Las manifestaciones estudiantiles en Francia, con epicentro en París y otras grandes ciudades, han movilizado a decenas de miles de ciudadanos que reclaman una mejor educación y rechazan los recortes en el sector público, en un momento en que el Gobierno de Emmanuel Macron enfrenta presión ante la desconfianza de los mercados.
Las protestas de alumnos de secundaria, que empezó el 17 de septiembre en un liceo de las afueras de París y se extendió después a toda Francia para pedir una mejora de las condiciones en los centros y en la organización de los estudios, contó hoy con el respaldo de varios sindicatos y de partidos de izquierda.
La protesta sucede también en plena polémica por las denuncias recíprocas de violencia entre policías y menores y que tuvo uno de sus puntos álgidos ayer, cuando un adolescente de 15 años perdió una mano, en circunstancias aún bajo investigación, durante unos enfrentamientos a las puertas de un liceo de Lens.
La marcha parisina ha contado con un dispositivo especial de seguridad, con miles de policías en las calles, y con el cierre de diez estaciones de metro anexas al recorrido de la manifestación (entre la plaza de la República y la de la Nación).
Caos en Francia por las manifestaciones
Desde mediados de septiembre hasta hoy, se han registrado durante las revueltas más de 600 policías y más de 200 estudiantes heridos, así como más de 5.000 arrestos en todo el país, además de destrozos en los centros educativos y en mobiliario urbano ya evaluados en varias decenas de millones de euros.
Esto ha llevado al Gobierno a acelerar la tramitación de una ley para obligar a los padres de los menores a pagar los actos vandálicos de sus hijos. Al mismo tiempo, al menos el 10 % de los institutos han visto su funcionamiento perturbado por los piquetes y bloqueos.
El malestar de los estudiantes ha convergido con el de otros colectivos, como el de los funcionarios públicos o los agricultores, descontentos con el encarecimiento de productos de primera necesidad como la energía y el estancamiento salarial.
Cifras aumentan la indignación
El plan presupuestario para 2027 del Gobierno de Sébastien Lecornu no ha hecho más que aumentar la indignación de muchos sectores, que estiman que ese borrador incluye recortes en el sector público que el propio Ejecutivo justifica debido a la elevada deuda del país (casi el 120 % del PIB) y la presión que los bonos franceses sufren en los mercados (a diez años ofrecieron durante la mañana un interés del 4,745 %, a 127 puntos básicos de la deuda alemana).
La desconfianza que genera Francia, la segunda economía de la zona euro, contribuyó a que la moneda única alcanzase el lunes mínimos respecto al dólar desde mayo de 2025. Le podría interesar: La crisis de vivienda toma las calles de España ante posibles elecciones anticipadas
Protestas con miras a las presidenciales de 2027
A solo siete meses de la primera vuelta de las presidenciales, en las que la derechista Marine Le Pen es la clara favorita a suceder a Emmanuel Macron en el Elíseo, los partidos de izquierda han buscado asociarse a las movilizaciones estudiantiles. El más criticado por ello ha sido La Francia Insumisa (LFI), del candidato Jean-Luc Mélenchon.
El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, acusó a LFI de “atizar la violencia” en las manifestaciones estudiantiles que recorren el país “con fines electoralistas”.
En la sesión de control al Gobierno en la Asamblea Nacional, Lecornu reprochó al principal movimiento de izquierda en Francia “ser ambiguos” en la condena a los numerosos actos violentos que se han registrado en las protestas estudiantiles.
Por su parte, el propio Mélenchon aprovechó su presencia en la protesta de París para felicitar a los estudiantes, a los que pidió “prudencia”.
“Es una cosa increíble lo que estáis haciendo, no os dais cuenta. Es el movimiento de juventud más poderoso que se haya visto en Francia en 50 años. Y nadie se atreve a deciros que estáis equivocados, porque tenéis toda la razón”, manifestó Mélenchon, al saludar a un grupo de jóvenes.

