Opinión

Capacidades digitales para la competitividad del país

Colombia necesita una política pública de desarrollo de capacidades digitales de largo plazo, articulada con la educación superior, el sector productivo y las necesidades de cada territorio.

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La discusión sobre los programas intensivos de desarrollo de talento digital no debería centrarse en si sustituyen a la universidad. No lo hacen, ni están llamados a hacerlo. La verdadera pregunta es si Colombia está dispuesta a construir un sistema de desarrollo de capacidades capaz de responder a la magnitud de desafíos sociales y productivos.

El Foro Económico Mundial advierte que cerca del 40% de las habilidades laborales cambiarán antes de 2030 y que la escasez de talento es una de las principales barreras para la transformación de las organizaciones.

En este contexto, el país necesita más ingenieros, científicos de datos, productores de contenido, investigadores y profesionales de alto nivel que lideren la innovación, desarrollen tecnologías y fortalezcan nuestras capacidades científicas; pero también necesita ampliar y diversificar las rutas de formación para que más personas adquieran competencias inmediatas en programación, análisis de datos, ciberseguridad, producción audiovisual, desarrollo de videojuegos y marketing digital, en medio de una economía cada vez más basada en el conocimiento.

Ambas necesidades son complementarias. La OCDE ha mostrado que las economías más competitivas han construido ecosistemas de capacidades donde conviven educación superior, programas intensivos de formación digital y educación permanente. Alemania, con su sistema dual, y Singapur, mediante su estrategia SkillsFuture, entendieron que la transformación digital requiere tanto talento altamente especializado como mecanismos ágiles para responder con rapidez a las necesidades del mercado.

Colombia ha recorrido parte de este camino. Programas como Talento Digital, Misión TIC y Talento Tech demostraron que es posible acelerar la formación en capacidades digitales, generando nuevas oportunidades de empleo y emprendimiento, y constituyendo antecedentes valiosos de una estrategia nacional que debe consolidarse y escalarse.

Su potencial es aún mayor en las zonas rurales y en los territorios históricamente excluidos. Se ha avanzado en conectividad, pero esta por sí sola no transforma una región. La verdadera inclusión digital ocurre cuando las personas desarrollan capacidades para utilizar la tecnología, generar ingresos, crear empresas y participar en la economía del conocimiento y la economía creativa.

Colombia necesita una política pública de desarrollo de capacidades digitales de largo plazo, articulada con la educación superior, el sector productivo y las necesidades de cada territorio; pero también requiere acciones inmediatas: más becas y créditos flexibles para estudiar carreras relacionadas con las tecnologías digitales y creativas, incentivos para la formación avanzada y el fortalecimiento de programas ágiles que permitan ampliar el acceso al talento digital. No se trata únicamente de capacitar gente; se trata de formar ciudadanos con oportunidades.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Decano de la Escuela de Transformación Digital, UTB.

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