Colombia ha vivido muchos momentos difíciles, pero sigue siendo una nación de realismo mágico, privilegiada por su belleza geográfica y diversidad de ecosistemas, por eso no podemos permitir, que unos pocos con intereses mezquinos nos arrebaten nuestra tranquilidad, generando temor a residentes y visitantes.
En su libro “¡Cómo salir del pozo!”, el reconocido escritor Andrés Oppenheimer dice: “En todo el mundo, lo que la gente quiere es ser más feliz” y Colombia es hoy uno de los países menos felices, experimentando una reducción significativa en su posición dentro del reporte mundial de la felicidad, según encuesta de Gallup para Naciones Unidas, que mide cómo ha evolucionado la felicidad en los últimos años, en 156 países. Colombia ocupa el puesto 72, cuando años atrás estábamos en el 44. Hoy enfrentamos una gran polarización entre los colombianos, lo que trae secuelas negativas que debilitan la democracia, los oponentes políticos se ven como enemigos que se deben vencer como sea.
Colombia recorre un camino tormentoso, con protestas sociales, algunas veces desbordadas con violencia, inestabilidad económica, inseguridad, narcotráfico, lo que genera desconfianza, intranquilidad y pérdida de la esperanza de lograr un país en paz. La consultora mundial de comunicaciones, Edelma, presenta anualmente en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, su informe que mide la confianza de los países, señalando que en Colombia es donde más se deteriora el optimismo frente a la economía, trepándose al escalafón de los países más polarizados del mundo.
En un artículo que leí recientemente, titulado “La hijuemadre peleadera”, el autor reflexionaba entre el alegre bullicio de la Feria del Libro realizada en Bogotá y veía en el tumulto, gente de diversas edades, pensionados, trabajadores, estudiantes, artistas, escritores, médicos, políticos, en fin, el pueblo unido, sin empujarse, sin odiarse, escogiendo obras, leyendo y compartiendo, como si fuese un país distinto y en paz.
Por desgracia, afuera de la feria, estaba la nación de hoy, la insegura, que más allá de la plaza de Bolívar, es de todos, que pide a gritos la presencia del Estado, que enfrenta una violencia desbordada, alta migración, pobreza, campo sin mano de obra, narcotráfico a todo vapor, imperando la ley del billete. Aunque muchos hayan perdido la esperanza, se necesita que la unión de la Feria del Libro sea en todo el país y que nuestro presidente, que simboliza la unidad nacional, según nuestra Constitución, esté dispuesto al diálogo y la concertación, que de ninguna manera son sinónimos de debilidad, y escriba una página de unidad, la que más de media Colombia con derecho exige.
No seamos observadores pasivos del transcurrir de la vida de nuestra patria, seamos verdaderos actores, recordemos que cada día de nuestro tiempo vale más, porque cada vez nos queda menos.
