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JOSÉ VILLAMIL QUIROZ
12 OCT 2023 - 11:13 PM

La elección popular de alcaldes ha tenido un resultado inane en la ciudad de Cartagena. Cumplidos treinta y cinco años de la instauración práctica de esa categoría electoral en el territorio colombiano, el corolario en la capital de Bolívar es deprimente. El análisis de ese evento como fenómeno científico en la ciudad muestra sus antecedentes en un estudio desarrollado por la Universidad de los Andes en la primera década, en relación con el ejercicio de mandatarios locales elegidos directamente por los ciudadanos. En esa investigación, denominada “Los caminos de la descentralización”, se concluía la existencia de municipios exitosos, neutros y nulos. Precisamente, esta entidad territorial calificaba con la categorización más baja atribuible a municipios donde el cambio de la designación de parte de gobernadores hacia la elección por sufragio directo de los ciudadanos poco o nada le había servido y antes lo que había hecho era exacerbar la corrupción administrativa. Esto constituía un campanazo de alerta, el cual fue echado en saco roto por los actores estratégicos de la ciudad y constituiría el devenir característico más importante del siglo XXI en el precario ejercicio gubernamental.

Esa primaria aproximación permitiría establecer nuevos planteamientos investigativos en relación con la manera como los ciudadanos de Cartagena eligieron a sus alcaldes y demás agentes políticos en la democracia representativa local. La principal derivación en relación con dichos interrogantes tiene que ver con un peligroso círculo clientelismo-populismo, en el cual se ha enmarcado el comportamiento político de los cartageneros en torno a la elección de sus dignatarios públicos. En ambos casos ha constituido un cheque en blanco girado por los ciudadanos, en el cual esa misma ciudadanía ha estado expuesta inmisericordemente a la manipulación de parte de aquellos a los que le ha atribuido su representación, implicando una democracia delegativa que, aunque aparenta tener las mismas formalidades de una democracia, es institucionalmente muy quebrantable planteando graves problemas de estabilidad y por ende de gobernabilidad.

En esa proyección, la elección popular en Cartagena adquiere un carácter cíclico con periodos alternados de clientelismo y populismo. En primera instancia, eligieron mandatarios de arquetipo clientelar. En segunda instancia, los ciudadanos hastiados de ese desmedido ejercicio clientelar eligieron agentes populistas producto de la crisis de representación generada por ese ejercicio clientelar desmedido. En tercera instancia, retornaron a la opción de elegir nuevamente agentes clientelares. En cada momento relacionado se generan camarillas de agentes estratégicos para sacar rendimientos mutuos, socavando la posibilidad de regeneración de la gobernabilidad de la sociedad.

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