El Vaticano defendió que el papa siempre defiende la paz en Ucrania en todas sus intervenciones públicas, según argumenta en un comunicado con el que sale al paso de las críticas contra el pontífice.
“En el contexto de la guerra de Ucrania, son numerosas las intervenciones del Santo Padre Francisco y sus colaboradores al respecto. Tienen como finalidad principal invitar a los pastores y fieles a la oración, ya todas las personas de buena voluntad a la solidaridad y al esfuerzo de reconstrucción de la paz. En más de una ocasión, así como en los últimos días, se han suscitado debates públicos sobre la trascendencia política que debe atribuirse a tales intervenciones”, dijo el Vaticano en un comunicado.
“Al respecto, se reitera que las palabras del Santo Padre sobre esta dramática cuestión deben ser leídas como una voz que se levanta en defensa de la vida humana y los valores a ella conectados, y no como posturas políticas. En cuanto a la guerra a gran escala en Ucrania, iniciada por la Federación Rusa, las intervenciones del Santo Padre Francisco son claras e inequívocas al condenarla como moralmente injusta, inaceptable, bárbara, sin sentido, repugnante y sacrílega”, señaló.
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El papa condenó el pasado miércoles el asesinato con coche bomba de la “pobre chica”, Daria Dugina, hija del ideólogo del presidente ruso Vladimir Putin, Alexander Dugin, y dijo que era otra “víctima inocente” de la guerra en Ucrania.
Estas palabras desataron una polémica al ser consideradas como una falta de condena expresa a Rusia por haber invadido Ucrania hace seis meses.
El embajador de Ucrania ante la Santa Sede, Andrii Yurash, criticó las palabras del papa sobre los inocentes que están pagando la guerra en Ucrania. Además, la polémica también precedió el Vía Crucis que organizó el Vaticano en el Coliseo de Roma en el que dos enfermeras (una rusa y otra ucraniana que trabajan juntas) llevaron la cruz.
Este gesto no gustó al embajador de Ucrania ante la Santa Sede ni a algunas autoridades religiosas de ese país, ya que no lo consideraban oportuno, dada la diferencia entre agresor y víctimas. Finalmente, el Vaticano acabó cambiando la lectura de las meditaciones por el silencio.