Columna


1897: Llega el cine a Cartagena

RICARDO CHICA GELIZ

27 de noviembre de 2023 12:00 AM

Las primeras películas fueron presentadas por Salvador Negra y Pagés en el Teatro Mainero, a saber: ‘Los exámenes de dibujo y el alumno insolente’, ‘El derrumbe de una pared’, ‘Los vaporcitos de pasajeros en el Sena’, ‘La salida de los obreros de los talleres Lumiére’, ‘Los lazadores de toros de México’ y ‘El sombrero cómico’.

Busque usted la Calle del Coliseo en el Centro Histórico. Allí, en el año 1775 apareció el primer ‘Teatro de Comedias’ del Virreinato de la Nueva Granada. El hospital de leprosos quedaba en el Pie del Cerro y para mantenerlo su administrador decidió obtener recursos mediante la venta de boletas, para ver obras de teatro. Pasó algo más de un siglo y en agosto de 1897, Ernesto Vieco Morote presentó el vitascopio de Thomas A. Edison; después, Salvador Negra y Pagés presentó el cinematógrafo de los hermanos Lumiére en diciembre de ese año. Ambos inventos fueron presentados como curiosidad técnica, al igual que las películas.

Después, el cine hizo ‘teatro filmado’, es decir, la cámara era un espectador más frente al trabajo actoral y por eso formaba parte de un espectáculo que incluía magia, canto, baile, zarzuela, ópera, números de circo y teatro. En la medida en que el cine adquirió independencia como negocio y como arte, aparecieron salas de proyección de películas. La primera de ellas, el Teatro Variedades en 1905.

La llegada del cine no se entiende sin el negocio del teatro que, desde el siglo XIX, tenía sólida presencia en las ciudades medianamente importantes del Caribe franco e hispanoparlante. Había compañías de teatro propias, numerosas compañías ambulantes, grupos aficionados y escenarios improvisados. La euforia teatral caribeña comenzó con el boom del teatro musical europeo del siglo XVIII tardío y concluyó en Cuba y Puerto Rico a finales del siglo XIX. Tenemos muchos ejemplos locales, como el de José Manuel Royo, rector de la Universidad de Cartagena y prolífico dramaturgo, cuyas obras fueron representadas por compañías españolas de teatro.

De acuerdo con la arquitecta María Del Pilar Chaves Mantilla, el viejo teatro de comedias pasa de mano en mano, así: “Desde 1775 a 1846 no se conoce jurídicamente a quién perteneció. Durante ese período es de suponer que en sus inicios perteneció a los lazaretos, pero que por alguna razón llegó a manos de la ciudad, pues en 1846 el abogado José Pablo Rodríguez De La Torre adquirió el teatro por remate público y, posteriormente, en 1849, fue vendido a José María Amador, quien lo vendió en 1851 al señor Manuel González Brieva, para entonces vecino del teatro, quien lo conservó hasta 1872, cuando fue comprado por la señora Leonor Bossio, esposa del señor Juan B. Mainero” (2019: 37)

Además de teatro, había billar y cafetería, y al lado nace Rafael Núñez en 1825. No me lo imagino jugando billar.

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