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A solas: un viaje de libertad para Silvana Puello Visbal

La ex gestora social de Barranquilla era una de esas personas que no disfrutan estar solas. Un viaje de seis meses la hizo cambiar de perspectiva.

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MÓNICA MEZA ALTAMAR
23 JUN 2023 - 05:07 PM

Silvana durante su visita al templo Angkor Wat en Camboya, país del Sudeste Asiático. //FOTOS: CORTESÍA

Jamás, ni en la mente, ni en los planes de Silvana Puello Visbal, estuvo viajar sola. Mucho menos, hacerlo por más de seis meses. De hecho, ni siquiera sabía lo que era estar sola hasta que, tras compartir más de una década de su vida junto al alcalde de Barranquilla, Jaime Pumarejo Heins, se divorció.

Emprender caminos distintos fue la decisión que anunciaron en sus redes sociales el 23 de diciembre de 2021, indicando que ella continuaría con su labor como gestora social. Sin embargo, sintiendo que su ciclo en la Alcaldía, “más no con las misiones”, había terminado, agradeció a los barranquilleros la afectuosa acogida y renunció el 17 de julio de 2022.

Irse de vacaciones con su hermana menor era su plan. Sin embargo, esta no pudo acompañarla y “muerta de miedo” empezó a buscar comentarios de personas que ya hubieran viajado solas al destino que escogió: Asia. “Es súper seguro, no te va a dar miedo”. “La gente es muy amable”. “Hazlo. No te dé miedo”. “No lo pienses”, le decía a Silvia una mujer cartagenera al otro lado del teléfono. “Hablé con ella, colgué y dije me voy”, recordó. Lea: Rodri y Eze, los influencers que enseñan a convertir los viajes en un estilo de vida

Viajó el pasado 30 de agosto de Barranquilla a Estados Unidos, donde visitó familiares. Luego, continuaron sus vacaciones en solitario por el sudeste asiático en este orden: Singapur, Bali, Vietnam y Camboya.

Hasta ahí tenía tiquetes y hoteles organizados para mes y medio. Pero, cuando llegué a Vietnam empecé a extenderme de a poquito”.

Silvana Puello Visbal.

“Me iban hablando de lugares hermosos y me quedaba dos o tres días más para aprovechar la cercanía y conocerlos --contó--. Dije, no compro un tiquete más porque no vale la pena, me estoy gastando la plata es cambiando tiquetes y hoteles. Cuando llegué a Siem Reap, la ciudad de los templos en Camboya, donde se acababa mi plan inicial, pensé: ¿cómo es posible que estoy al lado de Tailandia y no voy a ir?”.

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El inconveniente era que no tenía visa para ingresar a Tailandia. “Entonces, investigué y me di cuenta que era posible sacarla en Nom Pen, capital de Camboya, y me dirigí hacia allá”, anotó. En esta ciudad su experiencia no fue grata. “Me pareció la más horrible de Asia. No me sentí en peligro, pero tampoco tan segura. Además, sufrí trabas el día que llegué a la Embajada, pero logré dejar los papeles. Me habían recomendado unas islas al sur de Camboya y, como no podía viajar en avión porque no tenía pasaporte, me fui en una van hasta el sur y cogí una lancha hasta esas islas. Allá me quedé tres o cuatro días esperando la visa de Tailandia. Apenas me llegó, arranqué”.

Estando en Tailandia se le dio la oportunidad de ir a Bután. “¡Espectacular! Después regresé a Tailandia, que fue donde más tiempo me quedé, como mes y medio. Y al final del viaje pude ir a Filipinas, que inicialmente lo había descartado porque estaba en temporada de lluvias, pero como extendí tanto el viaje pude visitarlo”, concluyó sobre su itinerario.

¿Qué se siente?

Orgullosa de sí misma se sintió Silvana al llegar al otro lado del mundo sola, sin embargo, los primeros días le resultó inevitable quedarse viendo a otras personas que viajaban acompañadas. “Eran como un recordatorio de que yo estaba sola”, expresó.

Sobre esa sensación conversó con dos mujeres que conoció iniciando su recorrido.

“Han viajado mucho solas por el mundo y les pregunté por qué les gustaba tanto. ¿No sienten que les hace falta alguien con quien compartir? Una de ellas me dijo que le pasó lo mismo las primeras veces hasta que un día se preguntó por qué no lo podía disfrutar consigo misma. Hice clic con su respuesta y el viaje me cambió”, resaltó la cartagenera.

Y recordó: “Cuando me monté en una moto tuve una sensación indescriptible de libertad. Iba sola, manejando, decidiendo a dónde iba y si me detenía a tomar fotos, disfrutando de los escenarios. Si veía a unos niños jugando fútbol o a una señora lavando ropa, frenaba, me acercaba, con señas, si era necesario, les preguntaba si no les importaba que le tomara fotos y a veces me invitaban a que entrara a sus casas, terminaba siendo también una experiencia cultural”.

Y fluyó en emociones y vivencias: “Aprendí a disfrutar de estar sola, tanto que hoy en día quisiera tener la oportunidad de hacer un viaje sola todos los años, no así de largo, pero sí tener un espacio para mí, para disfrutar conmigo. Viajar sola aporta a tu crecimiento personal, te obliga a salir de tu zona de confort, te da la oportunidad de conocer personas que han viajado muchísimo y te alimentan el alma y la mente con perspectivas diferentes, no solamente de sus países de origen, sino de lo que han vivido en otros lugares, entonces uno suelta. Viajar sola me sirvió, en especial, para eso, soltar y sentirme libre”.

“Soy de disfrutar mucho la naturaleza, entonces despertaba y pensaba, tengo ganas de ir a caminar por una cascada, pese a que la noche anterior me había acostado convencida de que al día siguiente iría a un museo y ¡era genial! Estaba en libertad absoluta. Por supuesto, viajar acompañado también es bonito, cada experiencia distinta”.

A pesar de que en Asia Silvana se sintió muy segura, reconoce que hubo momentos en los que experimentó cierta vulnerabilidad. “Cuando empecé a salirme del itinerario que tenía, empecé a encontrarme con retos. Dejaron de ser unas vacaciones para ser una experiencia de vida, de crecimiento personal. Creo que todas las mujeres deberíamos darnos la oportunidad de hacer un viaje a solas”.

La ex gestora social de Barranquilla regresó al país el 8 de marzo dispuesta a continuar con su propósito de vida: trabajar en proyectos que generen oportunidades e impacto social. Sobre cómo planea hacerlo, aseguró que “soy creyente de que la vida te va poniendo lo que necesitas en el momento en que lo necesitas. Siento que hay mucho por hacer. Estoy abierta a lo que la vida me vaya poniendo”.

Silvana durante su visita al Templo Madre de Besakih, en Bali (Indonesia).

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