 diputados, el 40 % de la Cámara Baja, forman parte de la bancada evangélica, que defiende posiciones sociales conservadoras, entre ellas la oposición al aborto.

Otros escenarios internacional

En otros países latinoamericanos como en Costa Rica, el peso político de la población evangélica obtuvo sus máxima representación en el año 2018, cuando el predicador y dirigente Fabricio Alvarado ganó la primera vuelta presidencial y su entonces Partido Restauración Nacional obtuvo 14 de los 57 escaños del Congreso. Tras su división, Alvarado fundó Nueva República, que consiguió siete diputados en 2022 y se convirtió en aliado del Gobierno de Rodrigo Chaves.

Con respecto a las elecciones de este 2026, esa fuerza política no obtuvo representación en el Congreso y el voto evangélico se dirigió en su mayoría a la candidata del Gobierno, Laura Fernández. Según una encuesta realizada por la Universidad Nacional de 2025, los evangélicos representan el 30,8 % de la población frente al 49,8 % de los que se identificó como católico.

En Honduras la iglesia evangélica ha tenido un crecimiento significativo en los últimos 50 años y podría estar superando el 40 % de los diez millones de habitantes que tiene el país, según diversas fuentes. Aunque algunos líderes de las iglesias evangélicas manejan con reserva el tema político, gradualmente han venido influenciando en la vida política.

En El Salvador los evangélicos representan cerca del 36 %, frente al 43 % de católicos, mientras que en Perú se sitúan entre el 11 % y el 14 %. Le podría interesar: Donald Trump dice que sigue “muy de cerca” las elecciones presidenciales de Brasil

No existe un voto evangélico único

El crecimiento demográfico no se traduce automáticamente en un comportamiento electoral común. La investigadora brasileña Magali Cunha señaló que los creyentes no votan únicamente por razones religiosas.

El director ejecutivo de ‘Transparencia Electoral’, Leandro Querido, analizó el fenómeno desde otra perspectiva y señaló que en los barrios populares y asentamientos periféricos de la región evangélica pueden ofrecer una comunidad centrada en la familia y el trabajo como vía para salir de situaciones de vulnerabilidad. “En un contexto de exclusión social se aferran a una comunidad religiosa que hace eje en la familia y el trabajo para buscar una salida de superación”, indicó.

A su juicio, ese contexto puede influir en las preferencias políticas. “Es razonable que voten o apoyen a opciones políticas de centro, centro derecha o derecha” porque, según sostiene, priorizan “orden, seguridad, tradición familiar” y condiciones de estabilidad económica.

Argentina inició hace algunos años una reconfiguración de su mapa religioso, marcada por el retroceso de la histórica hegemonía católica y el crecimiento de los evangélicos, que representan el 17,4 % de la población, unas 8 millones de personas, según un informe de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Dos senadores y siete diputados profesan esta religión, la mayoría de La Libertad Avanza, pero no existe una coordinación formal entre las iglesias y el Gobierno de Javier Milei.

En Perú, la influencia ha adquirido una expresión parlamentaria a través de pastores convertidos en congresistas, especialmente en Renovación Popular, que han impulsado iniciativas contra el enfoque de género en la educación.

Como una corriente religiosa aparte está la Asociación Evangélica de la Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal (Aeminpu), conocida como los israelitas. Esta comunidad cuenta con su propio partido político, el Frente Popular Agrícola del Perú (Frepap), que alcanzó su mejor resultado en las legislativas de 2020, cuando obtuvo el 8,38 % de los votos válidos y 15 de los 130 escaños del Congreso.

En El Salvador, la relación con el poder también muestra posiciones diferentes. El pastor Edgar López Bertrand Jr. ha expresado su apoyo al presidente Nayib Bukele, mientras Mario Vega, líder de Misión Cristiana Elim, cuestionó al Gobierno y llegó a hablar de “dictadura” tras la irrupción militar en la Asamblea Legislativa en 2021.

De las iglesias a los Gobiernos

En Colombia, el presidente Abelardo de la Espriella construyó durante la campaña una red de apoyo con megaiglesias protestantes y plataformas como ‘Colombia Ora’ y posteriormente incorporó a pastores y otros referentes religiosos a su entorno. Su Gobierno le apuesta a la restricción del aborto entre sus objetivos de la llamada “batalla cultural”.

En Chile, donde los evangélicos representan el 16,3 % de la población, unos 2,4 millones de personas, hay al menos ocho parlamentarios evangélicos o protestantes y la ministra de la Mujer, Judith Marín, profesa esta fe. El Gobierno de José Antonio Kast habilitó además una capilla evangélica permanente en el Palacio de La Moneda.

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